Estilo

René Lacoste o la historia de un polo

René Lacoste, el primer deportista fashion victim de la historia. Corrían los años 20 cuando René jugaba al tenis y, era tal el empeño esteta de este mosquetero apodado El Cocodrilo, que no paró hasta crear la prenda de deporte perfecta para jugar al tenis y parecer un pincelillo al mismo tiempo... el polo.

Ajustado, flexible y unisex esta prenda se convirtió, desde su creación en 1929, en un imprescindible de la estética sport. Nunca me había planteado la complejidad que puede encerrar la elección de uno u otro polo, ni siquiera había reparado en la manera de llevarlo, parece sencillo ¿verdad? Pero no, nada más lejos de la realidad, el polo como cualquier básico que se precie, encierra dentro de sí un mundo de lo más complejo. De hecho, y para empezar con esta historia, existe un código estricto, un secreto a voces, que se ha de cumplir a la hora de ponerse un polo shirt.

En primer lugar un polo debe tener siempre dos botones, ni uno más ni uno menos... ¡expulsad del paraíso al diseñador que se le ocurra profanar esta ley no escrita!, es más, esos dos botones, si van desabrochados, mucho mejor. En segundo lugar, el cuello siempre bajado, si se sube corremos el riesgo de echar a volar o, lo que es peor, el cuello del polo podría chocar con las perlas de nuestras orejas. En tercer lugar, la manga siempre por encima del codo. Y por último, nunca un oversize, el polo debe ir discretamente ajustado y por fuera del pantalón. Ni muy largo ni muy corto, en el punto medio está la virtud.

Pero el polo es algo más que unas cuantas normas del buen vestir y la comodidad. Con su manguita corta y su cara de niño bueno, el polo ha ido madurando a lo largo de los años y escribiendo la historia de su propio guión.

Lacoste siempre ha sido el protagonista por derecho histórico. Lacoste es elegante y clásico. Discreto, siempre a tono, en cualquier cuerpo o situación. Lacoste siempre queda bien, da igual que lo lleve Juan Echanove o Gwyneth Paltrow, él nunca desentona.

Fred Perry es el antagonista. La lucha entre Lacoste y Fred Perry es eterna. El cocodrilo quiere comerse al laurel, y el laurel pretende reposar sobre el cráneo del cocodrilo. Es Francia vs Inglaterra. La nouvelle vague frente a los Mods. Ponerse un Fred Perry y empezar a sentir el Imperio británico por nuestras venas es todo uno. Fred pone la banda sonora a la película. El brit pop empieza a mover nuestros pies y dan ganas, incluso, de hacerse un corte de pelo a navaja. ¡Aquí llegan los malotes!, a elegir, Liam Gallagher o Amy Winehouse.

Ralph Lauren protagoniza la subtrama. Siempre existen vidas paralela, siempre hay personajes que viven al margen de las líneas principales de la historia, y no por eso, tienen menos fuerza. Ese es Polo Ralph Lauren. Él no inventó la prenda, pero le puso el nombre. Ralph nunca ha jugado al tenis, él es más refinado, juega al polo y su big pony en el pecho lo deja más que claro. Vive una vida bohemia en un mundo lleno de glamour y es que, vestir al Gran Gatsby, marca.

El polo arrasa esta primavera, ha conquistado el corazón de los hipster y, eso, hoy en día, es sinónimo de éxito. Ver a Ben Affleck con su aire de intelectual o a Adam Levine y sus tatuajes luciendo polos como si tal cosa, aseguran el final feliz de la peli que tanto nos gusta a las chicas ¡Larga vida al polo!


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