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La Hora del Planeta

Poco, o nada, más conveniente en estos momentos que usar lo más correctamente posible las palabras. Considero más grave, incluso que la degradación ambiental, el que se esté desmoronando la comprensión entre los humanos. Catástrofe que navega a bordo de la mengua del léxico y de la tergiversación del sentido de las palabras.

El próximo sábado se celebra la Hora del Planeta (NASA / dominio público).
El próximo sábado se celebra la Hora del Planeta (NASA / dominio público).

A menudo ambos fenómenos van acompañados de apropiaciones tan indebidas como cualquiera de las que se han convertido en norma. Uno de los mejores ejemplos de la usurpación es lo acaecido con la expresión desarrollo sostenible. Nueve de cada diez veces que lean o escuchen esas dos palabras será para esconder en su buena imagen una acción que poco o nada tiene que ver con la utilización moderada y respetuosa del derredor. Hay alguna excepción que bien podría merecer la consideración de lúcido descubrimiento. Me refiero a que,  en ocasiones, apagar significa comenzar a iluminarnos. De la misma forma que casi siempre encender algo apaga demasiado en demasiados lugares.

La Hora del Planeta nos lo recuerda con un apagón de una hora, el próximo sábado, 28 de marzo, de 20:30 a 21:30. Así es la propuesta de que apaguemos la luz, todas las luces domésticas y no pocas públicas en nuestro país. Pero este relámpago de sensatez va a producirse en unas 10.000 ciudades de unos 175 países del planeta. Todo ello está organizado desde hace 8 años por WWF, la organización internacional más veterana en casi todo lo relacionado con la continuidad de la vida en este planeta.

¿Por qué todo esto?

Si bien no debería ser necesario respondamos a algunas preguntas.

¿Qué ahorro de electricidad y la consiguiente contaminación atmosférica representa este apagón de una hora?Aunque varía notablemente en función, claro, del número de hogares y edificios que apaguen la luz, el ahorro oscila entre el 10 y el 20 %.

¿Merece la pena el volcarse en campañas de publicidad e intentos de que los medios sean receptivos a la iniciativa?Por supuesto. El cambio climático sigue sin ser considerado por las mayorías como la grave enfermedad que para todas las formas vivas del planeta supone. Permite, es más, que instituciones, periodistas, familias, participen en directo y voluntariamente en la solución. Pequeña, casi solo simbólica, pero solución.

¿Qué gana el particular que deja de ver la televisión y a su familia por unos minutos?Toda pausa en el incesante devorar la transparencia del aire puede convertirse en sosiego individual, acaso el más preciado y escaso de los bienes en la actualidad. 


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