Corrían los años 80 cuando la industria relojera en Suiza caía en picado en una crisis sin precedentes, aparecían los relojes digitales y firmas como Seiko y Casio se hacían con el mercado. Entonces apareció él, Nicolas Hayek, el gurú suizo de los negocios. Hayek fue capaz de convencer a los bancos suizos de que la crisis no se solucionaba con bajar los elevados sueldos de la industria, sino con atajar la mala administración y ofrecer ideas nuevas y arriesgadas... y, curiosamente, triunfó. En 1983 nacía Swatch, un reloj distinto, al que le habían dotado de alma. Cada ejemplar era diferente y Hayek, ese líder visionario, creó la necesidad de tener uno para cada ocasión. Lo convirtió en un objeto pop coleccionable... y de plástico, algo que en los 80 gustaba un montón.

Hombreras, Levi’s 501 pesqueros, náuticos y un Swatch a juego con el ribete del Lacoste: ¡no se podía pedir más en el Vips de Velázquez! La Era Swatch había llegado a España y la vivíamos con rabiosa alegría. La primera colección, presentada el 1 de marzo de 1983, causó auténtico furor entre los adictos a Benetton. Constaba de 12 modelos y cada uno de ellos con nombre propio, otro acierto de su creador: Tutti Frutti, Jellyfish, Croque Monsieur, Cigars, Glorious Runner... y así los pequeños Swatch fueron naciendo, año tras año, hasta formar una lista de cerca de 2.000. Todo un reto para los coleccionistas, que llegan a pagar hasta 1.500 euros por algunos de ellos.

El último capricho para los coleccionistas de la firma es el Swatch Est. 1983, una pieza de 60 euros creada en exclusiva para el 30 aniversario de la casa suiza y que, en vez de marcar las horas, marca los 30 años de su existencia. Por su parte, el artista Lorenzo Petrantoni ha querido también celebrar el cumpleaños de Swatch y ha realizado un poster conmemorativo con los grandes eventos del 83: la creación de Swatch, el primer concierto de Kiss sin maquillaje y el éxito de Thriller, de Michael Jackson, entre otros. ¡Qué tiempos aquellos en los que los grandes eventos eran de este porte!

Ahora también vivimos tiempos de crisis y Swatch, como todo hijo de vecino, también se enfrenta a ella. China, su principal mercado, se enfría y toca darle otra vez al ingenio. De sus últimas apuestas, una de las más swatchies es el Swatch snowpass, con función de control de acceso para poder entrar en las principales estaciones de esquí del mundo. Y, por supuesto, siempre en la muñeca derecha, la izquierda pasó a mejor vida...


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