Destinos

Gotland: la riviera sueca

Tengo un amigo que gasta sus vacaciones en islas. Da igual el continente, el tipo de playa o el clima… pero siempre en una isla. Hace unos años, el retraso en un vuelo de SAS y una ‘rubia cabellera’ que conoció en la caja del Ikea mientras pagaba una una estantería Billy le llevaron a Gotland. Sólo el nombre predispone a un viaje hasta esta isla, que presume de ser el refugio de los suecos ricos en busca de hacer una escapada a la Riviera de los Dioses.

No todo se consigue con dinero y este sitio lo demuestra. Cuenta la leyenda que Gotland era un lugar mágico que emergía de las aguas por el día para volver a sumergirse por la noche. Por desgracia, el conjuro se rompió cuando un hombre llamado Tjelvar llegó a la isla portando el fuego. Aunque como todas las leyendas, no sabemos si es verdadera, estudios geológicos han demostrado que Gotland se hundió y emergió del mar en varias ocasiones.

Llevado por esa ‘pasión de hombre’, difícil de entender, cuando creemos que hemos seducido a una mujer veinte años más joven que nosotros, “nuestro amigo” se presentó en Visby, cargado de buenas intenciones. Austeridad protestante, adaptación completa al medio y nada de cambio climático, y así fueron sus vacaciones…

Mucha paz, vida sana y predisposición a seguir todas costumbres fueron elementos del romance. Visby, la capital, fue un punto de partida para conocer la isla. Sus murallas, las ruinas de San Nicolas, su catedral y los relatos del rey Valdemar IV de Dinamarca, lo convierten en un lugar diferente.

Extraña naturaleza

Si tomamos la carretera que discurre paralela a la costa oeste nos encontramos con un paisaje formado por espesos bosques, acantilados rocosos, pequeñas playas de guijarros y una naturaleza agreste que atrae por su rareza. Es un lugar diferente. Cabañas abiertas cargadas de recuerdos personales y un mar tan limpio que anima a darse un baño, si no fuera por la temperatura del agua… Pasada la primera impresión térmica se nada o se bucea, pero siempre en movimiento. Aquí lo importante es que no piensen que tenemos frío.

Dormir en una cabaña sin luz también tiene su encanto. Todo depende de la compañía y de la calidad del desayuno, y eso está garantizado. Se debe comenzar el día con un desayuno desmorgasbords, que es una especie de buffet doméstico en el que se sirven embutidos de distintas clases, quesos, pepino y tomates y, en los más sofisticados, pescado ahumado. Las mermeladas son producidas con las frutas silvestres que crecen en la isla. Dicen que el pan suele ser poco refinado y si tenemos suerte podemos probar la especialidad local, que es el gotlandslimpa, una hogaza redonda con aroma a naranjas. Distinto, pero sabroso…

Y luego, pues bicicleta… Mucha bicicleta para ver Dalhem, donde se puede visitar una de las iglesias de mayor fama en Gotland, construida en el siglo XIII; o Roma, localidad con mucha vida en la que se encuentran las ruinas de un monasterio cisterciense del siglo X, que, desde principios de los años noventa, sirve de escenario para representaciones de teatro al aire libre.

Menos mal que el amor no siempre es ciego. Cuando la ‘belleza rubia’ propuso que establecieran su residencia en el sur, en una granja, junto a Hemse, el romance se rompió. La fuerza de unos fenómenos naturales como los los raukares, provoca maravillosas formaciones rocosas erosionadas y esculpidas por el viento y el agua a través de los siglos, y que aquí se encuentran en las bahías de Holmahellr. Un buen sitio para visitar, pero no sé si tan agradable para pasar la largas noche de invierno suecas… 


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