Estilo

El metrosexual ha muerto: ¡que viva el spornosexual!

Llegan las vacaciones, nos vamos a la playa y ¿qué nos encontramos? Que es mentira, que el retrosexual no existe, que las barbas y los pelos en el pecho brillan por su ausencia, que las pelambreras no adornan las pantorrillas y que un catálogo de ‘invictus’ se pasea impunemente por la arena.

Más hinchados, menos hinchados, grandes, pequeñitos, feos, guapos... pero todos llenos de músculos y de tatuajes haciéndose selfies como locos para subir a su Instagram. Este es el nuevo hombre que nos hemos encontrado en la playa: el spornosexual.

 Después de muchos años explotando la cantinela del metrosexual, con ejemplos gloriosos como David Beckham, estábamos convencidas de que la ley del péndulo nos había traído al retrosexual, ese ser, mitad hombre mitad oso, que parecía salido de la caverna y que tanto gusta a las hipsters. Pero parece ser que no, o al menos en verano se quedan tocando el ukelele en casita a caraperro, porque en la playa lo que arrasa es el spornosexual.

Un cambio en las tendencias

Mark Simpson, el periodista que introdujo el término de metrosexual hace 20 años es ahora también el culpable de este nuevo término, una mezcla entre sport, porno y sexual. Para hacernos una idea clara, echad un vistazo a David Beckham, y veinte años después sigue siendo el prototipo de la nueva tendencia... ¡ole, ole y ole! el príncipe de Leytonstone no tiene desperdicio.

Pero, ¿ha nacido de la nada este nuevo tipejo del siglo XXI? ¿Se ha reproducido en vainas los últimos años y ahora nos invade con sus ‘ultracuerpos’? No, nada más lejos de la realidad, no temáis, son simplemente la evolución del metrosexual, si puede ser, a peor. Si el metrosexual le dedicaba demasiado tiempo a su estilismo y a qué outfit llevar a cada hora del día, el spornosexual ya ni siquiera se preocupa de seguir la moda, con una camiseta de sisa descomunal y unos shorts va más chulo que un ocho.

Culto al cuerpo

El spornosexual solo se preocupa de su cuerpo, no de su mente. Pasa el día en el gimnasio esculpiendo sus músculos, pasa la tarde en el parque haciéndose selfies y compartiéndolo en sus redes sociales sin ningún pudor y por la noche, para rematar la faena, le encanta ver porno... no sabemos si para deleite de su libido o para comparar tríceps y demás con Rocco y compañía.

Este nuevo engendro de la naturaleza puede ser de todo tipo, hetero, gay... pero con algo en común, su enorme narcisismo... Dios, ¡qué aburrimiento!


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