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Cantabria para niños

Los niños casi siempre son los jefes de la fiesta: si alguien sabe disfrutar de verdad de cualquier cosa, esos son los pequeños terremotos que tenemos por hijos o sobrinos. Pero no es lo mismo que tengan que ingeniárselas para pasárselo bien a que se lo pongan fácil, y en Cantabria esta última opción la ponen en bandeja.

Para empezar, porque cuenta con un entorno que ya de por sí es una especie de parque de atracciones gigante y al natural: playas de las de quitarse el sombrero que invitan a descubrir tesoros ocultos; inmensos valles que escoden historias mágicas; bosques de secuoyas, de avellanedos, de hayas, de robles...; montañas por las que realizar todo tipo de rutas... Y además, un montón de actividades que hacer en todos esos parajes. Si este verano pasáis por Cantabria, ahí van siete opciones para jugar con ventaja a ser los padres/tíos/amigos de sus padres más enrollados del mundo. ¡Feliz reinado!

De visita a la cueva El Soplao

Nada esconde más misterios para un niño que una gran cueva en medio de un paraje alucinante. Esta se encuentra en lo alto de la sierra de Arnero, entre los municipios de Herrerías, Valdáliga y Rionansa, con unas vistas espectaculares. Pero lo que más les gustará a los niños será el recorrido por el interior de la cueva, a donde llegarán en la recreación de un tren minero a través de la galería de La Isidra. Allí, ya a pie, conocerán otras galerías y salas como La Gorda, Los Fantasmas, el Mirador de Lacuerre...

El Soplao tiene una de las mayores concentraciones de estalactitas llamadas excéntricas -las que crecen en cualquier dirección- del mundo, pero no será lo único que los deje con la boca abierta. La iluminación de la cueva, los colores y los efectos acústicos de los que serán testigos harán que les parezca que han entrado en un lugar mágico. Y en cierto sentido lo habrán hecho.

Un día con animales libres en Cabárceno

Seguramente es el primero de la lista cuando se pregunta por lugares perfectos a los que acudir con niños: un espacio en el que conviven en libertad un centenar de especies de los cinco continentes en un entorno idílico, de valles y montañas, en el que la única intervención del hombre es procurar a esos animales su alimentación.

Todo eso tiene lugar en el valle del Pisueña donde se encuentra el parque de la naturaleza de Cabárceno, que se puede visitar no sólo para ver a los animales en libertad sino también para asistir a actividades didácticas: exhibiciones con aves rapaces y leones marinos, visitas a la colección de reptiles, charlas, aulas de educación... Toda una experiencia que los que ya conocen, repiten.

De pesca en el parque de Saro

En un lugar rodeado de sauces y fresnos, en plenos valles pasiegos, se encuentra Saro, muy cerca del parque de la naturaleza de Cabárceno. Hace ya más de una década que en ese paraíso abrió el parque de pesca y núcleo zoológico de Saro, en donde los niños se lo pueden pasar como los disfrutones que son aprendiendo a pescar truchas o dejando que os acompañen a comprarlas bien frescas. En el parque os proporcionarán las cañas y el cebo para pescar (se usa un anzuelo que evita hacer daño a los peces). Después, podéis devolver al agua las truchas o echarlas al cesto, como prefiráis.

Un paseo por las nubes camino de Fuente Dé 

Si ver los Picos de Europa desde la carretera ya es todo un espectáculo, hacerlo desde las alturas tiene difícil descripción. Y más para los niños, que suelen estar encantados con un plan que incluya “viajar” por el cielo en un teleférico. Desde el de Fuente Dé se supera un desnivel de 753 metros, subiendo a los 1.823 metros de altitud en tan sólo cuatro minutos. Lo mejor no es sólo el trayecto, también las vistas de pájaro de las que se disfruta al llegar. Un regalazo para los más pequeños que sueñan con volar.

Al zoo en Santillana del Mar

Dicen que es uno de los mejores zoos de España, y en él se pueden encontrar hasta 2.000 animales de todos los rincones del mundo. Además de realizar actividades de ocio para los más pequeños, desarrollan cerca de 40 programas de cría en cautividad de especies en peligro de extinción como las panteras de las nieves, los leones asiáticos, el tití emperador o los orangutanes de Sumatra.

¿Un lugar para acertar sí o sí? El jardín de mariposas. Aunque también les encantará la colección de peces tropicales o la granja de animales domésticos.

Aprendiendo en el Ecomuseo Fluviarium de Liérganes

 Es una de las visitas más originales y también más divertidas de la lista, y eso que el listón está alto. La razón es que en este Ecomuseo-Fluviarium -que abrió en Liérganes hace ya 6 años- han conseguido combinar perfectamente el entretenimiento con la concienciación por la sostenibilidad, haciendo que los niños se lo pasen en grande mientras aprenden.

Se trata de trasladar el valor del patrimonio natural y etnográfico de las montañas Pasiega y Oriental y sus respectivas cuencas fluviales. Por eso, además de poder ver cómo eran las cabañas en las que vivían los pasiegos o qué utensilios usaban para el día a día, también tendrán oportunidad de conocer el espectacular fluviarium, un conjunto de acuarios fluviales que reproduce el hábitat de un río cántabro. Allí verán las especies más emblemáticas como la nutria, el salmón, la trucha, el castor, la lamprea... Y también uno de los espectáculos estrella: ver cómo dan de comer a las nutrias.

A la playa con la tabla

Si las vacaciones son largas y tenéis mucho tiempo, una buena opción son los campamentos de surf que organizan en Somo, donde se lo pasan como auténticos enanos practicando el deporte por excelencia del verano. Es para niños de para niños de 5 a 13 años. Además de aprender surf participan en talleres medioambientales, juegos en la playa, vóley... Lo malo será que cuando llegue el fin del campamento querrán repetir. Y si la respuesta es un no, puede que ya no ostentéis el título de padres/tíos/amigos de sus padres más enrollados del mundo.


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