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La vía verde de la Jara: de paseo por el tren que nunca existió

En 1926, el futuro de España pasaba por densificar la red ferroviaria. Comenzaron las obras de muchos kilómetros de vías que nunca llegaron a funcionar, como es el caso del proyecto de unir el valle del Tajo con el del Guadiana. Se llegó a construir todo el trazado, los puentes, los túneles y hasta las estaciones, pero la guerra, el coche y el abandono del campo malograron todo el esfuerzo realizado. Hoy queda una fantástica vía verde, acondicionada en la provincia de Toledo y que nos permitirá descubrir la comarca de la Jara. Ideal para el otoño.

Nos esperan 52 kilómetros de vía acondicionada, 18 túneles, seis puentes y hasta una estación rehabilitada donde podremos hasta dormir en un auténtico vagón de tren… que no lleva a ninguna parte. El primer consejo para esta vía verde es llevar linterna, pues gracias a unos pocos capullos - ¿se puede decir capullos? -  los túneles carecen de iluminación.

Por el camino, kilómetros y más kilómetros de monte mediterráneo, dehesa, regadíos, secanos…

El recorrido de la Vía Verde de la Jara comienza en Calera y Chozas, en las proximidades de la línea de tren a Portugal y llegaremos hasta el límite con Badajoz por la vía acondicionada, donde termina lo “arreglado”, cosas de las autonomías. Por el camino, kilómetros y más kilómetros de monte mediterráneo, dehesa, regadíos, secanos, embalses y jara, mucha jara que nos dejarán un buen sabor de boca.

En el primer tramo de la vía nos espera el valle del Tajo, que hace honor a su nombre, sobre todo en el embalse de Azután, que salvaremos gracias a un gran puente justo después de un túnel. Un enclave perfecto para hacerse la foto de rigor.

Separados de la civilización

Un consejo para los más despistados: después de Aldeanueva de Barbarroya, en el kilómetro 17, nos separaremos de la civilización, así que este es el último punto para poder comprar todo eso que se nos ha olvidado. En las estaciones y apeaderos es posible abastecerse de agua, aunque el vandalismo puede darnos más de una sorpresa desagradable.

En los últimos kilómetros abandonamos los bolos graníticos para adentrarnos en el mundo de la pizarra.

Los últimos 27 kilómetros son los más movidos. Abandonaremos los bolos graníticos para adentrarnos en el mundo de la pizarra sin abandonar los jarales. También son los que más infraestructuras acumulan de puentes y túneles, remontando siempre la ribera del río Uso y el arroyo de San Vicente hasta la Sierra de Altamira.

En el kilómetro 37 encontraremos uno de los hitos más simpáticos de la vía. Allí, aprovechando la que iba a ser la estación de Campillo-Sevilleja, se ha instalado un hotelito con encanto y restaurante, en dos vagones de tren restaurados. Puro sabor ferroviario para la vía verde.

Para todos los públicos

La vía verde termina en el  espacio protegido del Rincón del Torozo, refugio para los murciélagos jareños, que se han adueñado de los túneles que atraviesan la Sierra de Altamira y razón principal para que la vía termine en este lugar. Habremos atravesado numerosos espacios protegidos y hábitats muy distintos: las llanuras de Calera y Chozas con sus cultivos interminables, el berrocal de Aldeanueva y las islas de Azután en el Tajo donde divisar el carrizal y las aves acuáticas.

Podemos empezar la ruta en muchos lugares, pues los 104 kilómetros de recorrido de ida y vuelta son excesivos para muchos.  Para planificar perfectamente tu visita, puedes bajarte el track aquí. Además, esta vía está recomendada para personas con movilidad reducida casi en todo su recorrido. 


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