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Frank Lloyd Wright y los tesoros de Oak Park

Se dice, y probablemente con toda la razón del mundo, que Chicago es la capital de la arquitectura moderna. Aquí se desarrolló el concepto de rascacielos con obras definitivas de Sullivan, Mies van der Rohe y Jahn, por mencionar sólo unos pocos. Es más, durante mucho tiempo llegó a tener el edificio más alto del planeta.

Sin embargo, antes de todo ello hubo un tiempo, poco después del incendio de 1871 que redujo a cenizas la ciudad entera, en que muchos habitantes de Chicago consideraban que la ciudad era ya demasiado grande y empezaron a buscar un lugar para vivir en los alrededores. Uno de los pequeños pueblos que se crearon a pocos kilómetros —en lo que entonces eran anchas y solitarias praderas y ahora forman parte de su área metropolitana— es Oak Park.

Lo curioso es que este pequeño barrio tiene algo especial, algo que le hace ser una meca de decenas de miles de visitantes al año. Oak Park es hoy por hoy el mejor conjunto de arquitectura familiar del país.

Veinte años de genial arquitectura

En 1889, un entonces jovencísimo Frank Lloyd Wright se mudó a Oak Park y empezó a trabajar para sus vecinos y amigos. Todavía se conservan 27 de sus construcciones, desde sus primeros experimentos a las obras maestras de la escuela de la Pradera, pasando por su casa y su estudio. En los 20 años que vivió en Oak Park, antes de abandonar su casa y su familia para largarse a Alemania con la mujer de uno de sus clientes, dio forma al concepto del hogar moderno estadounidense.

Al recorrer estas calles arboladas y tranquilas en busca de las obras de uno de los arquitectos más influyentes de la historia es difícil hacerse a la idea de que, en tiempos de Wright, ésta era una pequeña comunidad de calles sin pavimentar, rodeada de puro campo, y en donde se vivía el ambiente de la frontera. Pero precisamente por ello todo estaba por hacer, y Wright decidió hacerlo.

La arquitectura de Wright ha ensombrecido a la de otros grandes arquitectos que también trabajaban en Oak Park, pero así es la vida cuando coincides con uno de los verdaderos grandes genios de tu profesión. Algo parecido le pasa a otro de los iconos norteamericanos: Ernest Hemingway. Su casa natal, también en este barrio, no es la principal atracción de la zona cuando lo lógico, en una pequeña población como ésta, es que así fuera. Muy cerca de su casa, en la misma calle, también hay un museo consagrado a los años de formación del premio Nobel.

El Frank Lloyd Wright Preservation Trust, ubicado en lo que fue su casa y estudio (951 Chicago Avenue), proporciona mapas, guías y entradas para visitar la casa y estudio de Wright que, con el Unity Temple, son los únicos edificios abiertos normalmente al público. Para admirar el interior de otras residencias hay que participar en el Wright Plus Housewalk, que se celebra el tercer fin de semana de mayo.


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