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Casinos, un pueblo tan goloso que vende turrón hasta en agosto

Quien impusiera que el turrón, las peladillas y demás delicias poco amigas de la báscula pero íntimas del paladar eran cosa exclusiva de la Navidad no contaba con Casinos, una pequeña localidad del noreste valenciano donde se saltan a la torera -y sin ningún complejo- esa norma no escrita. Puede que porque ostenta el título no oficial de “el pueblo más dulce de España”. Aunque su censo apenas supere los 3.000 habitantes, sus calles acogen casi una decena de fábricas artesanas de turrones y peladillas. Toda una bendición para los golosos sin cargos de conciencia.

La Feria del Dulce Artesano, Peladillas y Turrones es una cita gastronómica imprescindible para los amantes del dulce

Algunas de esas fábricas familiares son tan famosas que atraen a visitantes de todos los puntos de España. Sobre todo el último fin de semana de noviembre, cuando se celebra una feria que, con los años, se ha convertido en una cita gastronómica imprescindible para los amantes del dulce. Hace década y media que la bautizaron como la Feria del Dulce Artesano, Peladillas y Turrones y desde entonces saca a relucir el arte de un buen porcentaje de sus vecinos, maestros artesanos, para que quede constancia de por qué dicen que Casinos es el pueblo más dulce. Este año la fiesta golosa será el fin de semana del 28 al 30 de noviembre.

Turrón de mojito y otras extravagancias

La única “pega” del evento es que no es apto para indecisos: el número de variedades de turrones y peladillas expuestos puede ser una auténtica pesadilla para los que no tienen un favorito. Así que no, no estaba todo inventado. Porque hay turrón de yema tostada, turrón blando, turrón duro, pero también más originales como el turrón de nata y nueces, de crocanti, de naranja, de fresa, de piña... Y hasta de mojito, que dicen los entendidos que está bastante logrado. Tampoco se quedan cortos en el desconocido mundo de las peladillas, otro producto estrella de este pueblo donde hay para elegir entre las clásicas, las de chocolate, las roñosas, la garrapiñada, la de chocolate blanco...

No es un pueblo donde encontrarás monumentos históricos o paisajes impresionantes, pero merece la visita por sus productos artesanos

La tradición de fabricar de manera artesana peladillas, turrones y otros dulces viene desde finales del siglo XIX. Cuentan que en 1886 se instaló en esta localidad la primera fábrica de peladillas y desde entonces este municipio de la comarca del Campo del Turia empezó a especializarse en cubrir los caprichos de los aficionados a los dulces navideños. Gracias a ellos se ha hecho con un puesto en las rutas turísticas de la zona: aunque no cuenta con castillos medievales de película, un casco histórico alucinante o paisajes como para acabar la tarjeta de la cámara en una hora, el mimo con el que trata sus productos artesanos está multiplicando el número de visitantes. Ya lo dice el refrán: a nadie le amarga un dulce... aunque tenga otro en la boca.


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