El Oporto no es un vino, es una sensación,  un ritual. En él se concentra lo mejor del Valle del Duero, un lugar -Patrimonio de la Humanidad- donde se cultivan las uvas para almacenarlas y fermentarlas luego en bodegas. Aunque suele ser un vino de aperitivo o postres, el Oporto marida con casi todo: las buenas lecturas, el espacio que se hace entre un buen momento y el siguiente y por supuesto, el motivo para  un paseo temático por la ciudad,  símbolo de uno de los caldos más apreciados y míticos de Portugal.

La elección del lugar para beberlo no es, ni mucho menos, un capricho. Forma parte de un recorrido, una ruta dulce y personal. De ahí la elección de cinco lugares perfectos para disfrutarlo.  El recorrido, en esta oportunidad, se concentra en Vila Nova de Gaia, municipio próximo a la ciudad que ha ido creciendo en los últimos años y que se caracteriza porque allí se encuentran las bodegas más famosas: Calém, Ramos Pinto, Ferreira, Sandeman…  Eso sí, la última copa de la ruta va por cuenta del Majestic, en el centro de la ciudad.

El recorrido se concentra en Vila Nova de Gaia, municipio próximo a la ciudad donde se alojan las bodegas más importantes.

Existen dos lugares perfectos dónde comenzar a beber las copas del mejor Oporto, no sólo por la calidad en sí sino por la singularidad del lugar: las Bodegas Taylor’s y el espacio Porto Cruz. El primero aloja la que se conoce como una de las casas inglesas de vino Oporto más antiguas de Portugal que todavía permanece en manos de  una misma familia. Sus más de tres siglos de tradición se reflejan en el espacio donde sus vinos envejecen: enormes barricas y cubas en cuyo interior se fermentan las añadas clave.

Además de sus almacenes, del que mana un olor dulzón impregnado de vino y madera,  Taylor’s tiene un espacio dedicado a la degustación y cata. Se trata de un jardín muy bien guardado entre gruesos muros desde el que es posible contemplar el puente Don Juan I que cruza el Duero, además de hermosas vistas de la ciudad. Ahí se encuentra el Barão de Fladgate, restaurante de las bodegas y lugar ideal para beber uno de los famosos Vintage de la casa, el rey de los oportos. Está hecho con las mejores uvas y sólo se produce con cosechas excepcionales, cuando la bodega “declara” que ese año es Vintage.

El espacio Porto Cruz abrió sus puertas el año pasado. Mezcla vino, arte, música, moda y teatro.

El segundo lugar para beber –y experimentar- el Oporto es, sin dudas, Porto Cruz. Está ubicado justo frente al río Duero, en la Ribeira de Gaia, un lugar que fue punto de encuentro de comerciantes y pescadores desde la época medieval. El edificio, reformado en 1881, se remonta al siglo XVIII y a la expansión del comercio del vino de Oporto, de ahí que se escogiera este sitio para crear, en 2012, un lugar que rindiera homenaje al vino, claro, está, pero también a la cultura portuguesa a través de sus artistas.

El edificio, diseñado por los arquitectos franceses Luc Arsene Henry, Alain Triaud y Juliette Farquere y los portugueses Arq 2525, tiene cuatro plantas, dos salas de exposiciones, un auditorio y una moderna sala de catas, en el que hasta los niños pueden tener su propio espacio para aprender. Es un lugar en el que coexisten la moda, las artes plásticas, la música, el vídeo, el teatro y la danza. No es un museo del vino, sino un proyecto en el que enología y cultura propician el encuentro con distintas manifestaciones. Ahí es posible deleitarse con una escultura de Siza, pero también probar una exquisita degustación en el Restaurante DeCastro Gaia, a cargo del chef portugués Miguel Catsro Silva, beber un cóctel en uno de los sofás de su Terrace Lounge 360, un bar cuya azotea permite vistas panorámicas de la ciudad y que está dirigido por Paulo Ramos, de la Cocktail Academy.

El Palacio de Freixo es otro lugar ideal para disfrutar de un buen Oporto Tawny.

Desde ahí es posible disfrutar del paisaje del río Duero, surcado a lo largo del día por los barcos rabelos. Estas embarcaciones fueron utilizadas en los siglos XVII y XVIII para transportar el vino y hoy funcionan como ferrys para ver no sólo la desembocadura del Duero en el Atlántico, sino también los seis puentes que identifican a la ciudad, dos de ellos el Puente María Pía, construido por Gustave Eiffel en 1877, y el Luis I. En la Ribeira se concentran también restaurantes, bares, cafés, en los que se puede beber una copa tranquila, mientras  ve pasar los barcos.  Hay dos opciones dónde beber una tranquila copa: en Chez Lapin y Fish Fixe. De ellos, elegid uno. De lo contrario, nos pasamos de copas -de las cinco acordadas, vale acotar-.

También a orillas del río Duero, está el Hotel Palacio de Freixo, una construcción de 1742 hecha por Niccolau Nasoni –el arquitecto fundamental de la ciudad, a él pertenece, entre otros, La Torre de los Clérigos-, que fue declarada patrimonio nacional en 1910.  Se trata de uno de los lugares probablemente con más encanto de la ciudad. El estilo barroco, de amplias salas y ventanales luminosos, además de sus jardines con vista al río, son una invitación a pasar horas enteras recorriéndolo. Funciona como posada, aunque también es posible pasar y tomarse un Oporto blanco bien frío o una copa de Oporto Tawny en su terraza.

Esta ruta debe terminar en el centro de Oporto, en la calle Catarina, en el número 112: el Café Majestic

Esta ruta debe terminar en el centro de Oporto -también declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco-, en la calle Catarina, uno de los corredores comerciales de la ciudad y en cuyo número 112 se alza todavía el Café Majestic , que abrió sus puertas el 17 de diciembre de 1921 con el nombre de Elite. Diseñado por el arquitecto Joao Queirós, el Majestic es un verdadero templo del art Nouveau cuyas lámparas, espejos y mesas de mármol, maderas y hierro se mantienen intactas hasta hoy en un ambiente señorial  -pero ciertamente estropeado- que hace la experiencia todavía más entrañable. Recomendación adicional: antes de pasar por el Majestic vale la pena buscar algo qué leer mientras se paladea un Ruby o un Oporto blanco, ¿el lugar? la librería Lello e Irmao, a menos de 10 minutos andando. La frase de Félix Romeo que abre este reportaje -¿una quedada? ¿una cita?- no puede ser más clara. Es ahí, en el Majestic, donde debe comenzar la tarde y, de momento, acabar este recorrido.


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