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¿Nos tomamos una pizza de gusanos en Marte?

Las impresoras en 3D arrasan en el planeta culinario. ¿Os imagináis una máquina prodigiosa que pudiera terminar con el hambre en el mundo? Este es el revuelo que ha causado la ingeniería que desarrolla la NASA para los astronautas. Apenas hace un mes que la FAO insistía en que comer insectos podría ser la solución para acabar con las hambrunas endémicas. Pero también con la obesidad del mundo desarrollado ¿Comeríais gusanos o saltamontes? Dicho así en frío, seguro que ponéis cara de asco, pero si os digo: Plumas de saltamontes al aroma de hierbas de la montaña, la cosa cambia.

Se calcula que en 2050 habrá unos 9.000 millones de habitantes en el mundo. Para dar de comer a todos habría que duplicar la producción mundial de alimentos, pero no hay sostenibilidad para aumentar el suelo cultivable. Casi mil millones hoy sufren de hambre. Por eso la FAO insiste: los insectos son fuente de nutrientes con alto contenido en proteínas, vitaminas, fibras y minerales. En Asia, África y América ya se meriendan a más de 1.500 especies. Las estrellas son los escarabajos, las orugas, las abejas y hormigas y en último lugar, las moscas y cigarras. Pero… ¿y en Europa?

La que escribe, que ya ha probado saltamontes y hormigas, no se ha atrevido todavía con los gusanos. Supongo que a muchos de vosotros os pasaría lo mismo. Por eso, la solución que apunta la NASA aparece como una panacea milagrosa: el ingeniero tejano Anjan Contractor es el creador del prototipo de la primera impresora 3D sintetizadora universal de alimentos. Por eso, se ha llevado una gratificación de sus jefes nada desdeñable de 125.000 dólares.

Anjan ve el futuro, como Manolo Gómez Bur lo veía en la cocina aquella robotizada de los americanos en el Madrid de los 60, en Las que tienen que servir. Cada cocina tendrá, el siglo que viene, una impresora 3D que sintetizará cualquier tipo de alimento y le dará la forma que más nos guste. Por ejemplo, planchas finitas de gusanos con forma de spaguetti; hormigas con forma de macarrón; escorpiones tipo fideos… Y así, cualquier cosa.

Cualquier alimento vale

Se podrá personalizar cualquier alimento y podremos diseñarlo según nuestras necesidades nutricionales. No es lo mismo alimentar a un octogenario que a un deportista de élite. ¡Podremos hace nuestras propias dietas! Incluso crear un negocio donde demos alimentos a la carta completamente personalizados: ¿Qué quiere usted? ¿Zanahorias sintetizadas? Si, cuarto y mitad con forma de corazones… Y luego me pone medio de hormigas con forma de flecha, por eso de adornar el plato… Es que es San Valentín…

Podremos pedir las calorías, el porcentaje de proteínas, carbohidratos, azúcares… Todo lo podrá programar la fabulosa impresora 3D. Al fin y al cabo, los alimentos sintetizados son polvo. "¿Me cambia usted el tóner? Es que las tartas de chocolate se me han terminado…" Y total, ¿qué más te dará que las planchas de proteínas, en lugar de ser carne, sean de insectos, mucho más sostenibles y ecológicamente rentables?

Anjan afirma que es necesario que cambiemos nuestra percepción en lo que vemos hoy como comida, más que nada porque el planeta no dará para más. Sólo los occidentales tenemos este rechazo a los insectos. Por fin la NASA tiene una coartada sensacional: lejos de invertir en cosas que los humanos entendemos poco, sus inversiones a la larga dan con inventos fabulosos que cambian el rumbo de la humanidad. ¿Quedamos para comer pizza de saltamontes en Marte?


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