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Cinco road trips para dar envidia

Puede que ver la isla de Pascua, protagonizar una expedición a Groenlandia o hacer un viaje de relax a las Maldivas levante la envidia de todo el personal. Pero no es menos cierto que sin irse a la otra punta del mundo puedes disfrutar de viajes espectaculares, con experiencias alucinantes garantizadas y además, por un módico precio. Si hay un lugar absolutamente único para los ‘road trips’ es España, con 505.000 kilómetros cuadrados que no tienen desperdicio. Os proponemos 5 viajes por carretera que cualquier humano con ganas de explorar mundo se moriría por hacer. ¡Ay, si la envidia fuera tiña!

País Vasco y Navarra

Hace unos años, The Guardian tuvo claro que de entre todas las rutas por carretera que se pueden hacer a lo largo y ancho de Europa, una de las mejores era la que transcurría por el País Vasco y Navarra. Y por eso apareció en su top 10 de road trips. No les llevamos la contraria. La ruta que comienza en Bilbao, continúa en Vitoria, sigue por la sierra de Urbasa hasta Pamplona, llega a San Sebastián y termina de nuevo en Bilbao pasando por todo los pueblos costeros de la zona es una auténtica delicia en todos los sentidos. Perfecta para un público de lo más heterógeneo: amantes de la playa y de la montaña, aficionados al gastroturismo, fans del turismo natural, apasionados del turismo urbano... Hay de todo y para todos. Un completo que no defrauda.

Ruta de las alpujarras

Es uno de los road trips que enamoran a gente de cualquier edad, sexo o condición, y tiene su porqué: la carretera que une Almería con Granada por La Alpujarra es uno de esos regalos que no es fácil encontrar. Pasa de la árida costa del Mediterráneo a la vega del río Genil atravesando desiertos, valles, sierras y la cordillera más alta de la península Ibérica. Fue aquí donde el rey Boabdil y sus súbditos levantaron sus hogares en pendientes imposibles y sembraron toda la zona con frutales. Y también fue esta ruta la que cautivó a los bohemios del XIX, inspirando a decenas de escritores y poetas. ¿Qué no hay que perderse? A ser posible, casi nada: desde la iglesia de la Encarnación de Laujar de Andarax, en la alpujarra almeriense, o Ugíjar, en el oriente de la Alpujarra Alta granadina, a Trevélez, el espectacular Pampaneira, en el barranco de Poqueira, junto a los imprescindibles Bubión y Capileira, Órgiva, Lanjarón... Cuanto más, mejor.

Por los molinos de La Mancha

Si andasescaso de días libres pero no quieres privarte de un road trip de los buenos, también hay opciones. Por ejemplo, la ruta de los molinos, que pasa por tres provincias en poco más de 80 kilómetros donde se disfruta de un paisaje único donde se pueden encontrar algunos de los gigantes de Don Quijote. Se trata de conducir desde el pueblo toledano de Consuegra hasta el municipio conquense de Mota del Cuervo pasando por Campo de Criptana, en Ciudad Real, donde se encuentran realmente los molinos que dicen que inspiraron a Cervantes y que Don Quijote confundió con gigantes (tres de ellos son del siglo XVI). Si tienes algo más de tiempo, puedes parar antes de llegar a Campo de Criptana en Alcázar de San Juan y  bajar hacia Tomelloso y Argamasilla de Alba, donde no puedes perderte el parque natural de las Lagunas de Ruidera.

La costa occidental asturiana

Seguramente el oriente asturiano sea más popular, y tiene muchas razones para ello. Pero perderse el occidente asturiano es un pecado para cualquier viajero. Este road trip ofrece mil experiencias en una: playas espectaculares, cascos históricos de quitarse el sombrero, puertos pesqueros, cabos, aldeas escondidas... Una buena opción es partir de la animada ciudad de Avilés y seguir la costa dirección Galicia pasando por San Juan de la Arena, Muros de Nalón, Cudillero, la Concha de Artedo, Novellana, Cadavedo, Luarca, Navia y Tapia de Casariego. ¿Lo mejor de estos 120 kilómetros? Perderse de vez en cuando por algunas de las aldeas situadas más al interior, a unos kilómetros de la costa; comer sin complejos, y sobre todo sin privarse de las delicias locales; y disfrutar, a lo grande, de paisajes que no tienen precio.

El interior castellonense

Para un road trip, o la carretera y manta de toda la vida, no hace falta más que carné de conducir, un coche y ganas de disfrutar sorprendiéndose. Por eso las posibilidades son casi infinitas. Pero para los amantes de los tesoros ocultos una opción perfecta es el interior de Castellón, una zona desconocida para muchos pero desde luego no para los amantes de la trufa negra, que tiene aquí su particular reino. Estamos hablando de la ruta que pasa por el Maestrazgo castellonense, donde podéis descubrir pueblos medievales espectaculares, como Culla, un buen punto de partida para seguir luego hacia el sorprendente BenassalAres del Maestrat, Morella, con sus murallas medievales y el castillo, y terminar en el alucinante Parque Natural de Tinença de Benifassà. Para no perdérselo.


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