Destinos

El agua es salud y en el norte lo saben

Dicen que si hay magia en este planeta está contenida en el agua. Lo creían filósofos como Tales de Mileto, que acuñó la famosa frase de que el agua “es el elemento y principio de todas las cosas”. Por eso los griegos y después los romanos crearon toda una cultura en torno al agua que ha llegado hasta nuestros días. En especial en zonas como el norte de España, donde pueden presumir de tener algunos de los balnearios más famosos de Europa. ¿Su razón de ser? Aprovechar esos manantiales que sanan cuerpo y mente para que nos demos un capricho mimándonos de vez en cuando. Bienvenidos a los paraísos del agua.

Las Caldas

Contaba un cronista del siglo XVII que en aquella época ya había “a una legua de la ciudad de Oviedo, junto al castillo de Priorio, unos baños naturales que llaman Las Caldas, de gran eficacia”. Se refería a la casa de baños que abriría sus puertas con ese nombre décadas después, en 1776. Hasta allí se desplazaban vecinos más y menos acomodados para probar los efectos curativos del manantial de Las Caldas. Después, el balneario creció y se levantó por fin el Gran Hotel que vivió su época dorada también en la belle époque, igual que el resto de balnearios del norte de España.  

Hoy, la villa termal situada a ocho kilómetros del centro de Oviedo, en la ribera del río Nalón, sigue acogiendo a centenares de visitantes que dan fe de las propiedades del agua del manantial de Las Caldas. Manan a una temperatura de 40 grados centígrados y son la base de los tratamientos de hidroterapia que se pueden disfrutar en esta villa termal donde también hay saunas, baños de vapor, sala de relajación, piscinas dinámicas, jacuzzi, baños turcos, duchas de contrastes, zona de relax... de los que se disfruta respirando la esencia de uno de los balnearios más antiguos de la zona. Un placer en todos los sentidos.

Balneario de Mondariz

Si Napoleón Bonaparte fuera modelo y le preguntaran por su secreto para conservarse tan bien, el hombre no tendría que darle muchas vueltas a la respuesta: una de sus frases preferidas, que acabó pasando a la historia, decía: "El agua, el aire y la limpieza son los principales productos de mi farmacia”. Esa misma idea, la del agua casi ‘milagrosa’ con efectos curativos, es la que llevó a abrir las puertas del balneario de Mondariz hace ya casi siglo y medio. Ubicado en el espectacular valle del Tea, justo a orillas de este río, se levanta el balneario de Mondariz en un pueblo volcado por completo en la cultura balnearia.

El manantial de la Gándara, junto a la Fuente del Val y el manantial del Troncoso, son los culpables de que se construyera aquí el pionero del termalismo gallego, que tuvo como huéspedes a una larga lista de personajes ilustres como John II Rockefeller, Primo de Rivera, la infanta Isabel de Borbón

Hoy es una referencia en las villas termales europeas. Entre otras cosas porque este gran espacio dedicado al relax y a la salud de cuerpo y mente se ha adaptado a las nuevas demandas combinando la tradición termal con las nuevas técnicas de aplicación de aguas mineromedicinales. En el complejo se encuentra el spa Palacio del Agua, un espacio de 3.000 metros cuadrados dedicados por completo al bienestar con el agua como base de todos los tratamientos. Y en él hay, literalmente, de todo: géiseres, camas de agua, sauna celta húmeda y seca, cabina de hielo, poza de agua caliente al aire libre… Aunque el rey de reyes es el Balneario Celta, un circuito termal inspirado en la ancestral cultura termal celta. Un lujazo asequible con el que renovarse cuando a uno le plazca.

Balneario de Solares

Cuentan que en los tiempos de la belle époque no eras nadie si no habías pasado por el balneario de Solares, lugar de reunión de la alta sociedad en donde se codeaba la crème de la crème de la época. Sin embargo, se tiene constancia de su existencia mucho antes, en 1753, cuando ya se hablaba de las ‘milagrosas’ aguas del manantial de Fuencaliente. Casi un siglo más tarde, en 1827, se construía la primera casa de baños sobre el manantial y un año después era declarada de utilidad pública.

Gracias a su éxito se crearon dos baños más en 1832 y finalmente en 1902, en plena belle époque, se levantaba el Gran Hotel en un gran parque de árboles centenarios muy cerca de Santander. Aunque sólo por ver el espacio y la elegante fachada merece la pena viajar hasta allí, si además hay tiempo para disfrutar de sus instalaciones, que giran en torno a la gran piscina termal con agua del manantial, mejor que mejor. También se puede optar por el circuito de contrastes Balnea Termal o por las cabinas de tratamientos -fangoterapia, algoterapia, masajes…-.

¿Lo mejor? Que dicen que estas aguas son realmente “mano de santo”. Están indicadas terapéuticamente en tratamientos digestivos, metabólicos, antiácidos, antiinflamatorios, diuréticos y del sistema nervioso, además de combatir el insomnio y el estrés.


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