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Tarifa, un paraíso de mar y montaña entre dos aguas

En la punta más meridional de la península Ibérica se encuentra un paisaje único. Mar y montaña forman un entorno natural en el que se puede disfrutar tanto del océano Atlántico como del mar Mediterráneo. Hablamos de Tarifa, uno de los destinos costeros preferidos para pasar el verano, también vale la pena descubrirla en cualquier otra época del año, alejados del bullicio turístico. Aquí nos encontramos mucho más que larguísimas playas vírgenes: inmensos parques naturales, una diversidad biológica admirable, la posibilidad de practicar multitud de deportes acuáticos, restos arqueológicos y unas incomparables vistas a la costa africana. Si aún no te has convencido, aquí van cinco razones por las que hacer una visita a este paraíso.

Baños de barro y paseos a caballo

Las playas de Tarifa son conocidas por su arena fina, su agua cristalina, sus magníficas vistas al continente africano, su tranquilidad… y su viento.

Los amantes de las playas urbanas se sienten fascinados por la playa de los Lances. Al estar tan cerca del casco urbano, su parte meridional puede parecer la peor opción los que buscan intimidad, pero nada más lejos de la realidad. En cuatro kilómetros y medio es posible encontrar chiringuitos donde tomar algo, espacios para practicar el voley playa y rincones desde los que dejarse deslumbrar por un impresionante atardecer.

El espectáculo natural se da, sin embargo, en la zona septentrional de la playa, ubicada a partir de la desembocadura del río Vega. Nos encontramos en un paraje natural de gran valor ecológico que sublima su belleza cuando sube la marea. Entonces el espectáculo está asegurado, ya que se suele formar una laguna en la que todo tipo de aves, como chorlitejos, gaviotas, patinegros, águilas, halcones o alimoches acuden a alimentarse.

Aparte de los muchos deportes acuáticos que se pueden practicar, también es posible recorrer la playa en el medio de transporte más natural, montando a caballo. Es precisamente en otoño cuando estos paseos se hacen más agradables, ya que a partir de septiembre comienza la mejor temporada para las excursiones más largas. Tanto si vas solo o con niños -hay ponis para los más pequeños- será una experiencia inolvidable.

Playas de ensueño

Bordeando la costa en dirección a Cádiz por la carretera N-340/E-5 encontraremos la playa de Valdevaqueros. Arena dorada, aguas azules y buenas condiciones para practicar deportes de agua -oleaje moderado y un viento excelente- hacen de esta playa casi virgen una de las mejores para pasar un día tranquilo. Está poco urbanizada y rodeada de vegetación típica de la zona con especies de sotobosque como sabinas o lentiscos.

Desde Tarifa o Valdevaqueros sólo hay que continuar por la carretera N-340/E-5, para luego desviarse por la vía CA-8202, para llegar a la playa de Bolonia, considerada el paraíso del windsurf y kitesurf por el fuerte viento que hace en ella. En sus casi 4 kilómetros de arena dorada es posible practicar el nudismo sin problemas, ya que hay zonas habilitadas para ello. Está prohibidoirse de Bolonia sin un buen baño de barro y sin pasar por la duna de Bolonia, una maravilla de la naturaleza con más de 30 metros de alto y 200 de ancho desde la que se disfrutan unas espectaculares vistas. 

Enclaves naturales sin comparación

Tarifa no es sólo playas vírgenes, los parques naturales de la zona son enclaves privilegiados por su flora y su fauna. El Parque Natural de Los Alcornocales es una de las áreas protegidas más importantes de Andalucía, además de tener la masa forestal de alcornoques más extensa del mundo. En total comprende 170.000 hectáreas de naturaleza entre las provincias de Cádiz y Málaga. La fauna es extensísima, en un paseo puedes encontrarte venados y corzos, zorros, jabalíes, gatos monteses o nutrias. Además, al ser zona de migración, podrás ver miles de aves europeas. No puedes perderte espacios vírgenes y naturales como la laguna del Moral, rodeada por un bosque de quejigos densamente poblado.

Otra opción perfecta, que combina lo marítimo y lo terrestre, es el Parque Natural del Estrecho. Al estar situado entre el Atlántico y el Mediterráneo, alberga una gran diversidad natural: desde acantilados, plataformas y bellas playas -la de los Lances y la de Bolonia forman parte del parque-en la costa, hasta el paisaje típico de la sierra -con pinos, encinas, alcornoques y acebuches- junto a un matorral de alto valor ecológico. No puedes marcharte sin visitar el mirador del Cerro del Tambor, en el que las vistas al continente africano son espectaculares.

El patrimonio cultural e histórico es otro reclamo del Parque Natural del Estrecho. Tiene numerosos restos arqueológicos como la antigua ciudad romana de Baleo Claudia. Declarada Monumento Histórico Nacional, sus restos arqueológicos sorprenden por su buen estado de conservación.

Deporte para todos los gustos

Tarifa es mundialmente conocida por ser el paraíso del windsurf y el kitesurf, pero las condiciones de la zona son perfectas durante la mayor parte del año para practicar senderismo por los parques naturales. Además, los restos de naufragios y la amplia vida marina de las aguas del Estrecho harán las delicias de los amantes del buceo.

Patrimonio histórico y gastronómico

Al pasear por la ciudad de Tarifa encontraremos monumentos y edificaciones llenos de historia. Un ejemplo es el castillo de Guzmán el Bueno, construido en entre los siglos X y XV, que es una de las joyas monumentales de la ciudad. La torre de Guadalmesí es uno de esos rinconcitos que no puedes dejar de visitar. Está incluida dentro del Parque Natural del Estrecho y fue declarada Bien de Interés Cultural. Su construcción data del siglo XV y tanto las vistas al Estrecho como el mirador son una de las mejores localizaciones para un atardecer con la mirada puesta en África.

Los amantes del pescado verán Tarifa y sus alrededores un paraíso gastronómico. Una visita a la zona nunca estará completa sin haber realizado parte de la ruta del atún de Almadraba. En Conil, uno de los pueblos de la comarca, las especies locales como el bocinegro, la utra o el pargo son un imprescindible. ¿Cómo terminar el viaje de la mejor forma? Pasando por la villa pesquera de Barbate y probando el atún de Almadraba en cualquier restaurante o bar de su pintoresco puerto pesquero.


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