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Decálogo de la maleta perfecta

Con un puente a la vuelta de la esquina y las vacaciones de Semanta Santa ya en preestreno, la maleta está a punto de convertirse en trending topic bajo titulares como “qué llevar”, “cómo hacerla”, “trucos para que a los perezosos les divierta llenarla”... Aquí hemos decidido empezar por lo básico: ¿cómo sería nuestra maleta perfecta si pudiésemos elegir? Ahí va el decálogo de la maleta ideal. ¡Buen viaje!

El decálogo de la maleta perfecta (flickr | THOR - imagen con licencia CC BY 2.0).
El decálogo de la maleta perfecta (flickr | THOR - imagen con licencia CC BY 2.0).

Con correas para inmovilizar la ropa

Puede que no ocurra demasiado, pero en esas raras ocasiones en que no llenamos la maleta hasta el límite de su capacidad, las correas internas tienen su función. Ayudan a que la ropa no se mueva aunque tenga espacio para ello, lo que ahorra unos cuantos planchados. Probablemente no nos llevemos la plancha de casa, así que evitar la arruga se agradece.

Cremalleras resistentes y con doble cursor

Es una ley que la Física aún no ha estudiado pero se cumple invariablemente: cuando nos vamos de viaje, el contenido de nuestro equipaje cabe mucho mejor que cuando volvemos aunque la maleta y lo que hemos metido en ella no haya variado. Por esa razón, una cremallera resistente es fundamental. Sin ella, lo más probable es que cuando nos sentemos sobre la maleta para cerrarla mejor, la cremallera acabe estallando. Además, siempre resultará más fácil cerrar una maleta que se ha llenado más de la cuenta si disponemos de doble cursor.

¿Rígida o blanda?

Es una de las discusiones que levantan más ampollas entre los viajeros empedernidos: están los firmes defensores de las rígidas, argumentando que las bodegas de los aviones son un recinto poco cuidadoso y siempre es mejor prevenir que curar; y los devotos de las blandas, que prefieren llevar maletas más ligeras y manejables. Nosotros somos de los segundos: las maletas blandas dejan más espacio interior porque son más finas, resultan más fáciles de colocar en maleteros y portaequipajes de avión -también en los temidos carritos midemaletas que las compañías aéreas usan para ver si nos hemos pasado de listos no facturando- y pesan menos.

Con la medida justa para no facturar

Aunque fuéramos confiados y pensáramos que las compañías aéreas no pierden el equipaje (que no es el caso), esperar a que nuestra maleta aparezca en la cinta de equipajes facturados puede llevarnos 15 minutos, 35, 1 hora o toda una eternidad. La experiencia es como ir a un concierto de Lady Gaga: totalmente imprevisible. Por eso lo ideal es que podamos llevarla con nosotros si vamos en avión, aunque también es buena idea tener una maleta de medidas restringidas cuando viajas en coche, tren o autobús porque de esa manera no llevas más de lo necesario. Pero, ¿qué medidas tiene que tener el equipaje de mano para que entre en esa categoría? Pues depende de cada compañía.

Con doble asa

El asa que lleva la maleta en la parte de arriba -lo ideal es que sea extensible- es imprescindible. Pero nunca está de más una segunda asa en el lateral que facilite tareas como colocar la maleta en el compartimento habilitado para ello en los aviones. Así será más sencillo evitar el tapón en la cola de viajeros que viene detrás nuestro, quienes al menor parón suelen responder con un resoplido equivalente a “date prisa” o “no seas torpe”.

Con ruedas

Ya que estamos con el decálogo de la maleta -que no mochila- perfecta, no podemos olvidarnos de uno de los elementos fundamentales por el que muchos viajeros la prefieren al sufrido macuto: las cómodas ruedas. Si tiene cuatro en lugar de dos, necesitaremos menos esfuerzo para trasladarla de un sitio a otro siempre que vayamos sobre un suelo bien asfaltado. ¿Que giran 360 grados y son de un material resistente pero ligero, lo que las convierte en todoterreno? Mejor aún. Lo importante es que cuanto más sobresalgan, menos espacio le habrán quitado al interior de la maleta, aunque eso también hace que aumente su altura.

¡Vivan los compartimentos!

También en esto hay división de opiniones: los hay que prefieren organizarse ellos mismos todo el espacio y otros que preferimos que nos lo den ya organizado. ¿La ventaja de la segunda opción? Que todo lo que metamos en la maleta que se pueda romper/manchar/oler irá separado del resto. Además de que resulta más sencillo localizar objetos pequeños si los separamos del espacio general.

También a la espalda

La idea es llevar la maleta sobre el suelo y ahorrarnos esfuerzo, pero en ocasiones no será posible. Según el punto de destino, puede que nos toque trasladarla a pie sobre arena, asfalto muy irregular, charcos... Y en esas situaciones, las maletas que pueden convertirse en improvisadas mochilas son una salvación. En realidad se trata de maletas como todas las demás, con ruedas incluidas, pero que llevan también dos cintas anchas y acolchadas en su parte posterior para que podamos llevarla a la espalda si lo necesitamos.

Original

Independientemente de que le demos importancia a nuestros estilismos, incluidos los accesorios, o no les hagamos el menor caso, la regla de oro antes de comprar cualquier maleta es que se parezca lo menos posible a las demás. Es la única forma de identifcarla rápidamente en el maletero del autobús o en la cinta de recogida de equipaje del aeropuerto. Por eso, cuanto más llamativa sea, mejor. Aunque no seáis muy amigos de los colores flúor o de las estridencias, siempre es preferible una maleta hortera que una maleta desaparecida.

Económica

Obviamente, la maleta perfecta no puede costar un ojo de la cara, que eso ya nos lo habremos gastado en el billete de avión, el hotel, el homenaje culinario o lo que sea que nos indique que estamos de vacaciones y queremos disfrutarlo. Una buena opción son los outletsde maletas: aunque también haya “modas” en este sector, nadie notará si nuestra maleta es de esta temporada, de la pasada o de hace una década. 


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