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Secretos de la serranía de Cuenca

Desde uno de los mayores yacimientos de arte rupestre en toda Europa hasta un deslumbrante conjunto de torcas y lagunas con colores cambiantes. Y pasando por la huella de Álvaro de Luna y un paisaje salpicado de esculturas que recrean escenas cotidianas.  Son muchos los atractivos ocultos que aguardan en este rincón conquense con una naturaleza única. 

La Ciudad Encantada y el nacimiento del Río Cuervo se llevan la palma en el catálogo de parajes que convierten a esta serranía en una de las más bellas joyas de la Península Ibérica. Sin embargo, en este rincón de la provincia de Cuenca, en este singular espacio urdido de intrincadas formaciones geológicas y espesas forestas de pinares, el milagro de la naturaleza ha dejado otras muchas sorpresas. 

Vértigo en la tierra

¿Se imaginan un paisaje surrealista cuajado de inesperados abismos? Así son las Torcas que encontramos en el Monte de los Palancares. Un conjunto de depresiones en terreno calcáreo provocadas por la paciente labor de unas aguas subterráneas que, con el tiempo, han alumbrado estas fosas extrañas, bellísimas, con desnudas paredes verticales como si la tierra se abriera de pronto a un mundo desconocido. Treinta son las torcas de la serranía de Cuenca, algunas colosales como la Torca Larga (más de diez hectáreas), otras profundísimas como la de las Colmenas (90 metros de altura) y otras simplemente espectaculares como la del Lobo, que cuenta incluso con su propia leyenda.

Lagunas de colores

Muy cerca aguarda otro paisaje no menos singular: el que conforman las siete Lagunas de Cañada del Hoyo, declaradas Monumento Natural. Perfectamente circulares y abrazadas por la vegetación, su encanto reside especialmente en la variedad cromática: ninguna de ellas exhibe el mismo color. Los microorganismos del agua tienen mucho que decir al respecto, aunque también la luz, la temperatura y la época del año en que se visiten. Así, mientras que la de La Gitana se muestra blanca como la leche, la del Lagunillo aparece completamente negra y la del Tejo tiene un tono azul marino.

Paisaje Ilustrado

Así es como se denomina a la colección de 18 esculturas que salpican los alrededores serranos de la localidad de Valdemeca. Figuras pintadas sobre acero en tamaño natural que rinden un bonito homenaje a la vida cotidiana del pueblo. Personajes reales completamente integrados en el paisaje hasta el punto de parecer de verdad: mujeres que labran la tierra, niños que juegan en los prados, vecinos reunidos en la plaza para asistir a una corrida de toros. Los oficios, las tradiciones y el día a día de esta tierra, aparecen recreados por el escultor local Luis Zafrilla. El resultado es una obra de arte en un escenario natural, una maravilla cultural sobre la unión del hombre con la tierra.

Antiguo esplendor

Moya, capital del marquesado homónimo, aún conserva entre sus muros el halo de una vieja gloria. Su posición estratégica entre los reinos de Aragón y Castilla convirtió a esta villa y fortaleza en un epicentro de poder allá por el siglo XV. Hoy, decrépito y deshabitado, el enclave regala sin embargo una sensación onírica. El castillo, la doble muralla, el convento de las Concepcionistas o la Iglesia de Santa María la Mayor exhiben su belleza pétrea junto al empedrado original que aún conservan sus callejuelas. Afortunadamente, hay un proyecto de recuperación que promete darle un nuevo rostro.

La fiesta de la Alvarada

Porque Cañete es la cuna de Álvaro de Luna, condestable de Castilla, y a esta insigne figura se consagra su fiesta mayor. La Alvarada, que tiene lugar el primer fin de semana de agosto, es una celebración medieval que ha sido declarada de Interés Turístico Nacional. Nueve días de fiesta en los que, en cada edición, hay un eje histórico-cultural: los virreinatos, la inquisición, las cantigas… Todo focalizado en conferencias, obras de teatro, torneos y mercados medievales, misas, concursos de tapas y una animación sin tregua que concentra a millares de personas en este pueblo de trazado laberíntico adornado de balconadas, soportales y casas de arquitectura popular.  

Huellas prehistóricas

A menudo desconocida, esta joya de Villar del Humo es, desde 1998, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Ocultas entre la espesura del típico bosque mediterráneo perviven más de 170 figuras en lo que debió de ser un paraje mágico en el Neolítico y la Edad de Bronce. Toros contundentes, escenas de caza, cabras, serpientes e incluso símbolos fálicos ilustran abrigos como la Peña de Escrito, Selva Pascuala y la Peña del Castellar en representaciones que llegan a proceder hasta del año 10.000 a. de C. Un yacimiento rupestre en un entorno privilegiado de naturaleza salvaje con el honor de contarse, aunque apenas se sepa, entre los más interesantes de Europa.


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