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Agenda Marabilias: cinco secretos muy bien guardados en La Latina

Que algo sea un secreto en un lugar como La Latina es difícil; y bastante. Zona de juerga, de terrazas, tapeo y cañas, este barrio de Madrid se ha consolidado desde hace unos años como el sitio ideal para celebrar. Sin embargo, en Marabilias recomendamos algunos remansos de paz en los que todavía es posible gozar de tranquilidad.

La Angosta. Está en el número seis de la calle Los Moncebos. Se trata de La taberna de La Angosta, un lugar apreciado por su especial terraza. Se trata de un enclave exclusivo en el ángulo formado por la capilla del colegio Sagrado Corazón y la sede de la Real Academia de Ingeniería, el que fuera el antiguo Palacio de Villafranca, original del siglo XVII. Un apacible rincón, con apenas una decena de mesas con sombra garantizada durante todo el día (dos grandes árboles, una palmera y una morera, se encargan de ello), donde es posible sentirse fuera de la ciudad, y con unos grados menos que los registrados alrededor. Una de sus especialidades es el granizado de Mojito.

El Esconditeatro. Número dos de la calle Estudios. Es un espacio teatral pensado para que el espectador sienta el teatro de una forma cercana, directa y totalmente viva; así lo afirman sus responsables. La mayoría de los montajes teatrales son propuestas emergentes y alternativas en el formato de micro-obras. Las funciones son los jueves, viernes y sábadoS a partir de las 20.30.

Jardín del Príncipe de Anglona. Este remanso de paz de 500 metros cuadrados es dieciochesco. Lo construyó en 1761 el arquitecto y paisajista Nicolás Chalmandrier, y en él trabajaron los mismos arquitectos y jardineros que en ese momento estaban construyendo el Parque del Capricho. Este jardincito de La Latina estuvo vinculado a la casa-palacio del Príncipe de Anglona, que tuvo ilustres moradores a lo largo de su historia, como el XI Conde de Benavente. Pero el jardín, tal y como está hoy, fue un encargo de los marqueses de la Romana al pintor y paisajista J. De Winthuysen en 1920. Ahora, el parque es de propiedad municipal (abre de 10.00 a 18.30). Pero, para muchos, sigue siendo un secreto.

La Taberna de Rayuela. Vecina de la Plaza de Oriente y el Palacio Real, abre sus puertas al pie del Viaducto, a unos siete minutos de la Plaza Mayor.Un lugar donde degustar platos conocidos y probar otros nuevos y tomar una copa con viejos amigos. La mejor comida -especialmente sus croquetas- y el mejor ambiente en uno de los lugares más pintorescos del viejo Madrid de los Austrias, al abrigo de arcos y escalinatas, con grandes ventanales al parque de Las Vistillas.

El Molar. En La Latina, esta librería-bar (Calle La Ruda, 19) se suma al contagio de librerías-café iniciado por La Fugitiva o Tipos Infames; eso sí, con un toque acogedor. Su oferta en libros y vinilos es todavía mejorable. Sin embargo, ofrece una atmósfera propicia para la conversación,  la lectura y la tranquilidad. Un reducto de ocio y cultura que ha sido recibido con entusiasmo por los vecinos en un barrio donde abundan, sí, los bares y los restaurantes pero donde las librerías son un raro especimen. Exposiciones de arte y pintura también tienen aquí su espacio. Wifi para poder trabajar, prensa diaria, fanzines… en definitiva, todo preparado para pasar un rato de sábado o domingo. Además, la gente de La Fonoteca acaba de hacerse cargo de su sección de vinilos con una exhaustiva selección de discos independientes nacionales. Los desayunos se sirven desde 2,20€ y las tartas, 3,30€. El horario es de lunes a viernes 10 a 14h y de 16:30 a 22:30h. Sábado y domingo, horario continuo.


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