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¿Qué problemas sufrirán los primeros colonos en Marte?

El aula de ordenadores de cualquiera de nuestros institutos tiene mayor capacidad de computación que el centro de la NASA desde donde se lanzó el ‘Apolo XI’, la primera misión tripulada que puso un hombre en la Luna en  1969, el año en que The Beatles sacaban el ‘Abbey Road’. Desde entonces, la tecnología espacial y telecomunicaciones ha avanzado varios órdenes de magnitud, pero la exploración tripulada de otros planetas se detuvo en 1972 (es el año en que Nick Drake sacó ‘Pink Moon’).

Unos exploradores recorren la superficie de Marte en esta recreación artística facilitada por la NASA (Imagen: NASA/Pat Rawlings, SAIC).
Unos exploradores recorren la superficie de Marte en esta recreación artística facilitada por la NASA (Imagen: NASA/Pat Rawlings, SAIC).

La exploración de otros planetas es casi un imperativo del género humano: no sólo alimenta nuestro deseo de descubrimiento y avance científico, sino que nos prepara para el inevitable momento en que salir de nuestro pequeño planeta en búsqueda de materias primas y espacio vital sea cuestión de supervivencia. La Luna resulto no ser un lugar especialmente interesante desde ambos puntos de vista, pero Marte ofrece muchos más alicientes dado que sus características no la hacen incompatible con la vida. Hostil, hay que reconocerlo, en su indiferencia hacia las necesidades de nitrógeno de una célula, el planeta ofrece sin embargo una serie de alicientes para los humanos (¡días de longitud comparable!, ¡estaciones como en la Tierra! ¡incomparables vistas!) que ya fueron advertidas hace más de cien años. Pero antes de que Ikea abra su primera tienda en Marte será preciso llevar a cabo los ajustes necesarios para, por ejemplo, proteger a sus habitantes de la radiación cósmica.

Los fondos necesarios para cualquier misión al planeta rojo no bajarían de los diez mil millones de euros.

La tecnología necesaria para solucionar este y otros problemas de semejante envergadura que demanda la colonización de Marte ya existe. Lo único que no está encima de la mesa son los fondos necesarios para la misión, que no bajarían de los diez mil millones de euros. Cualquiera que sea la forma de encarar la tarea, el monto del proyecto se duplica por el coste de devolver la tripulación a la Tierra. Debe dejarse constancia, para no seguir empañando su ya desvaída imagen pública, que no fue el gerente de un hospital ni un banquero de Lehman Brothers quien propuso la obvia solución: hacer un viaje sólo de ida, y dejar en Marte a la tripulación. Los intrépidos viajeros no acudirían allí como turistas sino como colonizadores o (si la misión la financian empresas hispanohablantes) como conquistadores.

Astronautas en ‘Gran Hermano’

Varios científicos, astronautas y empresarios han defendido la idea del vuelo sin retorno a Marte, lo que pone el foco en el siempre espinoso (pero televisivamente rentable) asunto de la convivencia en situaciones de confinación prolongada. En Holanda (el país donde nació Gran Hermano) surgió la idea de financiar parte al menos de los costes mediante los derechos que generaría la retransmisión de toda la misión mediante un reality show que se transmitiría continuamente a la Tierra.

¿Qué ocurriría si algunos de los colonos comienzan a percibir mensajes de seres alienígenas o un ser superior?

Lo cual nos lleva a una cuestión cuyas repercusiones trascienden la anécdota de la idea comercial del empresario Bas Lansdorp, promotor de este proyecto. Supongamos que ya tenemos en Marte a nuestra tripulación de cuatro terrestres, representantes en el espacio de todo el género humano. Después de seis meses de confinamiento en un planeta hostil (a los que se añaden al menos otros tantos meses de viaje hasta Marte) algunos de nuestros colonos comienzan a percibir en su mente sensaciones que identifican con mensajes de seres alienígenas, o quizá de un ser superior que les habla directamente en Marte, donde no existen las interferencias de nuestro campo magnético.

Efectos

¿Qué efecto tendría sobre la opinión de amplias capas de la población terrestre este mensaje? ¿Debería mantenerse el show televisivo ante la alarma social que esto despertaría? ¿De qué modo nos puede afectar tener en las pantallas de nuestro recién comprado televisor Apple de pulsera la imagen de un científico espacial proclamando con sonrisa beatífica que ahí arriba escucha a Dios, pidiéndonos que renunciemos a nuestras vidas sin rumbo ni propósito y salgamos a proclamar la nueva revelación?

Considerar estos asuntos (y no me refiero a cómo se debería llamar ese dispositivo de pulsera) es interesante para tomar conciencia de las limitaciones de la libertad de expresión y el derecho a la intimidad, antes que el espionaje global de la NSA haga ambas cuestiones irrelevante.


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