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Los 7 pueblos más bonitos de Lleida

Hay provincias que parece que han sido tocadas por una especie de varita mágica para que no les falte absolutamente de nada. Una de ellas es Lleida: dos parques naturales que se suman al espectacular Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici; unos paisajes pirenaicos en los que dan ganas de rodar cualquier película sobre paraísos terrenales; gastronomía de la de dejar la dieta para otro lunes...

En mitad de ese entorno se levantan unos pueblos que merecen ostentar el título de lugares casi mágicos. Estos son 7 de esos pueblos con encanto que ocupan los primeros puestos de nuestro ránking. Feliz ruta.

Canejan

No es raro verlo aparecer en las listas de los pueblos más bonitos de España porque es una apuesta segura que, objetivamente, no puede defraudar a nadie: con mucha menos población que Vielha, la localidad vecina más famosa del valle, pero no con menos encanto, Canejan es de esos pueblos que hay que visitar al menos una vez. Elevado sobre el curso del río Garona a 906 metros de altitud, y rodeado de bosques de haya y abetos, está colgado de una de las montañas que dan entrada al Valle de Torán.

No llega a los 100 habitantes y es uno de los pueblos de esa zona que se ha mantenido más ajeno al desarrollo turístico. Entre las visitas imprescindibles,  la Casa Saurat, del siglo XIV, la casa Benosa, que tiene una capilla románica con el campanario de espadaña, y la iglesia Sant Joan d’Agost, con un campanario de torre cuadrada. Desde el mirador se puede disfrutar de las vistas sobre el valle del Garona, parte del bajo Aran y la Maladeta. Un regalazo.

Os de Civís

Uno de esos pueblos que se llevan la palma en cuanto a originales. Para empezar, porque ni siquiera se puede acceder a él en coche desde las carreteras nacionales: para entrar en Os de Civís hay que hacerlo desde Andorra. Una vez allí es una auténtica gozada pasear por sus calles de piedra, que serpentean hasta encontrarse con la iglesia románica, en lo alto del pueblo.

La postal que ofrecen las casas de piedra y pizarra, los ríos que atraviesan Os de Civís y las montañas de los Pirineos como telón de fondo no es nada fácil de encontrar. Un lujo de los que ya quedan pocos.

Les

Cerca de Canejan y también de la frontera con Francia (es el último pueblo antes de entrar en el país vecino) se levanta el tranquilo Les, surcado por el río Garona. Es un pequeño paraíso del que ya disfrutaron los romanos, quienes eran asiduos de sus termas. Y desde entonces nunca ha pasado desapercibido. De hecho, Jaime I ya descansó en su visita al valle de Arán en el castillo de Les. Pasear sin más por este municipio, donde se levantan las características construcciones típicas aranesas, es un placer de los de no mirar el reloj. Entre otras cosas, en Les podéis conocer las bordas, edificios que se construían como almacén de hierba y de herramientas y también para alojar al ganado. Algunas se construían junto a los prados alpinos para facilitar el trabajo durante la cosecha. Otras se situaban al lado de la vivienda, en el pueblo.

Guimerà

Lo llaman el pueblo de piedra, y en él es más fácil que en ningún otro sitio imaginarse cómo sería la vida allá por la época de la Edad Media. De hecho, su núcleo medieval es de los que deberían aparecer entre las maravillas mejor conservadas del mundo, y si no daos una vuelta por el laberinto de calles que suben hacia la iglesia y la torre o echad un vistazo a la parte baja del pueblo y cruzad las pasarelas que comunican las casas a ambos lados de la calle. No os podéis perder la iglesia de Santa María de Guimerà ni la torre de vigía del Castillo de Guimerà, la construcción más emblemática de esta localidad. Los cristianos edificaron el castillo en el siglo XI, durante la Reconquista.

Peramola

Situado en el Alto Urgel, una de sus señas de identidad es la iglesia de San Miguel, de origen románico, aunque no es la única. También merecen una visita la iglesia de la virgen de Castillebrel, construida entre el siglo XI y principios del XII, y la iglesia de Santa Lucía, también de origen románico. Pero Peramola tiene otros encantos poco comunes, y es lo que hace de este municipio un lugar que merece la pena visitar. Entre ellos, las pinturas rupestres de la Roca Dels Moros, una de las primeras muestras de la presencia humana por esta zona que se incluyó en el Patrimonio Mundial de la Unesco hace 16 años. O El Camino de las Fuentes, una  ruta que lleva a las fuentes cercanas saliendo desde el lavadero de la entrada del pueblo y que remonta al visitante a épocas pasadas, pasando por antiguos puentes románicos y viendo viejas norias que subían el agua al depósito del pueblo. Ya que estáis por allí podéis aprovechar para probar el famoso caviar de Les, que se fabrica allí mismo con huevas de esturiones.

Sort

Capital de la comarca de Pallars Sobirá, todas las Navidades aparece en nuestras pantallas en los previos al sorteo de la lotería o el mismo día del sorteo. Pero Sort es mucho más que administraciones de lotería y gente descorchando champán. Para empezar, es un lugar perfecto para soltar adrenalina: situado en pleno pirineo, a orillas del río Noguera Pallaresa, invita a los aventureros a hacer rafting, piragüismo, barranquismo, parapente y un largo etcétera. Pero también se puede dejar el turismo de aventura para otra ocasión y recorrer las calles de Sort sin prisa pero sin pausa, de lo que no os arrepentiréis: hay que darse una vuelta por el casco histórico, con callejuelas en las que se levantan casas de piedra y pizarra. Lo corona el espolón rocoso donde se encuentran las grandes torres, la fachada gótica y las murallas del antiguo Castillo de Sort, que fue residencia de los condes del Pallars. También merece una visita la iglesia de Sant Feliu, tras lo que los amantes de las mariposas no pueden pasar de largo ante uno de los museos más curiosos de la zona: el Museo de Mariposas de Cataluña, que está en Pujalt. Antes de marcharse, los de paladar exigente pueden pasarse por el famoso El Fogony (http://www.fogony.com/), galardonado con una estrella Michelín. Para cerrar la visita con buen sabor de boca.

Solsona

Aparte de ir para conocer su carnaval, que ya fue declarado Fiesta de Interés Turístico Nacional hace casi 40 años, Solsona es buen destino en cualquier época del año. Sobre todo si tenéis tiempo y ganas de patearos la localidad sin descanso. Entre los imprescindibles están la catedral, el Palacio Episcopal y Museo Diocesano y Comarcal de Solsona, los portales y murallas de la ciudad, la plaza Mayor, la de Sant Joan, la casa de la Ciutat, el Palau Llobera...

Así que patrimonio cultural no le falta. Pero es que fiestas, tampoco: además de los carnavales es muy conocida la Fiesta Mayor, el Corpus Christi o la feria de San Isidro, entre otras celebraciones. Turismo cultural y turismo de festejos. ¿Quién da más?


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