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Railay: Las playas escondidas del sur de Tailandia

Los paisajes improbables del sur de Tailandia alcanzan en Railay su máximo esplendor. Aquí hay paredes calizas que surgen directamente de un mar con color de piedra preciosa —entre esmeralda, turquesa y aguamarina según el momento del día— y el conjunto es algo digno de ver. Por supuesto, entre los farallones rocosos aparecen playas de arena blanca.

Lo curioso de este lugar que se conserva razonablemente bien a pesar de su atractiva belleza es que no es un enclave remoto al que se llega después de una larga travesía por el mar de Andamán. En realidad Railay está a tiro de piedra de Ao Nang, uno de los destinos playeros más conocidos del país, y por tanto muy cerca de Krabi, la capital local y centro de entrada y salida de la región con su aeropuerto internacional.

Pues allí, muy cerca, ocupando el extremo de una península, se esconde Railay. Lo importante es que, a pesar de estar situada en el continente, la única manera de acceder a este conjunto de playas y rocas es por mar, lo que la ha apartado bastante de las rutas más concurridas.

Tres playas resaltan en este mundo rocoso: Hat Rai Leh East, Hat Rai Leh West y Hat Phra Nang. La primera es la más amplia y en algunos lugares tiene manglares al pie de los farallones. Es el punto de entrada de la mayoría de los visitantes por la facilidad de acceso desde Krabi y porque aquí se concentran muchos alojamientos. La playa occidental es el lugar para encontrar un chiringuito en el que disfrutar de una comida tradicional en medio de una jornada playera o, imprescindible, de una bebida en ese momento mágico de la puesta del Sol.

Phra Nang es la que mira al sur. Si las otras dos playas son hermosas ésta quita el aliento: un trazo de arena blanca entre el mar, los farallones rocosos y la vegetación tropical. Adornando la playa aparecen dos islotes rocosos. En uno de los extremos de la playa aparece la cueva de la Princesa, que recuerda la historia de un naufragio ocurrido hace muchos siglos. El detalle curioso lo brinda la capilla erigida por los pescadores de la zona en una de las cavernas naturales de la montaña, accesible desde la playa. Lo curioso es que está llena de ofrendas con forma de grandes falos hechas por los pescadores para garantizar, dicen, una buena temporada de pesca.

Aparte de por sus buenas playas, Railay es una meca para los escaladores, que encuentran en estas formaciones kársticas un excelente lugar para practicar su deporte. Lo bueno de Railay es que aquí es posible dedicarse tanto a no hacer nada o a que te den un masaje como no parar de hacer ejercicio con la escalada, el piragüismo y cualquier otra actividad náutica. Al atardecer, eso sí, todo el mundo se concentra en disfrutar del momento ya sea con una conversación o con la mirada perdida en el horizonte.


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