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¿Y si nos quedamos sin abejas?

En otros momentos del año no reparamos tanto en encontrarnos con alguno de estos insectos. En verano, ahora que comemos, paseamos, dormimos, bailamos, nadamos… al aire libre nos fijamos más. Pero, ¿de verdad vosotros veis alguna?

La polinización de las abejas es necesaria (Flickr/ Dani_vr CC BY-SA 2.0)
La polinización de las abejas es necesaria (Flickr/ Dani_vr CC BY-SA 2.0)

Estuve recorriendo la Isla de Martinica de cabo a rabo, su Jardín de Balatá, su Mont Pelé, sus extraordinarias playas y mansiones del ron, sus platanares, sus cañas de azúcar, disfrutando de los colibríes… ¿Y ni una abeja? Fue la primera vez que reparé en que no había abejas y lo pregunté. La explicación fue mínima: son los pesticidas.

Recién aterrizada de vacaciones me puse a limpiar el jardín y cortando las lavandas... ¡Dos abejas! Estuve a punto de ponerme a bailar. Pero la alegría se me pasó pronto porque buscando en internet encontré el último informe de Naciones Unidas -de este mismo mes-  alertando sobre su desaparición. Ahora el problema no solo está en Estado Unidos y en Europa; también en Australia, China, Japón y en la Ribera del Nilo, en África del norte. Parece que no solo son los pesticidas. El cambio  climático, la contaminación y el desarrollo de algunos parásitos -debido a los factores anteriores-, también lo agravan.

El necesario intercambio de polen

Si habéis visitado cultivos a gran escala, tipo Almería con los tomates, por ejemplo, o Huelva con las fresas, habréis visto dentro de los invernaderos cómo llevan y cuidan los panales de abejas. Son ellas las que polinizan la mayoría de los cultivos. Si no hay polinización, no hay producto. Es así de sencillo y de espeluznante. Además, desde hace ya décadas, nos hemos inclinado por los cultivos naturales y dependientes de la polinización de estos insectos. Por ejemplo, en determinadas frutas, la producción de semillas disminuye hasta un 90% si no hay polinización. Impresionante.

El intercambio de polen no solamente ayuda a que las plantas se reproduzcan, sino que también alimenta a varias especies animales. Sin abejas, moscas, mariposas, algunos pájaros y murciélagos -transportistas del polen- el ecosistema no podría desarrollarse. Sin plantas, no hay comida, pero tampoco habrá oxígeno; tampoco cubrirán los suelos para protegerlos de la erosión y con ello regular el flujo de agua. Una cadena perfecta que si se rompe en algún eslabón; y estaríamos perdidos.

Un pesticida que acaba con todo

La Universidad de Reading aporta datos: se han extinguido siete especies de abejas; cuatro especies de abejorros de toda Europa, y la tendencia señala situaciones similares en Norte América y China. Y todo debido a que no dejamos ni una sola zona verde sin cubrirla de neonicotinoide, un pesticida que por lo visto, acaba con todo.

Por fin la Unión Europea parece reaccionar y ha lanzado el EPILOBEE, un programa epidemiológico que pretende supervisar a diecisiete países en Europa para recopilar información y métodos que salven a estos animales. Entre todos están manteniendo un control sobre la natalidad y la mortalidad de las colonias de abejas. Nada mal que nos unamos para un fin tan provechoso.

¿Y si hacemos partícipes a los granjeros?

Se aportan soluciones como plantar franjas de flores silvestres cerca de los cultivos  e intentar hacer así partícipes a los granjeros. Pero hay que convencerlos para transformarlos, además, en criadores de abejas. Y para ello tienen que tener muy claro cuál es su beneficio, y con esa demostración están.

No solo se trata de salvar las abejas, se trata de salvar las interacciones y las relaciones ecológicas. Ya que nosotros nos beneficiamos absolutamente de su trabajo de polinizadoras. ¿Protegerlas no es una obligación aunque sea solo en términos económicos?


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