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El Cairo modernista: cuando la arquitectura se convierte en política

Cuando uno piensa en Egipto se le vienen a la cabeza las pirámides, las momias o las tumbas de los faraones. Sin embargo, este país norteafricano ofrece mucho más arte e historia fuera del periodo de la Antigüedad de lo que uno cree. Algunos de los mejores ejemplos se esconden en las calles de El Cairo, donde la arquitectura modernista floreció durante varias décadas.

Muchas personas conocen las maravillas de Egipto: sus inmensos e magníficos templos, los resquicios del pasado esplendor de El Cairo islámico o la barrera de coral en Hurghada. Abrumados por la exuberancia del pasado histórico, muy pocos son conscientes de que Egipto tiene una de las mayores colecciones de edificios art déco del mundo y un cierto papel en la historia, tanto artística como política, del convulso siglo XX.

Resulta curioso que cada época de la historia de este país se represente en algún lugar de Egipto. Más concretamente, entre Alejandría y El Cairo. Si no nos dejamos cegar por la polución, el tráfico, los edificios a medio construir y el ruido de esta capital, descubrimos el rico patrimonio arquitectónico de la primera mitad del siglo XX que atesora esta metropolis.

A comienzos del siglo XX, la moda y el diseño comenzaron a inspirarse en el exotismo faraónico.

Haciendo un poco de historia, el art déco es un movimiento de diseño popular surgido de la  Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes celebrada en 1925 en París. Tras su aparición, el art déco tuvo gran influencia en todos los ámbitos de las artes pero particularmente en el diseño industrial, gráfico y arquitectónico. Además, con el descubrimiento poco antes de la tumba de Tutankamón por parte de Howard Carter  (1922), el arte del antiguo Egipto se posicionó en el centro del movimiento. El mundo de Entreguerras enloqueció por el pequeño faraón.

La moda empezó a inspirarse en la antigüedad. La Grecia de Pericles, la Roma de Adriano y el Egipto de Cleopatra. Los famosos vestidos Delfos de Fortuny, las joyas de Cartier,  y  la arquitectura de la Bauhaus se nutrieron del exotismo y del mundo vegetal faraónico. Muchos edificios empezaron a ser construidos o reformados de acuerdo al estilo art déco adornando sus fachadas con papiros y palmeras. Y con los progresivos descubrimientos arqueológicos se fueron marcando cada vez más las líneas duras, la monumentalidad y la solidez de las nuevas construcciones al estilo del templo de Karnak. 

El ‘París del Nilo’

Aquel viejo sueño de reconstruir la ciudad de El Cairo a la francesa se había iniciado con el virrey Mohamed Ali, conocido como el fundador del Egipto moderno. Durante su gobierno, entre los años 1805 y 1849, estableció los primeros vínculos con arquitectos, planificadores y diseñadores de Inglaterra, Francia, Alemania e Italia, favoreciendo su entrada en Egipto. Enm aquella época fueron encargadas obras públicas, grandes casas para la creciente clase alta, lujosos hoteles y palacios para los pachas. La reforma de la ciudad continuó durante décadas, llegando hasta los años 30 del siglo XX. Para entonces, el art déco que estaba de moda en Europa y América del Norte llegó rápidamente a Egipto. Muchas de las técnicas y estilos de construcción fueron importados de Europa, encontrando su sitio en zonas como Zamalek, Maadi y Shoubra.

El Cairo de los años 30 y 40 se convirtió en un laboratorio arquitectónico.

Poco importaban la realidad y las ideologías de aquellos arquitectos venidos de una Europa que avanzaba decidida hacia otra guerra mundial. Su labor era construir elegantes bloques de apartamentos y complejos de oficinas para la creciente y todopoderosa clase burguesa. El Cairo de los 30 y 40 se convirtió en un laboratorio arquitectónico y la perfecta excusa para muchos europeos de conseguir refugio o aliados en la ya declarada contienda.

El llamado París del Nilo, que se levantó a unas pocas calles del Museo Egipcio, conocido hoy en día como Cairo Downtown, es una de las partes de la ciudad que más patrimonio arquitectónico contiene. Fue el centro comercial de la ciudad y desde hace casi tres años se ha convertido en el epicentro de las protestas en torno a la primavera árabe egipcia. Es donde se encuentra la sitiada plaza Tahrir, la estación de Bab El Hadid y el palacio de Abdeen. Estos tres lugares forman un triángulo representa mejor que ningún otro este movimiento artístico. No en vano, fue el centro neurálgico de los contactos políticos entre el gobierno egipcio de la época, el III Reich y el M16.

Obsesión hitleriana

Y es que aunque parezca mentira, Egipto, sus orígenes y el misterio de sus primeros, rubios y blancos pobladores se convirtieron en una de las obsesiones de Hitler. Luego, la ciudad fue el  refugió de muchos nazis tras la guerra. Muchos de ellos probablemente terminaron sus días en elegantes apartamentos déco. Al igual que lo hiciera el criminal nazi conocido con el nombre de el carnicero de Mauthausen, Aribert Heim.

No hay duda: el período de la historia moderna de Egipto es casi o igual de interesante que su pasado faraónico. Su rico patrimonio cultural y natural esconde muchas más intrigas y conspiraciones que la que llevó a la reina Hatshepsut al poder o las misteriosas muertes del equipo de Carter provocadas, según dicen, por La maldición de Tutankamón.


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