Destinos

El triste balance del Día Mundial del Medio Ambiente

Nos obliga el desaliento. Van tan mal los derroteros de los derredores que, cuando lo suyo sería tirar la toalla, hacemos todo lo contrario. Insistimos en librar todas las contiendas posibles contra una crisis que ha situado todas las cuestiones ambientales en los peores lugares de los últimos 40 años. No pretendemos competir con el mundo laboral, ni mucho menos con el político o el económico. Todos ellos abrazados a la catástrofe pero podemos aducir que a quien peor le va es a los que ni siquiera aparecen en el cotidiano escenario de lamentaciones. Malo es estar mal, pero peor el no poder contarlo en los medios de comunicación.

Strelitzia (Gtresonline).
Strelitzia (Gtresonline).

Algo queda, por supuesto, pero recordemos que han sido volatilizadas la mayor parte de las publicaciones especializadas en la salud del entorno y de naturaleza. Lo mismo ha pasado con los programas de radio y televisión. Al borde de la extinción están los documentales de esta temática. Igual o mayor derrumbe ha caído sobre las convocatorias de cursos, maestrías, conferencias convencionales y casi todo lo relacionado con las exposiciones. La demolición menos advertida ha sido precisamente la de lo más serio, completo y necesario que teníamos en materia informativa sobre la vivacidad de este país. Era la que se lograba a través del Observatorio de la Sostenibilidad, una de las primeras coherencias eliminadas por el actual Gobierno.

Si no fuera por las redes sociales, blogs y anejos, en realidad apenas quedaría nada que recordara a los españoles que respiran, beben, pasan más calor o comen y todo eso sigue teniendo mucho que ver con la consideración con que se trate a esos elementos. Ya sé que el porvenir parece estar en estos otros medios, los informáticos, de estar presente en los demás, pero seguimos necesitando mucha más presencia capaz de movilizar nuevas conductas.

Insisto: no conviene olvidar que uno de los ambientes más dañados son precisamente los medios de comunicación. En cualquier caso que el medio ambiente haya pasado, en las encuestas del CIS, de una quinta posición en las preocupaciones de la sociedad española -allá por los años noventa- a casi el último lugar demuestra que algo muy serie está ocurriendo en la sensibilidad de las mayorías. Sabemos que lo más cómodo siempre resulta eliminar lo que no tiene mucha capacidad de respuesta. Pero la fortaleza se debería medir siempre por la protección que le demos a lo más débil. Acaso por eso mismo hemos presenciado a lo largo de los dos últimos años la demolición de bastantes de las tímidas aportaciones que en defensa del entorno se lograron a lo largo de las legislaturas anteriores.

Solo por mencionar algunas de las rotundas mermas impuestas en los últimos dos años: se despoja a los parques nacionales de una parte de su principal función. Arrecian los venenos, la persecución a especies como el lobo. Los transgénicos ganan terreno cuando están bloqueados en buena parte de Europa. El sabotaje a las energías renovables se convierte en norma y nos retrasa en todo lo relacionado con el cambio climático. La impunidad por delitos urbanísticos se consagra con la nueva ley de costas. Leyes de caza permisivas y anacrónicas. Amenaza de reapertura de centrales nucleares y minas a cielo abierto que hace ya mucho tiempo que debieron dejar de existir. Intentos de privatizar algunos enclaves privilegiados de nuestro patrimonio natural...

La cuestión es no enterarse de que el ambiente siempre está en medio y que es el único medio que tenemos para mantener lo más importante: nuestras vidas y las de todo lo demás.


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