Estilo

Torsos al descubierto: los mejores pectorales del cine

Yo era de las que esperaba que llegaran las 11.30, la hora de una conocida marca de refrescos, para ver descansar al limpiacristales de turno mientras por descuido, o más bien por chulería, dejaba entrever 10 centímetros de su torso, los 10 centímetros más justos pero mejor recordados de mi etapa de estudiante. Sí, lo confirmo, en aquella época ñoña, yo era de las que buscaba entre los delincuentes de bachiller al hombre de las pelis.

Por aquel entonces una sólo tenía licencia para mirar y, la verdad, daba igual donde lo hiciese, porque allí donde desviara la vista había un torso modelado y unos músculos que se ejecutaban con precisión olímpica. Resulta que estaban siempre allí, a tu lado. Hoy, ser el hombre de entonces lleva implícita la huella de tener la marca de una maquinilla de afeitar detrás de ti.

No puede ser que exista un cuerpo perfecto y que no haya salido reflejado en ninguna peli de James Bond. Casino Royale nos acerca a Daniel Craig saliendo del mar con un bañador super ajustado, cual sirenita de Disney. Se trata de una versión musculada, pero refrescante, del agente con torso empapado en agua salada. Dicen que tiene licencia para matar, pues preparada estoy para que el agente cometa cuanto antes su crimen.

Sean Connery, también se lució ¡y de qué manera! allá por las Bahamas, los suyo fue una Operación Trueno… los rayos y centellas se quedan en mi imaginación.

Torsos en guerra

Para ver un cuerpo perfecto hay que buscar y rebuscar, parece ser que están en modo móvil, casi todos fuera de cobertura. Resulta que lo que antes se encontraba en la parada del bus ahora sólo lo veo en las pelis de guerra. Trescientas tabletas de chocolate, crema de zanahoria para broncear y un poco de esencia de coco para dar algo de gustillo. No, no se trata de una receta de cocina, aunque si al hombre se le conquista por el estómago, a las mujeres hay hombres que nos entran por la vista. ¡Qué abdominales mostró Gerard Butler en 300! Al rey Leónidas no le falló el pulso en toda la peli y supo bien blandir su espada,  ¡imagínense sobre dónde recayó mi toque de épica en estas escenas!

Seguimos de contienda con Brad Pitt al frente, su pecho bien formado le acompaña  donde va. Griegos y troyanos enfrentados y un hombre al que sólo le flaquea el talón… ¡Ay Aquiles, de tu talón me estaba yo acordando! ¡Que arda Troya, que yo enciendo el ventilador!

¿Y dónde dejamos a Conan entre tanto musculito? Creo que preciso de un detector para saber dónde me encuentro, cual coche de gama alta. Forzudo y valiente, medio hawaiano medio caucásico, Jason Mamoa, una belleza exótica de 1,96, lució un vestuario tan ridículo como innecesario. Si en 1982 Arnold Schwarzenegger nos enseñó músculos que ni por asomo hubiésemos imaginado que existían, algunos años más tarde el señor Mamoa, con melena al viento y pecho descubierto lució un cuerpo tan perfecto que ni el David de Miguel Ángel.

Lobos

Es hora de sacar al lobo que todo hombre lleva dentro. Hugh Jackman puede presumir de garras, venas, músculos y, además, de tenerlo todo muy bien puesto, ¡hasta el pelo! Tan varonil como brutal se muestra Lobezno, nuestra bestia australiana, un mutante con largas patillas que rescata mis mejores aullidos todas las noches de luna llena.

Él también lució torso en El Americano mientras yo lo miraba muy a la española, con deseo, como debe ser. El señor Clooney, con su seña de elegancia,  se jactó de hacer ejercicios con el pecho al descubierto y de beber café en este film. Si hubiese sido Juan Valdés nadie lo hubiese mirado con dolce gusto,  pero he de decir que este hombre me ha hecho saborear los mejores nespressos de mi vida.

Un cachas romántico descamisado que no podía faltar y dos amantes abrazados junto a la orilla del mae; ella Deborah Kerr, él Burt Lancaster y ésta una historia para recordar De aquí a la eternidad. Burt ha sido un dolor que no se me ha quitado nunca, un calambrazo que de vez en cuando me hace sentir viva; un recuerdo que no deja de hacerme vibrar.

Pues sí,  da igual donde se busquen, antes estaban en todos los sitios, como las niñas malas. Ahora debe ser que los malos ya son buenos. ¡Y yo no quiero un hombre bueno! Yo lo quiero con nervio, que el toro manso al final siempre acaba clavándonos sus pitones.


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