Destinos

Fez: la ciudad de los mil detalles

Abrir la ventana de mi habitación sirvió para dejar pasar una ‘bola de calor’ desde el exterior. Detrás del primer impacto, una masa de ruidos que demostraba simplemente una cosa: la ciudad está viva. Así es Fez, la ciudad más seductora de Marruecos y lugar de visita obligada de aquellos que quieren conocer como una sociedad puede integrar la modernidad con los oficios más tradicionales del país.

Para entender Fez lo mejor es contemplarla primero desde lo alto, desde el Hotel des Merinides, en El Kolla. El panorama es una simbiosis de un cuidadoso caos y control descontrolado: todas las contradicciones de un país en una sola postal. La primera mirada se fija en en el Bordj Sud, un museo de armamento instalado en un bastión de origen almohade, y un poco más allá, el panorama de la vieja medina de Fez el Bali, el corazón de la ciudad medieval. Por supuesto, todo esto mezclado con un laberinto de antenas parabólicas.

Una vez abajo, las cosas cambian. La realidad es incluso más caótica. Una señal de tráfico prohíbe el tránsito de burros por la Medida, pero regulaciones aquí tienen varias formas de medirse. Por eso, para disfrutar de Fez hay que perderse en un mundo de sensualidad. Por encima de su valor turístico, Fez es una ciudad para vivir, para oler, para imaginar. A pesar de sus cambios, en sus calles pervive un mundo casi medieval que guarda un listado de profesiones.

Si te atreves a adentrarte solo en la Medina, hay que tener siempre como puntos de referencia las calles principales: Talaa Kebira (la Gran Cuesta) y Talaa Seguira (la Pequeña Cuesta). De estas dos calles llegan a salir cientos de callejuelas sombrías, auténticas e inquietantes que se ramifican sin cesar; de ahí que ya se hayan contado más de mil derbs o callejones sin salida. Orfebres, caldereros, hojalateros, tejedores, tintoreros, talabarderos y curtidores organizados en gremios, como hace siglos, desde que Idris II estableció en ella, en el año 808, la primera capital del reino.

Caminando por el Barrio de los Andalucees

Entre tejados y cúpulas la vida cotidiana de Fez mantiene su ritmo. Una poderosa luz rojiza puede con todo. Sus murallas son el paso a un mundo de sensaciones que difícilmente se pueden repetir y la parte monumental parece reafirmar todas estas sensaciones.

Una primera parada debe hacerse en la zaulía de Muley Idriss, uno de los lugares sagrados de la ciudad, rival de la madrasa de El Attarin; la universidad Qarauin, una de las más antiguas del mundo; y la siempre concurrida plaza de Es- Seffarin, cercana al pintoresco zoco de los tintoreros. Hacia el este, en dirección a a La Meca, se extiende de Barrio de los Andaluces. ¿El nombre? En origen, estuvo formado por las familias musulmanas expulsadas de Andalucía por los cristianos. Aquí hay dos kioscos de columnas de mármol que imitan al Patio de los Leones de la Alhambra de Granada.

Aunque hay que andar un poco, merece la pena llegarse desde Fez el Bali hasta Fez el Djedid, separada por los verdes jardines de Bab Bu Djelud. La Fez Nueva fue levantada por la dinastía Merinida en el siglo XIII fuera de los muros, donde había espacio para construir sus amplios palacios, con jardines, mezquitas, escuelas coránicas y nuevos zocos. El centro neurálgico es el gran palacio real de puertas doradas a cuya sombra se extiende el barrio judío (el Mellah). Calles, callejuelas y pasadizos en una ciudad donde todo queda bañado por esa intensa luz rojiza.


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