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Las playas más raras de España

Si fuéramos los protagonistas de una de esas películas en que hipnotizan al personal pidiendo que imagine el lugar más agradable de la Tierra, apostamos a que el 99% imaginaríamos lo mismo: una playa. Para empezar porque el calor nos ha pillado de repente y a contrapelo, con el armario todavía repleto de jerseys y botas, y ahí es cuando una playa como Dios manda aparece como el verdadero paraíso. Y para seguir, porque cada vez queda menos para las vacaciones y pegarse unos buenos baños en el mar durante el descanso laboral es casi una recomendación médica.

En lo que seguramente no andaríamos tan acertados es en adivinar el tipo de playa que cada uno imaginaría, y es que existen tantos gustos como personas: con o sin rocas; de arena blanquísima, dorada o más oscura; vírgenes o con todos los servicios imaginables... De entre todas las  variedades hay algunas especialmente originales por ser casi únicas. Y hoy toca hablar de eso, de las playas más curiosas de España. Estas son las que ocupan los primeros lugares de nuestra lista. Para que el baño, además de fresquito, sea original. ¡A disfrutarlas! 

La playa desde la que no se ve el mar (Gulpiyuri, Asturias)

 En la costa oriental de Asturias, entre Llanes y Ribadesella, se encuentra este particular regalo de la naturaleza que se merece una visita de las largas. Se trata de una playa casi oculta entre prados desde la que, por raro que parezca, no se ve el mar de verdad. Y sin embargo, se puede nadar en él porque está conectado a esta playa a través de una cueva. Como si fuera un truco de magia, pero sin truco. No conocemos el paraíso, pero nos imaginamos que será algo parecido a esto. 

Una línea de arena con mar a los dos costados (Ses Illetes, Formentera)

Si estás buscando una lengua de arena de 50 metros de ancho por 500 de largo con un mar absolutamente turquesa a ambos lados de esa flecha, estás de suerte porque la idílica imagen no se encuentra sólo en tu imaginación. Es una de las playas más curiosas, preciosas y también populares de Formentera. Para no perdérsela. 

La playa que aparece y desaparece (Itzurun, Zumaia)

Rodeada de imponentes acantilados y de unas formaciones rocosas que tienen mucho de curiosas (en ellas se puede observar el fenómeno del flysch -láminas de rocas calizas y areniscas en formación vertical, a modo de milhojas-), esta playa desaparece, o al menos lo hace su arenal, en días de mareas vivas. Un lugar que es todo un regalazo, especialmente para los amantes de la fotografía, quienes desde aquí pueden tomar imágenes de unos atradeceres espectaculares.

El Caribe en Galicia (Playa de Rodas, islas Cíes)

Ha enamorado a casi todos los que han puesto un pie en ella, incluidos los británicos: el diario The Guardian la situó como la primera del ranking en su listado con las 10 mejores playas del mundo. Su originalidad no sólo está en que se encuentra entre dos islas, formando parte de un espectacular parque natural, con mar a ambos costados de la lengua de arena. Lo más extraño de esta playa es que, por su aspecto, podría estar en el Caribe -tiene aguas turquesas y una arena finísima además de muy blanca-, pero se encuentra a miles de kilómetros de aquel mar, y sólo hay que meter un pie en el agua para recordarlo. A diferencia de las playas del Caribe, en esta el agua refresca, y mucho. En resumen: tiene lo bueno del Caribe sin lo malo del Caribe. No se puede pedir más.

Una piscina en medio del Atlántico (Charco Azul, El Hierro)

¿Habéis visto alguna vez una playa que acoja una piscina natural formada por el propio oleaje del Atlántico? Pues en eso consiste la playa del Charco Azul, una rareza alucinante además de preciosa: la piscina, con agua de color azul turquesa, está dentro de una cueva natural de lava volcánica

Acantilados inmensos que esconden 25 metros de playa (Sa Calobra, Mallorca)

Cruzando un túnel peatonal que bordea unos acantilados gigantes se esconde una pequeña cala de las de película. En realidad es la desembocadura del Torrente Pareis, uno de los pocos accesos al mar en la Sierra de Tramontana, y todo un espectáculo que nadie debería perderse: apenas 25 metros de playa escoltada por acantilados de más de 200 metros.

Un oasis de color ocre (Playas de Calblanque, Murcia)

Lo primero que llama la atención de las alucinantes playas de Calblanque es que a pesar de encontrarse a menos de 10 kilómetros de La Manga, no podían ser dos zonas de la costa murciana más opuestas: en Calblanque no hay aglomeraciones -a veces incluso es difícil encontrar gente- ni chiringuitos ni edificios a la espalda ni nada que no sea naturaleza y más naturaleza. Lo segundo, el color de la arena, de un ocre anaranjado muy poco común, como una plaza de toros gigante, alargada y con mar. Lo tercero, el agua completamente transparente. Una imprescindible.

Una isla que no lo es (Isla Canela, Huelva)

Entre caños, marismas y dunas se encuentra esta isla que en realidad no lo es: la playa de Isla Canela consiste en nada menos que siete kilómetros de arena blanca integrados en las marismas naturales de la desembocadura del río Guadiana. Otro espectáculo natural que merece la pena.


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