Destinos

Belgrado, la ciudad más marchosa de Europa

Despojada ya de sus fantasmas del pasado, la capital de Serbia asiste a un despertar cargado de efervescencia cultural. Festivales de música, diseño y artes plásticas, un halo provocador y muchas ganas de divertirse erigen a esta metrópoli en una suerte de Ibiza de los Balcanes que se muestra al mundo sin complejos y plena de nocturnidad y alevosía.

Puede que se deba a su condición de cruce de caminos y a los estragos de sus turbulencias históricas. Factores nada desdeñables para forjar en Belgrado un carácter díscolo como pocos que ahora pretende canalizarse a golpe de buenas vibraciones. Dispuesta a enseñarle al mundo que se puede pasar página, la ciudad que ostenta el récord de haber sido destruida 44 veces, y que incluso aún exhibe las cicatrices de una guerra cercana en el tiempo, despierta de un triste letargo para situarse en el mapa como un destino moderno y vibrante que hace de la diversión su antídoto contra la adversidad.

Ruidosa, gris, encantadoramente desaliñada, Belgrado es una ciudad única. Ni tan bella ni tan deslumbrante como otras capitales europeas, pero con una personalidad que atrapa desde el minuto uno de su visita. Así sucede cuando se pasea por Knez Mihailova, la principal arteria peatonal, bajo cuyos edificios de eclécticos estilos arquitectónicos han prosperado las tiendas, los restaurantes y las terrazas siempre atestadísimas de gente.

Iconos del día a día

En uno de sus extremos, allí donde confluyen los dos ríos que bañan la ciudad (el Danubio y el Sava) se alza el parque Kalegmagden con la mítica Fortaleza de Belgrado. Es, en realidad, un museo al aire libre, con estatuas dedicadas a ilustres personajes serbios, a donde acuden los locales a pasear o jugar al ajedrez. En la otra punta, la Plaza de la República, hogar de las demostraciones de poder en tiempos de Milošević, es hoy un punto de encuentro bajo las suntuosas fachadas del Museo y el Teatro Nacional.

En Belgrado se encuentra la mayor iglesia ortodoxa de Europa.

Belgrado tiene bellos hitos arquitectónicos como el templo de San Sava, la mayor iglesia ortodoxa de Europa, de imponente estilo bizantino. Su interior, aún en construcción, alberga un descomunal mosaico del Cristo Pantocrátor que cobijará a 20.000 personas.

Pero es en los barrios alternativos donde late la creatividad que ha encumbrado a esta ciudad como una de las más marchosas de Europa. Dispuesta a emular a Barcelona con el lavado de cara previsto para su waterfront, nada resulta más agradable que recorrer los bares flotantes de sus orillas o saltar a algunas de sus islas fluviales como Ada Cingalija que, con sus parques, playas y adorables cafés, ha sido catalogada como el rincón urbano más atractivo.

Escena underground

En el mismo centro, Skadarlija, el barrio bohemio plagado de kafanas o viejas tabernas que conservan la estética del siglo XIX, compite con Savamala, en la ribera del Sava, donde se halla la escena underground: graffitis y centros culturales como Mikser House o Supermarket Concept Store, los dos epicentros del diseño donde se cuecen los innumerables festivales de la ciudad (de moda, jazz, danza contemporánea… y hasta de rakia, la bebida nacional).

También está Zemun, al otro lado del Danubio, antaño ciudad del imperio austrohúngaro y hoy un distrito romántico encajado entre tres colinas. En todos ellos será fácil comprobar por qué Belgrado es la ciudad que nunca duerme. Cenas siempre amenizadas con música en vivo, locales sin hora de cierre los siete días de la semana y un jugoso catálogo de clubs para todos los gustos: desde el jazz al techno pasando por el genuinamente serbio turbofolk. Si a ello se suma que la entrada es libre y que las copas resultan muy baratas… ¿qué más se puede pedir? 


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba