Destinos

A vueltas con la caza

Como estoy seguro de que mi anterior artículo sobre la caza no faltaba a la verdad y tampoco usaba término alguno insultante, apenas comprendo que se me insulte o descalifique por lo escrito. Recomiendo, por tanto, releer con calma esos párrafos.

De caza (flickr | coklu - imagen con licencia CC BY 2.0).
De caza (flickr | coklu - imagen con licencia CC BY 2.0).

En cualquier caso, lo mío también es pasión: la de que haya más vida para que podamos disfrutar contemplándola. Por ello, y sin haber recibido nunca nada a cambio que no sea mi satisfacción por cumplir un deber que yo mismo me impuse, sigo manteniendo que matar por entretenimiento me parece mucho menos apasionante que volver a ver vivos a los animales o salvar paisajes, mantener especies y pelear por más transparencia en los aires, las aguas y la gestión de cualquiera de las cosas de nuestro mundo. En todo eso consiste el ser naturalista. En mi caso también campesino, dueño de una reserva biológica/refugio de caza y vecino de un buen número de cotos.

Con todo, nunca prohibiría la caza. Me encantaría, eso sí, que se diluyera progresivamente en un desuso por falta de afición, antes de que todavía mengüen más las especies cazadas o aumenten las presas criadas en granjas. A corto plazo, en cualquier caso, cabe hacer muchas cosas en las que resultaría imprescindible que los cazadores aportaran y reconocieran.

En primer lugar que no hay continuidad sin el reconocimiento de unos límites. Limitar cualquier aprovechamiento a la capacidad que la Natura tiene de renovarlo es el principio vital más crucial. Por eso mismo, todo empezaría a mejorar si el colectivo que porta escopeta vislumbrara y agradeciera los extraordinarios, insustituibles y no remunerados servicios que les prestan, por esto orden, los ciclos y procesos naturales, los campesinos y los naturalistas. Todos ellos, y todos nosotros, colaboramos en que sea posible su afición.

Con las excepciones, que las hay, la caza, como el turismo y tantos otros sectores económicos, gozan de un bien que en absoluto han creado y que demasiadas veces ni siquiera ayudan a mantener. Es más, no resulta infrecuente que participen en su merma. De ahí el demandado incremento de la deportividad que debería traducirse en la práctica desaparición de las formas de abatir animales masivamente y con casi nula oportunidad para las presas. Algo así como un número máximo de capturas día en todos los cotos y para todas las escopetas. Algo que solo se hace en cotos sociales o por iniciativa de los propietarios o arrendatarios más coherentes.

Lo dejo, por el momento, aquí. Porque no conviene despedirse de tan intenso tema sin escribir algo sobre los dineros de la caza. Porque podrían ser muchos más y mucho mejor repartidos y reinvertidos para mejorar la situación.

Gracias y que, a todos sin excepción, os atalante el derredor.


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