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Son Gener: el placer de volver al paraíso

Pasan los años y el tiempo no quita serenidad a este maravilloso hotel. Sus líneas son eternas. Su diseño sigue llamando la atención y los clientes vuelven una y otra vez. Aun siendo un simple cliente, se tiene la sensación de volver a casa. Son Gener es uno de esos sitios que nos gustaría que fuera nuestro. 

Su ubicación ayuda mucho en una primera impresión. Son Gener corona una de esas colinas desde donde se domina el horizonte azul mediterráneo. Sus alrededores son suaves, y delicados. Jardines y caminos son un escenario creado para el protagonista principal. No es extraño que algunas veces los huéspedes lleguen a plantearse en serio una casa igual, una especie de clon arquitectónico

Se trata de un hotel en el que la claridad del estilo arquitectónico balear se convierte en sobriedad minimalista. Espacios amplios, luminosos, blancos… Un entorno en el que se han sabido colocar los muebles y los detalles transmitiendo un sosiego sin igual. El conjunto está formado por varias casas del siglo XVII que en su día se ocuparon de la producción de aceites y cereales. Sin embargo el trabajo de restauración ha logrado convertirlo en una novedosa construcción de fachada blanca y luminosa que contrasta con el verdor de sus jardines.

Nada más atravesar su puerta con arco de medio punto tenemos la sensación de llegar a un lugar diferente. Las grandes piedras de la recepción le dan una sensación de templo. En el interior los espacios están perfectamente pensados, nada sobra ni falta, todo es perfecto y el lujo hace su aparición en los pocos pero exquisitos muebles que los habitan. No faltan los toques orientales en tatamis y sofás, combinados a la perfección con esos muebles clásicos tapizados en blanco. 

En sus amplios salones se pueden encontrar algunos elementos que nos recuerdan sus orígenes como casa agrícola, y que han sido empleados elementos decorativos.

Aquí no aparecen ni los trillos de los abuelos, ni las flores deshidratadas compradas a última hora, ni ese pretenciosos agro neohippismo. Su gran rueda de molino, las vigas de madera y los fragmentos de pared sin enfoscar hablan del pasado, pero sin cargar.El gran elemento decorativo es la luz. La sencillez de la construcción hace el resto. 

En las habitaciones los doseles, el lino, el blanco y el crudo llaman al descanso y a la ensoñación, mientras se goza además de todas las comodidades que ofrece cualquier hotel de lujo. Afuera nos espera una piscina rodeada de almendros y palmeras y blancas tumbonas, del mismo color de la piedra de la piscina. Un capricho perfecto para los que quieren un puente de los que no se olvidan.

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