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De ruta por el Burgos más verde

El de los fértiles valles, los caudalosos ríos y los bosques tupidos. Y también el de los estrechos desfiladeros, los descomunales cañones y las misteriosas cuevas. Todo ello conforma el paisaje de Las Merindades, el territorio burgalés con mayor vocación norteña.

Será porque es un espacio de transición entre el mundo atlántico y el mediterráneo. O porque entre sus tierras se codea el río Ebro con la cordillera cantábrica y la meseta castellana. Será por todo ello por lo que Las Merindades es la comarca más verde y fresca de Burgos, la que goza de un paisaje más diverso y colorido, la que expone, en definitiva, el peculiar carácter del norte.

Encajada entre Cantabria, Álava y Vizcaya, este escenario de montes y riberas, de valles y páramos, de desfiladeros y cañones, está urdido de vegetación y agua: bosques de encinas, hayas y robles colosales que dan sombra a numerosos embalses y espectaculares saltos de agua donde darse un buen chapuzón.

Pero además esta comarca, que hunde sus raíces en el neolítico, goza de pintorescos pueblos de arquitectura típica (palacios y casas blasonadas como símbolo del esplendor), de imponentes elementos defensivos que dan cuenta de su pasado belicoso (castillos, torres, fortalezas…) y de espléndidos conjuntos monumentales donde el románico tiene nombre propio, casi tanto como esa gastronomía potente que distingue a la zona y esas fiestas declaradas de Interés Turístico en Castilla y León.

Aunque son muchos sus atractivos, estas son las visitas imprescindibles en una ruta por Las Merindades:

El escenario natural: Cañones del Ebro y Montes Obarenes

Joyas naturales hay para dar y tomar, aunque la ruta más visitada es aquella que atraviesa las Hoces del Alto Ebro y Rudrón, ese parque natural donde el río Ebro ha labrado profundas gargantas y desfiladeros con paredes verticales de hasta 200 metros de profundidad. También el parque natural de los Montes Obarenes, con sus majestuosas sierras, ofrece bellas caminatas entre extensos bosques que crecen junto a ríos, arroyos y cascadas.

Las entrañas: Ojo Guareña

Se trata del mayor complejo kárstico de España, una impresionante cavidad formada por 18 cuevas y más de cien kilómetros de galerías distribuidas en seis pisos superpuestos. Por arriba encontrarás un monumento natural cubierto de montes de encinas, enebros y quejigos sobrevolados por rapaces. Por debajo te sumergirás en un apasionante laberinto de alocadas formaciones, que en su día sirvió de refugio a neandertales y cromañones, y que hoy permite interesantes visitas guiadas. No hay que perderse la Cueva Palomera, que se conserva tal cual la dejó el río; ni la bella ermita deSan Bernabé, que sirve de zaguán a las cuevas.

Los pueblos: Frías, Medina de Pomar, Espinosa de los Monteros

También la piedra domina este territorio, y no sólo en las calzadas y puentes romanos y medievales, sino también en los pueblos, exponentes de una arquitectura popular que tiene en el entramado de madera su rasgo más distintivo. No hay que perderse Frías, encaramada sobre un cerro y presidida por un castillo, que no sólo es la ciudad más pequeña de España sino también una de las más bellas. Tampoco Medina de Pomar, con su espectacular Alcázar y el Monasterio de Santa Clara; ni Espinosa de los Monteros, donde se asienta uno de los conjuntos artísticos más sobresalientes de Burgos.

Las imágenes pintorescas: Puentedey y Orbaneja del Castillo

Un auténtico icono de Las Merindades es la vista de Puentedey, con su enorme arco natural horadado en la roca por el río Nela y atribuido a una mano divina (puente de Dios). También Orbaneja del Castillo, encajado entre cañones, nos deja la estampa de su cascada que brota de la Cueva del Agua y se precipita sobre el pueblo en una de las imágenes más llamativas de la Península.


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