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Hossegor, el pueblo del surf donde las olas dibujan sonrisas

Hossegor huele a surf nada más llegar. Estamos en un pequeño rincón donde la cultura de este deporte ha calado tan hondo que ya resultan inseparables. Es imposible entender este pueblo sin las olas, y los apasionados de este deporte sueñan con este destino. A escasa media hora de la frontera entre España y Francia, en la región de Aquitania se sitúa la que es considerada como la mejor ola de Europa para practicar surf. Cada mes de octubre recibe a los mejores surfistas del mundo en una de las diez etapas del circuito profesional y una marea de surfistas, viajeros y curiosos llenan hasta la bandera este pueblo costero.

Extensos pinares y enormes dunas decoran un lugar que se ha convertido en centro de peregrinación de surfistas de todo el mundo. Una ola potente, hueca y rompiendo a escasos metros de la orilla se presenta como el paraíso para miles de aficionados que buscan llevarse a casa la experiencia de coger una de esas olas y hacerse un tubo, la maniobra reina por excelencia en este deporte. La rompiente no es fácil, resulta rápida y vertical, sólo apta para surfistas avanzados, aunque los 100 kilómetros de playa de esta costa aseguran olas para todos los niveles.

Las calles de Hossegor hacen de improvisadas pasarelas de moda surfera.

El turismo del surf es aquí el pan de cada día, pero la época puntera es sin duda durante la celebración del Quiksilver Pro France, la emblemática prueba del circuito mundial que se celebra anualmente en la playa de Hossegor. Los profesionales procedentes de Brasil, Estados Unidos o Australia entre otros países se baten en duelo con una ola cuya fuerza puede jugar malas pasadas, pero que ellos mismos califican como una de las mejores del mundo. Este año fue el actual líder del circuito, el australiano Mick Fanning, el que se llevó el gato al agua, venciendo en la final al joven brasileño Gabriel Medina, que firmó una actuación impecable durante todo el campeonato.

Compras surferas

Fuera del agua, el surf sigue teniendo una fuerte presencia. Las grandes marcas de este deporte se han asentado en este pueblo convirtiéndolo en uno de los destinos más apetecibles para salir de compras: outlets con descuentos de vértigo, las colecciones más nuevas de las marcas punteras y un amplísimo catálogo de tablas de surf de primera y segunda mano a precios que seducen a cualquiera. Las calles de este pueblo hacen de improvisadas pasarelas de moda surfera y son también el gran escaparate donde ver y dejarse ver.

Las surfhouses (casas de surf) se han multiplicado hasta convertirse en la opción estrella para los visitantes que quieran alojarse aquí y disfrutar al máximo de la experiencia del surf. Por un precio bastante asequible y a escasos metros de la playa estas casas se llenan de surfistas y se crea un agradable ambiente que cautiva a los inquilinos. Además, la mayoría de ellas incluyen el alquiler del material necesario para entrar al agua, para los que prefieren no arriesgar su propia tabla. La fama de esta ola también reside en ser una de las rompientes donde más tablas se parten.

Hossegor es un lugar donde los problemas de las grandes ciudades no tienen espacio.

El que visita Hossegor una vez repite. Este pueblo engancha, el ambiente que se respira, la perfección de las olas… la única preocupación que se tiene aquí es saber cuándo habrá marea alta o marea baja; el principal problema, elegir en que parte de la playa están las mejores olas. Un lugar donde los problemas de las grandes ciudades, el estrés o la ansiedad no tienen espacio y donde las olas dibujan sonrisas en las caras de los que juegan con ellas.


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