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Doñana, la tierra de los mil atardeceres

Cualquier estación es buena para conocer Doñana. La estación seca modifica el paisaje, transformando la marisma en estepa. El humedal merma y deja paso a llanuras de arcilla cuarteada.  Las  flores de la primavera desaparecen y el calor hace sestear durante el día a casi toda la fauna del parque.

Para los bird-watchers, Doñana es el paraíso. Aunque el verano no es la mejor de las estaciones para ellos.  Habitan durante todo el año unas 180 especies y el parque cuenta con numerosos puntos de observación alrededor de los centros de visitantes, como en el de la Rocina, o en el Acebuce, donde a través de cortos senderos podremos acceder a numerosos puntos preparados para sacarle partido al zoom.

La visita al Parque Nacional solo puede realizarse mediante excursiones en todo terreno que parten desde el centro de visitantes de El Acebuche, en la provincia de Huelva. La visita es muy completa y conoceremos las dunas, los corrales, marismas, la playa y el pinar, haciéndonos una idea bastante profunda de Doñana. Procura contratar con antelación la visita, porque puede haber lista de espera.

Otra opción -también guiada- es la de contratar el barco que hace un itinerario por el Guadalquivir, partiendo desde Sanlúcar de Barrameda, parando en el Poblado de la Plancha y en las Salinas de Monte Algaida. No hay que olvidar los  prismáticos para disfrutar a tope de la travesía.

Senderos perfectamente asequibles

Si lo que nos apetece en cambio es andar un poquito e ir por libre, alrededor de los seis centros de interpretación encontraremos senderos que nos mostrarán todos los ecosistemas de Doñana, de manera fácil e intuitiva. Son senderos perfectamente asequibles y podremos hacer varios en una sola jornada o echar la tarde viendo evolucionar la fauna local.

En sus más de 100.000 hectáreas -entre Parque Nacional y Parque Natural-, Doñana esconde construcciones de todo tipo. Palacios como el de las Marismillas, el Camp David español, donde a los presidentes españoles les gusta recibir a los jefazos extranjeros; o el de Acebrón, ruina total de su propietario y hoy centro de interpretación del parque. También casas de labor, torres de carboneros, fábricas de hielo, chozas marismeñas y cortijos nos darán una idea de cómo eran los habitantes del Parque.

Excursiones a caballo o en globo

Otra forma de conocer Doñana y sentirnos marismeños o señoritos -según el gusto de cada uno- es contratar una excursión a caballo o en coche de caballos. Nada como un caballo Pura Raza Española para realizar una visita silenciosa y menos concurrida, a este espacio único.

Y para finalizar, si lo que te apetece es disfrutar a vista de pájaro de Doñana, puedes contratar una excursión en globo, para imaginar que eres uno de los miles de pájaros que habitan el parque. 


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