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Posada La Cartería: un refugio en la Puebla de Sanabria

Óscar Somoza sabe vender muy bien este rincón zamorano. Siempre es agradable ver como adorna la historia de esta edificación que ha servido de referencia para vender el nuevo turismo en la Puebla de Sanabria. El escudo que preside la entrada nos dice que fue edificada en 1736. Parece ser que fue usada originalmente por los monjes cistercienses para cobrar el diezmo antes de convertirse en la primera casa de correos de la zona, hace más de un siglo.

El lugar es inmejorable, al estar situada en pleno casco histórico de la villa medieval de Puebla de Sanabria. Por suerte, el trabajo de su hermano Paco, responsable del proyecto arquitectónico, permitió la recuperación de numerosos rincones en un sano ejercicio de rehabilitación. Por fuera, una fachada de lajas de piedra, vigas de madera, suelos de roble y tejado de pizarra; por dentro, una mezcla de vanguardia y funcionalidad que sigue llamando la atención.

En estos primeros días de otoño, después de vigilar la sinuosa curva del río Tera desde la muralla y dar una vuelta por Puebla, se agradece llegar a la casa y contemplar desde su galería acristalada las mejores panorámicas de la zona.

Algunos del pueblo todavía se sorprenden del trabajo de recuperación que se hizo en los sótanos de su restaurante, que es una pequeña joya, ya que tiene salida directa a la muralla y “puede presumir de haber tenido a Felipe y Letizia cenando”, como dicen en el pueblo. Todo un lujo para los sentidos que se acrecienta leyendo un libro tranquilamente junto a la chimenea, mientras uno sueña con probar los tradicionales habones de Puebla y una buena ración de pulpo.

Al día siguiente hay que acercarse hasta el Lago de Sanabria, que sigue presumiendo de ser el mayor lago glaciar de la Península Ibérica, con más de 3 kilómetros cuadrados. La conducción por los alrededores del lago se hace un placer, ascendiendo hacia San Martín de Castañeda, donde está el Centro de Interpretación. Sin embargo, aquí no acaban las cosas, ya que las vistas son aún mejores siguiendo la carretera que sube hasta otras cubetas glaciares, como la de Las Truchas. Un lugar perfecto para entender el otoño, donde no faltan interesantes muestras de flora, dominada por robledales, abedules y acebos. 


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