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Cuando los tópicos definen a tu país

Vivir en un mundo tan acelerado como el de nuestros días favorece los atajos, incluidos los que son de corte intelectual, como los estereotipos. Estas ideas comúnmente aceptadas, en la mayoría de los casos, resultan reductoras. Tanto, que para el artista búlgaro Yanko Tsvetkov, esas concepciones constituyen la esencia misma de su trabajo como geógrafo de los estereotipos, con el que se ha dado a conocer a nivel mundial. Su último libro aparecido en Alemania es Atlas der Vorurteile (Ed. Knesebeck, 2013) - “Atlas de los prejuicios” -, una invitación a reírse de las ridículas ideas que se tienen de la alteridad. 

Atendiendo a los mapas del mundo elaborados por Tsvetkov, donde en lugar del nombre de los países, éstos aparecen designados por el estereotipo que les da una u otra nación, la imagen internacional de España no pinta bien. Así, para los franceses, nuestro país se reduce a “bailaores flamencos”. En Italia, a España se la ve como un lugar donde se hablan los “dialectos italianos”, términos con los que hay que identificar al castellano, catalán y gallego. Para los turcos, España se limita a ser “muchos cerdos”, mientras que los polacos nos identifican con “tomates y toros”. Ni siquiera el Vaticano nos ve bien, según Tsvetkov, porque por mucho que en la Santa Sede se considere a España “tierra santa”, ésta se encuentra “bajo ocupación gay”.

Desde el norte de Europa, los luxemburgueses ven a nuestro país formando parte de una suerte de federación de gente “infantil con poco talento contable”. En ella están unidos españoles, “atrasados”, con portugueses, “temporeros”, italianos, “ruidosos” y griegos, “astutos”. También los alemanes nos meten en el mismo saco que a los griegos bajo la denominación “hoteles baratos aquí”. No obstante, nuestro territorio goza de una especificidad que nos vincula a los germanos. Y es que las Islas Baleares son la “Alemania Balear” en el mapa titulado “Europa según Alemania” que contiene el Atlas der Vorurteile.

Esa curiosa representación germánica del 'Viejo Continente', elaborada en 2010, ha cambiado tras la crisis de la deuda en el sur de Europa, según dice Yanko Tsvetkov a Marabilias. Porque ahora en Alemania países como España y Grecia también pueden aparecer estereotipados como “gente vaga y pedigüeña”, aunque “los hoteles sigan siendo baratos”, señala este artista afincado en España.

Mapa interno de España

De su conocimiento de la Península Ibérica salió un mapa de España donde a las Comunidades Autónomas se las ve en función de los prejuicios españoles. En él, los habitantes de Cataluña son unos “egomaniacos”, los de Madrid “esnobs”, el País Vasco se reduce a “ETA”, Valencia a “corrupción”, Galicia aparece como “Escocia” – sin duda por su parecido meteorológico – y, por ejemplo, a Andalucía se la designa como “norte de Marruecos”. Curiosamente, según Tsvetkov, compartimos con los germanos el que Baleares sea, sencillamente, “Alemania“.

El responsable de estos mapas, a quien también se conoce como alphadesigner, un pseudónimo para hacer pensar que lo que hace es “importante de verdad”, define a sus obras como “caricaturas o bromas” dotadas de “una cierta conexión con la realidad”. “Pero Dios me libre de que mi trabajo se tome como un estudio objetivo”, alerta, antes de hablar de cómo le llega la inspiración. “Las ideas para utilizar un estereotipo que designe a un país pueden venir de cualquier cosa. Noticias políticas, la historia o conversaciones con gente. Nuestros prejuicios se revelan en todo momento, sobre todo de forma accidental. Nunca preguntaría a alguien ¿Qué piensas de este país? Pero si miras a la cultura, la historia, las dinámicas políticas de un país, muchas cosas aparecen en la superficie”, explica el creativo búlgaro.

Tsvetkov se adentró en la geopolítica de los estereotipos cuando unos amigos le pidieron hacer un mapa para hacer reír. Luego, otra creación suya, ‘El mundo según Estados Unidos’, despertó la hilaridad del mundo anglosajón. No es para menos. En la Europa de ese mapa, España aparece como “América Latina”, a Francia se la trata de “gente que huele” mientras que a Alemania se la identifica con “porno sucio”. Africa está dividida prácticamente en dos mitades, “sida” y “el puto desierto, colega”. En Oriente Medio, toda la Península Arábiga recibe el nombre de “terroristas” y “Satán” se encuentra en Irán. Más al este, en Rusia sigue habiendo “comunistas”, India atiende al nombre de “Yoga” y China es la “República Popular de Chinatown”. En esta delirante cosmovisión yanqui, Estados Unidos es la única “tierra de lo formidable”, cuyas fronteras dan con “limpiadoras del hogar”, al sur, y con “cazadores de pieles”, al norte.

Algo más que un mapa para hacer reír

Sin embargo, para Tsvetkov, no todo es querer hacer reír. “Creo que el divertirse debería provocar reflexiones más serias. Tengo razones para ridiculizar los estereotipos” porque “desprecio las mentalidades cerradas, el provincialismo y el exceso de orgullo”, admite el autor del atlas de los estereotipos, quien no se considera, en modo alguno, un geógrafo. “Si alguna vez he dicho que me consideraba como uno de ellos, probablemente estaba siendo irónico”, aclara.

Pese a que en la Europa de la crisis del euro, con Alemania como líder, se haya puesto de moda insinuar desde el norte que los europeos meridionales son unos vagos mientras que desde el Mediterráneo se oyen voces clamar contra el IV Reich, Tsvetkov niega que vivamos una época de expansión de los prejuicios. “La política siempre se ha visto definida por los estereotipos. Ahora se dice que estamos influenciados por ellos”, pero “si uno compara los discursos o artículos de principios del Siglo XX con los actuales, las diferencias son claras”, pues “en el pasado se ponían muchos más motes”, expone el autor del Atlas der Vorurteile. “Hoy en día se viaja y se habla mucho y esto dificulta a los políticos el usar eficazmente estereotipos”, añade.

Que los atajos intelectuales sobre el mundo vayan a seguir existiendo en un Siglo XXI acelerado por las nuevas tecnologías parece algo fuera de toda duda. Ante esta realidad, Tsvetkov, no está por la labor de defender la necesidad de hacer militancia cultural en favor de los matices o del gusto por el detalle. “Los prejuicios son malos pero no estoy seguro de que haya un remedio contra ellos. No le pediría a la gente que prestara atención al más mínimo detalle ante de atreverse a hablar. Este tipo de actitud empeoraría las cosas. Haría de nosotros, en el mejor de los casos, unos neuróticos”, afirma, sin poder retener algunas advertencias cuando se pone serio al hablar de sus mapas satíricos.

“Sólo tenemos que ser un poco más humildes y abiertos frente al punto de vista de los otros. Y no deberíamos asumir de forma automática que lo que es lo mejor para nosotros es lo mejor para los demás. Así evitaríamos errores y prejuicios”, sentencia. Cuando no se cesa de criticar a Alemania por su excesivo énfasis en la austeridad a la hora de salir de la crisis, debido a que el apretado de cinturón aconsejado desde Berlín también puede resultar pernicioso económicamente, este mensaje trascendente de Tsvetkov resulta importante. Lástima que lo más normal sea encontrar el Atlas der Vorurteile en la sección de humor de las librerías germanas.


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