Destinos

No todo vale para conseguir petróleo

Hemos ahorcado a la misma transparencia con una soga de humo. La mayor parte del mismo procede de un fósil, el más peculiar que existe en este planeta. Raro por su composición y muy peligroso porque lo resucitamos haciéndolo arder para obtener la energía que en él se había acumulado. Por supuesto el petróleo no vuelve a ser lo que fue, es decir infinitas cuantías de algas, plancton, otros vegetales e incluso árboles, aunque la flora de gran porte solía convertirse en carbón. 

Hace millones de años toda esa masa viva quedó atrapada en sedimentos y luego éstos en el subsuelo. El alto índice de carbono que los combustibles fósiles contienen supone mucha energía empaquetada. A la misma le deben, esta especie y esta civilización, casi todo. Pero también casi todas sus enfermedades, empezando por la más terrible que es mental y que puede quedar resumida como la sacralización de dos criminales impunes; la comodidad y la velocidad.

Por ellas se ha sacrificado tanto, que la contabilidad de las pérdidas resulta imposible por desmedida, como falaz lo es la de las ganancias. Volveré a este asunto, pero adelanto que algunos estudiosos consideran que si en un lado se ponen todos los muertos, no solo humanos, causados por las infraestructuras y los artefactos destinados a cambiarnos de lugar y en el otro los beneficios de las industrias que los construyeron el saldo sería negativo. Sin descartar los efectos sobre los océanos, la atmósfera y la salud, ya de todos casi sin excepción, por los vertidos o las incesantes combustiones. En el debe del  petróleo deben figurar también los casi dos millones de muertes humanas prematuras que todos los años se producen en el mundo por la contaminación atmosférica. El calentamiento general de la atmósfera, por cierto, también causa otros centenares de miles de muertes y casi todas en los ámbitos de la pobreza.

Lo que importa es que consideremos como obligación moral del presente ir clausurando tan formidable despropósito. Porque incluso aunque no fuera cierta la enfermedad crónica del aire también sería necesario optar por otro modelo energético. Muy al contrario se pretende seguir manteniendo al peligroso, sucio, caro e injusto modelo energético con la prospección del fondo marino cercano a las islas orientales de las Canarias. Un alargamiento de una agonía que no nos merecemos y mucho menos los canarios. Más bien deberían estar trabajando en otra ley de transparencia, pero la de los aires y las aguas. Estas que pueden quedar manchadas todavía más en las turísticas costas de Lanzarote y Fuerteventura.


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