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Los 8 pueblos marineros más bonitos de España

Una de las peculiaridades del verano es que cambia nuestra percepción de las distancias. Sobre todo si se trata de llegar a la costa, que ahora vemos más cerca. Es el poderoso efecto que ejercen las playas sobre los que andamos desesperados por pegarnos un buen baño. Una vez que nos hayamos bañado en el mar, disfrutar tiene pocos secretos. Se trata de desconectar, respirar hondo, sentir el olor a mar y seguir teniendo envidia de los que disfrutan de esa experiencia todo el año.

Las posibilidades para este tipo de escapadas son miles: cualquier rincón a lo largo de los más de 7.000 kilómetros de nuestro perímetro costero puede ser buena idea. Pero si se trata de escoger los pueblos marineros más bonitos de España para que la experiencia sea de las de no olvidar nunca, podemos acotar un poco el terreno. Este es nuestro particular ranking con algunas de las localidades costeras más atractivas. ¡Feliz verano!

Luanco (Asturias)

La costa asturiana está llena de pequeñas joyas en forma de pueblos marineros con encanto: Llanes, Cudillero, Luarca, Lastres... Pero si estáis buscando un lugar diferente y con algo menos de turismo en época estival, la villa marinera de Luanco es una buenísima opción. Capital del municipio de Gozón, muy cerca de Cabo Peñas, respira ambiente marinero de verdad en cada rincón. El puerto que en su día se dedicó a la pesca de la ballena, sus características casas con galerías acristaladas, pintadas habitualmente con la misma pintura de las embarcaciones, o la iglesia de Santa María a los pies del mar son algunos de los puntos fuertes de esta localidad donde os sentiréis como en casa.

Fornells (Menorca)

En el norte, entre el Cap Gros y la Punta des Morter, encontraréis una de las miles de sorpresas que ofrece Menora. Se trata de un tradicional pueblo de pescadores, conocido por ofrecer las que dicen que son las mejores calderetas de langosta del país, en el que se refugian quienes buscan una vida tranquila y al mismo tiempo llena de placeres. Dos de los imprescindibles que no puedes perderte son darse una vuelta por el puerto y pasear por el casco antiguo en torno al castillo de Sant Antoni. Un pequeño paraíso para los amantes de la buena vida.

Bermeo (Vizcaya)

El colorido pueblo marinero de Bermeo, con una larguísima tradición pesquera que se deja ver en sus calles, se encuentra en plena reserva de la Biosfera de Urdaibai en un marco de los de no dejarse la cámara en casa. Basta darse una vuelta por el puerto viejo, donde descubriréis estrechas casas pintadas de todos los colores, para percibir la influencia del mar en cada rincón y disfrutar de ello. Ya que estáis en la zona, no os perdáis otros dos regalazos: Mundaka y San Juan de Gaztelugatxe, a 3 y 8 km. respectivamente.

Cambados (Pontevedra)

Es la flamante capital del albariño, una buena razón por la que visitar esta localidad. Pero además, Cambados cuenta con una larga tradición marinera que se concentra en el barrio de Santo Tomé, por lo que no os podéis marchar sin visitarlo poniendo en el paseo los cinco sentidos. Para terminar de redondear la experiencia, su casco histórico, que alberga uno de los grupos de pazos nobiliarios más relevantes de toda Galicia, está declarado Bien de Interés Cultural. ¿Alguien da más?

Calella de Palafrugell (Girona)

Es uno de los refugios preferidos por los amantes de la Costa Brava, y resulta fácil adiviniar por qué. Volcado literalmente al mar, con calas preciosas y paisajes de postal, este pueblo de pescadores conserva mucho del ambiente tradicional, cuando el turismo de masas aún no existía en nuestro país. Tanto que ha inspirado a artistas de toda clase. Entre ellos, Serrat, de quien dicen que compuso aquí Mediterráneo. ¡Ahí queda eso!

Mogán (Las Palmas)

Al suroeste de la isla de Gran Canaria, en un valle que va desde el barranco de El Mulato hasta la costa, se levanta este municipio famoso por su histórico puerto pesquero. Ahora cuenta con un puerto deportivo relativamente nuevo al que llaman la pequeña Venecia por sus canales. Para disfrutar del mar en tranquilidad y asistir en directo a una de las puestas de sol más bonitas de la zona.

Isla de Tabarca (Alicante)

Cuentan que fue refugio de piratas berberiscos, lugar de residencia de familias genovesas rescatadas de la isla tunecina de Tabarka (de ahí su nombre), y también, pueblo marinero de aguas transparentes. A solo cuatro kilómetros de Santa Pola, fue la primera Reserva Marina de España, y esa es razón más que suficiente para que se merezca un lugar de honor en esta lista. Recorrer el perímetro de Tabarca sobre sus murallas o darse una vuelta por las calles del pintoresco pueblo marinero son algunos de los imprescindibles.

Salobreña (Granada)

Un lugar perfecto para los amantes de los acantilados, las fortalezas y los laberintos de calles estrechas con encanto. Encaramada a un peñón y con un casco histórico que deja ver su pasado árabe, Salobreña cae sobre el mar entre casas encaladas y flores que reciben a los forasteros con un soplo de aire marino que seguro agradeceréis en esta época. De antigua tradición pesquera, si venís por aquí acertaréis pidiendo el tradicional espeto de sardinas. ¡Buen provecho!


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