Destinos

Albert Casal: 4 ruedas, 20 euros, 200 días, 30.000 kilómetros

Hace unas semanas se estrenaba un documental de viajes poco convencional. “Món Petit” (Mundo pequeño) cuenta la aventura de Albert Casals, uno de esos muchos jóvenes viajeros españoles que sueña con atravesar el mundo con un presupuesto mínimo (más bien inexistente) y mucha ilusión en la mochila.

Hasta aquí no parece tener mucho interés, pero todo cobra otra dimensión cuando vemos que el protagonista es un chico de 20 años que lleva desde los 15 viajando por todo el mundo en silla de ruedas y sin dinero. Su última aventura, la que relata el documental, le llevó en 2010 desde Esparraguera (Barcelona) a Nueva Zelanda (30.000 kilómetros) acompañado por su novia Anna Socías.

No caben los paternalismos ni la compasión cuando uno contempla a Albert o cuando lee sus libros (“El mundo sobre ruedas” o “Sin Fronteras”) porque este viajero lleva ya cinco años recorriendo el mundo sin complejos. A los 15 años emprendió su primera escapada en solitario y ya ha estado en más de 80 países. Sus viajes han sido todos diferentes pero en todos ha logrado algo que pocos (con silla o sin silla) consiguen: ser feliz. Albert, el niño del pelo azul, se ha hecho famoso por no tenerle miedo a nadie, por ser capaz de superar todas las situaciones y por hacerlo siempre en un estado de felicidad permanente. La película es un documental de viajes pero también una historia de amor, de amor entre padres e hijos, de amor en pareja y de amor a la vida.

En este último viaje a las antípodas le acompañaba su novia y también una cámara de vídeo doméstica.

Albert es de los que dedica pocos minutos a preparar el viaje: no le importa el equipaje (viaja con lo mínimo, aunque no le falta una tienda de campaña, un saco de dormir y las herramientas para arreglar la silla). Huye de los móviles y de muchas de los sofisticados artilugios o indumentaria que acompañan hoy a los viajeros pero en esta última ocasión Anna ha llevado un móvil para poder grabar el viaje y conectar con el equipo. Lo que nunca lleva Albert es dinero: sale con poco más de 20 euros y él mismo dice que esta es la clave de muchas de las cosas que le pasan durante el viaje.

Esta película no es el final de nada, sino solo un paso más de una historia que comenzó a los 5 años, cuando a Albert le fue diagnosticada una leucemia. La quimioterapia le afectó a la musculatura de las piernas y por ello va en silla de ruedas. Gran parte de lo que hoy es Albert se lo debe a la fortaleza y el temple de su padre, Álex, que fue enriqueciendo la dura rehabilitación de su hijo con conversaciones y lecturas que despertaron la curiosidad de Albert por conocer el mundo. Reconoce siempre que no le quedan recuerdos tristes de su infancia, y eso fue gracias a sus padres.

Con una vasta cultura, una curiosidad inmensa y un espíritu positivo, a los 15 años tenía unas enormes ganas de viajar. Sus padres guardaron sus propios miedos, le dieron un cursillo acelerado de cómo ponerse en marcha por el mundo y le dejaron marchar. Con sus experiencias escribió a los 17 años un libro 'El mundo sobre ruedas' (2009), al que seguiría 'Sin fronteras' (2011); los dos sorprenden al lector por la calidad de la prosa y por la lucidez que transmiten, entre la ingenuidad infantil y una sabiduría poco acorde con su edad.

A Albert le gusta viajar en autoestop, pero si puede se cuela en un barco o en un tren y no le da apuro aprovechar su silla de ruedas para lograr sus objetivos, convirtiendo su hándicap en una ventaja. Son muchos los que le quieren ayudar, le alojan en sus casas sin miedo, y le ofrecen ayuda sin que él lo pida.

A diferencia de otros viajeros, a Albert no le importan mucho los paisajes; prefiere la gente, las culturas, las formas diferentes de ver y hacer las cosas. No cree que hayamos venido al mundo para sufrir y sólo hace lo que le divierte y lo que le hace feliz; es su filosofía de vida, más o menos cuestionable, pero es la suya, la que hace que para él cada día sea una aventura.

Albert lleva tres tatuajes en el cuerpo que simbolizan todo lo que le importa: el amor, la libertad y la suerte. Ahora espera que alguien le regale un cuarto tatuaje: un dragón que represente la felicidad, y que lo haga durante el viaje. Al fin y al cabo, viajar es para él la felicidad absoluta. 


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