Proseguimos hacia la histórica comarca de la Maragatería e, inmediatamente, la de El Bierzo, recalando por pueblos, hotelitos y locales de artesanos que bien merecen el alto.

El palacio de Gaudí en Astorga

La Astúrica Augusta de los romanos, es decir, Astorga, fue creciendo gracias a su ubicación como cruce de caminos y a las minas de oro de la provincia. Por esta histórica villa habrá que concederse un alto en su catedral de Santa María, la plaza Mayor que preside su ayuntamiento del siglo XVII, sus mil y una huellas romanas y, cómo no, en su palacio episcopal.

Reconstruido por Antonio Gaudí tras la destrucción del edificio primitivo en un incendio, actualmente alberga la colección de arte sacro –con infinidad de piezas vinculadas a la peregrinación a Santiago– del museo de los Caminos.

Masajes para el peregrino

Aunque la ruta se esté haciendo en coche, pasado ya el epicentro del Camino el cuerpo agradecerá seguro una sesión de mimos. En el corazón de Astorga los despacha el spa del hotel Vía de la Plata, que incluso ha diseñado un paquete especial para los peregrinos, con todavía 280 kilómetros por delante hasta Santiago.

Además de con masajes, podrán relajar los músculos en su circuito de aguas, la sauna, el baño turco o las tumbonas térmicas, de las que basta levantarse para admirar las vistas sobre la muralla romana.

Los panes artesanos de Senén Cadierno

Hay quienes desde la provincia vienen expresamente a Astorga a comprar pan. De entrada sorprende, pero cuando se prueban los de panadería Cadierno se entiende por qué. Senén Cadierno Alonso, hijo y nieto de panaderos, ha invertido lo suyo en ampliar la capacidad de su obrador, pero sin dejar de respetar la tradición, las materias de primera y los tempos que exige el mejor pan.

Lo que más vende son hogazas, pero llega a hacer hasta catorce variedades, como el pan de pasas y nueces, el bregao o el tipo flama, además de unas empanadas y unos bollos preñaos para chuparse los dedos. De sus cuatro tiendas en Astorga, la más céntrica es la de la calle Magín García Revillo.

La Hospitalidad, en mayúscula, de Casa Pepa

Simpáticas, campechanas y muy emprendedoras, Pepa, la madre, y Laura, la hija, se desviven por hacer sentir cómodos a los huéspedes del centenario caserón familiar que con todo mimo restauraron en el pueblito de Santa Colomba de Somoza. Su media docena de habitaciones se distribuyen alrededor del típico patio maragato, a rebosar de geranios, en el que disfrutar de un desayuno con mermeladas caseras cuando el tiempo acompaña.

Vigas vistas, muros de piedra, tradicionales mantas de lana virgen, el calor de la chimenea y, para los ciclistas, la ventaja de ser un establecimiento Bike Friendly, con un pequeño taller donde dejar las bicis a buen recaudo, limpiarlas o hacer alguna pequeña reparación.

Castrillo de los Polvazares

Para bajar los excesos de un cocido maragato, nada como un paseo por las callejas empedradas de este pueblito sorpendentemente bien restaurado. Castrillo, cuyos arrieros se hicieron muy famosos transportando salazones, embutidos y hasta carbón entre Galicia y Castilla, alcanzó su máximo esplendor en el siglo XVIII. De este siglo datan muchas de las casas de piedra que, alrededor de un gran patio central, definen esta villa a rebosar de hotelitos rurales, restaurantes y tiendas de artesanía.

El tramo más peligroso del Camino

Cuentan las crónicas peregrinas que el tramo más duro y peligroso del Camino era el que discurría por el puerto de Foncebadón que separa la Maragatería de El Bierzo, donde cuando no acechaban las ventiscas lo hacían los lobos. Este paso, antaño muy transitado por caminantes, arrieros y pastores transhumantes, cayó en desuso con la llegada del ferrocarril y la carretera nueva. Sus paisajes, sin embargo, figuran entre los más asombrosos del Camino, sembrado de pueblos medio abandonados como el propio Foncebadón.

El castillo templario de Ponferrada

Primero fue castro y después ciudadela romana. Sin embargo fue la Orden del Temple la que, para proteger el Camino de Santiago alrededor del cual creció Ponferrada, amplió este castillo con aires de fortaleza. Imprescindible también en la capital de El Bierzo, recorrer lo mejor de su casco histórico sembrado de casonas solariegas: la basílica de la Encina, la calle del Reloj y su torre sobre la antigua muralla medieval, la Casa Consistorial de la plaza del ayuntamiento o la Real Cárcel, que hoy aloja el museo del Bierzo.

De propina, un calórico botillo y, para bajarlo, un paseo por los oníricos paisajes de las Médulas, a una veintena de kilómetros y declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Losada Vinos de Finca

Visitas guiadas a la bodega, catas y maridajes en una sala con vistas a los viñedos… En las proximidades del pueblo de Pieros, a mitad de la etapa del Camino que une Cacabelos con Villafranca, su edificio diseñado por el arquitecto Jesús Manzanares abre las puertas a los aficionados. Un lugar que ni pintado para bucear en la Denominación de Origen del Bierzo a través de los vinos que produce esta casa: La Bienquerida, Losada, Altos de Losada, Pájaro Rojo y 5 Rosas.

El palacio de Prada a Tope

A Luis de Prada, que menudo es él, no le bastaba con crear la archiconocida marca de productos gourmet Prada a Tope o elaborar sus propios vinos. Con energía y osadía para dar y tomar, se embarcó también en la aventura de restaurar el caserón en ruinas que hoy, convertido en el palacio de Canedo, es toda una referencia del turismo rural de calidad en el Bierzo. Rodeado de viñas en un paisaje precioso, de sus catorce habitaciones nos quedamos con la de El Palomar, en el torreón, con jacuzzi con vistas a la chimenea.

Villafranca del Bierzo

Otra villa más crecida para asistir a los peregrinos y, de todas todas, el pueblo más señorial de la zona. Por Villafranca no habrá que perderse su plaza mayor cubierta por soportales, iglesias como las de Santiago y San Francisco, los conventos de San Nicolás, San José y el de la Anunciada, la colegiata gótica de Santa María, el puente medieval que cruza el Burbia, el jardín romántico de la Alameda y el paseo a orillas del río.

Pero, para paseos, el que enfila por la calle del Agua, flanqueada por bodegas, palacios de porte italiano y nobles caserones engalanados con escudos y blasones. Más difícil será colarse en el castillo de los Marqueses de Villafranca, propiedad privada de los descendientes de doña María Osorio Bazán y Pedro Álvarez de Toledo.


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