A veces nos encaprichamos con algo y no sabemos contener la compra compulsiva. Como esa sandalia fucsia fluorescente con tacones imposibles de hace… ¿cuatro años? O esa gargantilla XXL que en la tienda te pareció lo más pero al final te has puesto una vez. Si te pones a echar cuentas, te has dejado una pasta en piezas de temporada, de plena tendencia en ese momento, pero totalmente perecederas. 

Si vas de shopping y quieres saber en quémerece la pena invertir, no hay más que usar la cabeza. Es mejor gastar el dinero en las prendas más básicas, las que aguantarán la ola de la tendencia y seguirás pudiendo ponerte el año que viene, y al otro y al otro. De entre todas, hay seis con las que no te equivocarás si te gastas un poquito más.

Un vestido negro

Es el básico de todos los básicos del armario femenino. Vestido negro, LBD (del inglés Little Black Dress) o petite robe noire, como se le conoce desde su creación por Gabrielle Chanel. Pruébate varios hasta que des con el que te siente como un guante y, a partir de ese momento, habrás conseguido una prenda infalible. Elígelo de líneas simples, sin muchos adornos ni bordados ni escotes, un poquito por encima de la rodilla y marcando la silueta pero sin ser estrecho. De esta manera conseguirás que te sea útil en múltiples ocasiones, de la oficina al cine, la comida de negocios, la tarde de cine o el cóctel afterwork.

Un trench

Creada por Thomas Burberry, esta prenda que hoy se asocia a la moda nació por las necesidades de vestuario de los oficiales (su denominación deriva de las trincheras militares), para protegerles de la lluvia y el viento. Con los años su uso fue democratizándose y ahora se reinventa cada temporada para presentarse renovada. Los clásicos incombustibles son en beis o camel, pero las encontrarás de todos los colores y todas son un comodín en el armario, incluso en días que no llueva, y sobre todo en días de entretiempo.

Una blazer

Durante muchos años se asocióal vestuario de oficinistas, a modo de uniforme encorsetado de puestos de trabajo que requerían de un look serio y pulido. Hoy eso ha cambiado y, aunque puedes seguir dándole ese uso, también te la podrás poner con vaqueros, para ir de cañas e incluso con vestidos de fiesta.

Una pieza de joyería

Elige algo discreto, en oro amarillo, blanco o rosa, quizá con una pequeña piedra, pero siempre con la idea en la mente de que pueda servirte igual ahora que dentro de unos años, con una camisa blanca y vaqueros o con un vestido de noche. Una cadenita, un anillo, una pulsera… Si no eres de joyas, elige un reloj. Le darás más uso y te sorprenderá la cantidad de miradas que capta. 

Un buen par de zapatos (o mejor dos)

Nos sabemos de memoria eso de que los complementos son capaces de cambiar un look. Si encima son de buena calidad, el efecto se multiplicará. Hazte con un buen par de zapatos de piel. Unos salones en negro, con el tacón que mejor te venga, serán un valor más seguro del que se atribuía al ladrillo años atrás. Si además inviertes en unas bailarinas, unos botines y unas sandalias, habrás hecho pleno (no te lances a comprar todo de una vez, que se puede ir poco a poco).

Un bolso

 El remate del look. Escoge un bolso de líneas clásicas pero renovadas, para que no se vea antiguo y pueda casar bien con cualquier estilismo. No te pases de grande ni de pequeño, sobre todo si lo quieres para usarlo a diario.


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