¡Ánimo, que ya no queda nada! En esta última etapa por tierras gallegas uno podrá comer de escándalo, darse un masaje en un balneario en mitad del bosque y conocer un sinfín de hitos del Camino antes de presentarle sus respetos al santo en la emocionante catedral de Santiago de Compostela. 

Café A Paso de Formiga en Palas de Rei

Es uno de esos lugares mágicos que se recuerdan cuando se acaba el viaje. Abuela, madre y nieto regentan este lugar donde grandes esculturas vigilan a los peregrinos. Su café es excelente, sus tartas siempre ayudan a caer en la tentación y su terraza es uno de los mejores lugares de tertulia en las cercanías. María Rosa, Carlota y Carlos son un buen ejemplo de la nueva hospitalidad en el camino.

La Rectoral de Lestedo en Palas de Rei

Se cree que antes de haber sido la casa de los curas que oficiaban en la parroquia de Lestedo –es decir, en la rectoral– pudo haber hecho las veces de hospital de peregrinos. De lo que no queda duda es que este hotelito rural a pie del Camino es una auténtica delicia. Sus propietarios lo recuperaron de la ruina hace ya una década y, combinando con mucho gusto lo tradicional y la vanguardia, abrieron sus apenas siete habitaciones a los viajeros con sed de paz. Preside aquí la piedra y la madera… y los desayunos con vistas al verde infinito que asoma del otro lado de las cristaleras.

Balneario Río Pambre

Por Palas de Rei y las parroquias de sus inmediaciones habrá de visitarse la iglesia románica de Vilar de Donas y la de San Tirso, pazos como muy literario de Ulloa o el Castillo de Pambre, exponente de la mejor arquitectura militar de la Edad Media en Galicia. Y apetecerá también, a estas alturas del Camino, concederse un alto en este coqueto balneario en plena naturaleza. Sus 23 habitaciones se distribuyen entre el edificio principal, de piedra, madera y pizarra, y sus dos pallozas. Por cierto, cuentan con un paquete especial quienes viajan rumbo a Santiago.

Pulpería Ezequiel de Melide

A Melide, aunque esté en el interior, se viene sobre todo para comer pulpo. Y pulpo á feira, cómo no, es lo que mejor preparan en este veterano local famoso por su cocina casera. Casa Ezequiel es todo un referente bajo la batuta de Mercedes y su marido, que siguen los pasos de sus padres, fundadores este lugar hace más de 50 años. El pulpo es la estrella. Con el punto justo de cocción y sal. Siempre preparado en los grandes perolos. Todo un acierto probar también su carne ó caldeiro, su bacalao, sus empanadas, langostinos, guiso de oreja, chuletillas de cordero y churrascos, acompañados todos por un buen Ribeiro servido en cuenco de barro. ¡Como debe ser!

Los quesos de Arzúa-Ulloa

De los mejores pastos de la comarca, con leche de vacas frisonas, rubias gallegas, pardo-alpinas o el cruce entre ellas, nacen los quesos con denominación de origen protegida Arzúa-Ulloa. La Cooperativa La Arzuana reúne un buen puñado de explotaciones ganaderas para producir sus distintos quesos, que van desde el famoso de Tetilla hasta el Capricho, un semigraso madurado que las malas lenguas conocen como el Parmesano gallego. Quien viaje a Arzúa el primer fin de semana de marzo podrá darse un buen atracón de gastronomía y música durante La Festa do Queixo, que anda ya preparando su 40 edición.

Pazo Cibrán

A la entrada de este vazo vienen a la memoria las detalladas descripciones que de los jardines y caserones hacía Emilia Pardo Bazan en sus novelas. La palmera que recibe como si de un mayordomo se tratara, la gran fachada de la casa que parece tener ojos y, en el interior, los salones con vigas de madera y muebles recios. Lo mejor está en una cestita. Benditas rosquillas, ¡sin querer se repite! Y es que el Pazo Cibrán es una casa del siglo XVIII con todas las características de los viejos pazos. Maika, descendiente de los primeros moradores, regenta el lugar con la ilusión del que abre sus puertas a un amigo.

El Tapeo de Santiago

Cómo cambian los tiempos. Santiago es probablemente la ciudad con más bares por metro cuadrado. En ellos, normalmente te ponen un pincho acompañando cada consumición, reminiscencias quizá de la tradición medieval de dar de comer al peregrino. Siempre es un incentivo que abre el apetito e incita a tomar algo más.

El Gato Negro es uno de esos establecimientos de toda la vida y aunque por su humilde aspecto nadie lo diría, allí se toman unas raciones excelentes. Una de ellas es el choco, o calamar, que se deshace en la boca. Y del mar también son las gambas que se preparan de varias maneras. Su empanada es casera y no tiene parangón en todo Santiago. La rúa do Franco es un referente cargado de lugares, donde todos tenemos un favorito: Petiscos do Cardeal es una buena dirección para entender el nuevo tapeo.

El Hostal de los Reyes Católicos

Así se llama el Parador de Santiago, antaño Hospital Real del que ya hemos hablado en Marabilias y que junto a la Catedral compone un entramado monumental perfecto en plena plaza del Obradoiro. Fueron los Reyes Católicos quienes impulsaron su construcción para apoyar el peregrinaje y atender a los sufridos caminantes que, llegados desde tan lejos, llamaban a su puerta. Hoy quienes lo hacen son igualmente viajeros llegados de medio mundo pero, a diferencia de aquellos, con el riñón bien cubierto. Y es que hacer noche en un auténtico museo, convertido en un cinco estrellas gran lujo, tiene un precio considerable que bien vale la pena pagar.

Catedral de Santiago

“En esta iglesia no hay grieta ni defecto alguno, está magníficamente construida, es grande, espaciosa, luminosa y bien proporcionada en anchura, longitud y altura”. Así describe el Codex Calixtinus este monumental templo que comenzó a erguirse sobre la plaza del Obradoiro cuando el 1075 el obispo Diego Peláez le encomendó su construcción al maestro Bernardo el Viejo. Es el fin del Camino para la mayoría… y un nuevo inicio para también algunos otros. Porque las rutas jacobeas enganchan y una vez culminado el Camino Francés, ¿por qué no proponerse para otra ocasión el Camino del Norte, el Primitivo, el Portugués…?

Palacio Fonseca

¿Quién no ha oído hablar de lo triste y sola que se queda Fonseca al final de cada curso? Hay quien dice que la canción hace referencia a Salamanca, pero lo seguro es que el Palacio de Fonseca fue fundado como centro de estudio en los albores del siglo XVI por el arzobispo Alonso III de Fonseca y Acevedo en Santiago de Compostela, quien patrocinó las obras.

La portada es renacentista y en el interior hay un claustro de gran belleza, con un jardín en el centro habitado por la estatua del propio Fonseca sentado en actitud pensativa. Los famosos libros se quedan encerrados en un buen lugar, la biblioteca América, donde se respira un aire a sapiencia. Uno de los más ilustres es el Libro de Horas, un valioso manuscrito del siglo XI perteneciente a Fernando I. Hoy en día el palacio es sede del Rectorado de la Universidad de Santiago de Compostela. 


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