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El Camino del Cid por Guadalajara: aventuras y saqueos para salvar el pellejo

La historia es, a veces, una novela de aventuras. Tenemos al personaje, el jefe de una partida de guerreros más o menos fieles, que es desterrado. Así que tiene nueve días para salir de los territorios del rey, lo que cumple en el plazo exigido. ¿Qué ocurre entonces con esa partida de mercenarios en territorio, en principio, hostil? Pues dedicarse a saquear o a exigir protección a las poblaciones mal defendidas que encuentran a su paso.

Sí, ésta es parte de la historia que se narra en el Cantar del Mío Cid. Una historia con una dosis limitada de gloria pero con la aventura desbordando por cada página. Al leerlo te das cuenta que aquí la lealtad tiene un recorrido muy corto y el heroísmo consiste en llegar vivo al día siguiente.

En este libro, la salida de los territorios cristianos y la entrada en los musulmanes viene a ser lo mismo que pasar de Soria a Guadalajara. Y es precisamente en estas tierras altas de Guadalajara donde la épica alcanza las cotas más elevadas de toda la narración. Vamos a ver algunas etapas en las que revivir estas aventuras y que forman parte del Camino del Cid:

Al salir de Atienza se dejan las estribaciones serranas y poco a poco el paisaje se suaviza: pueblos como Naharros, Robledo de Corpes, Hiendelaencina y Congostrina son etapas de este descenso hacia tierras alcarreñas.

En Jadraque, coronando el que según Ortega y Gasset era el cerro "más perfecto del mundo", aparece el llamado Castillo del Cid, aunque éste es muy posterior a nuestro personaje. Sí tomó la fortaleza de Castejón de Henares, de la que no quedan rastros, pero donde un edificio de factura antigua es conocido como la Casa del Cid.

Desde Castejón las huestes de Rodrigo se dividieron en dos y una de ellas, al mando de Álvar Fáñez se dirigió hacia el sur para saquear las poblaciones del Henares. De Castejón sale un ramal del Camino que, por Hita, y Torre del Burgo, llega hasta Guadalajara para seguir su pista.

Tras el regreso de Álvar Fáñez, el Cid continuó hacia el valle del Jalón, evitando las plazas fuertes que le podrían hacer frente. El Camino continúa hacia Sigüenza por una carretera paralela al río Dulce, pero hay un par de posibles desvíos, hacia Aragosa y La Cabrera, que permiten asomarse a este río que corre al fondo de un desfiladero. En esta zona Félix Rodríguez de la Fuente rodó algunos de sus mejores documentales.

Enseguida se llega a Sigüenza, una villa señorial que ha mantenido su importancia desde hace siglos. Su imponente castillo domina la población, verdadero museo de arquitectura tradicional, en la que destaca su catedral, que mezcla elementos románicos y góticos. Su tesoro es el Doncel, el sepulcro de Martín Vázquez de Arce, que es una joya de la escultura gótica.


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