Cuando una subcultura muere y nace otra, esta rompe con todos los símbolos de la anterior, pero este no es el caso de Dr. Martens. Desde los años 60 hasta hoy en día estas botas, en un principio ortopédicas, no han dejado de triunfar en las clases más bohemias. Según la firma, sus botas forman parte ya del ADN de la gente moderna y así pasará de generación en generación... ¡no hay escapatoria!

La andadura de las Docs comenzó en Alemania, pero fue en Reino Unido donde se hicieron populares entra las clases obreras por su comodidad y dureza. El 1 de abril de 1960 se comercializaron las primeras: el modelo 1460, con ocho ojales, cuero rojo cereza y pespuntes amarillos, todo un icono.

A finales de los 60 fueron los skinheads quienes primero las convirtieron en su seña de identidad, dicen las malas lenguas que por su resistencia a la hora de patear todo lo que se les ponía por delante. Más tarde vinieron los punks, también con alegre predisposición al pateo, y después los grunges, estos mucho más pacíficos y sin tics desenfrenados en las piernas. Lo suyo era la autodestrucción y la melancolía.

Hoy son los inefables hipster los que matan por  el modelo vegano de la firma, ¡ecofashion al poder! Y es que el secreto de las Dr Martens radica en la eterna juventud. Si eres un espíritu rebelde y joven, seas de la edad que seas, te sentirás como dios llevando unas Docs. Y si no, que se lo digan al Dalai Lama.

¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez? La campaña de la firma gira en torno a este concepto desde hace unos años, y no le ha ido nada mal. First and Forever pareció remover gusanillos en algunas mentes dormidas y las ventas se han duplicado en la última década.

Esta primavera la novedad son la Colección Tattoo y los prints florales, tatuajes rockeros y un estallido de color primaveral para los modelos más vintage, la bota 1460 y el zapato 1461. ¿Quién dijo que los estampados son solo para la ropa?

Hace unos días la firma presentó también su colección para el próximo otoño: botas metalizadas, zapatos teddy boys, cuadros escoceses y mis favoritas, unas 1460 de cocodrilo que no pienso dejar escapar. Y es que sigo siendo víctima de mi generación y, como Pete Townshend, no me voy a la cama sin mi botella de coñac y mis Dr Martens.


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