Destinos

Un año dándolo todo con Chiquitita

Si Ámsterdam tiene un Museo del Sexo, Roswell uno consagrado a los ovnis y en Berlín hay otro que homenajea al universo de la salchicha, no tenía perdón de dios que Estocolmo no le hubiera edificado el suyo al grupo de pop más estrambótico de todos los tiempos.

El error quedó subsanado en mayo del año pasado con la apertura deABBA The Museum, que nada más soplar su primera vela de cumpleaños ha recibido la friolera de 350.000 visitantes y se ha convertido en una de las tres primeras atracciones no ya de la capital sino de toda Suecia.

Eurovisión está al caer y, aunque no será fácil superar al año del Chiqui Chiqui –sí, el mismo en el que Irlanda mandó a concursar a un pavo de peluche– basta echar mano de la historia para comprobar cómo Agnetha, Björn, Benny y Anni-Frid ya pusieron su granito de arena al triunfo del surrealismo al ganar el certamen con Waterloo hace justo cuarenta años.

Los trajes de ABBA fueron siempre un poema –aunque si uno se aplica a fondo indagando en el museo entenderá que la cosa no era cuestión de mal gusto o de consolidar su imagen al más puro estilo glam, sino de economía–. Tal y como hemos contado en Marabiliasel fisco sueco, que menudo es, permitedesgravar la ropa de trabajo siempre y cuando quede claro que se usa solo para el trabajo. O sea, que si querían  ahorrarse un buen pellizco, a los cuatro no les quedaba otra que subirse al escenario ataviados con prendas que nadie en su sano juicio se hubiera atrevido a lucir por la calle.

¡Y vamos si se emplearon a fondo! Túnicas galácticas, plumas y lentejuelas, petos y plataformas, spandex a mansalva… Una jugosa selección de sus modelitos se exhibe en este museo en el que también pasearse ante los discos de oro de este grupo revolucionario que llegó a vender casi 400 millones de álbumes y puso a Suecia –musicalmente al menos­– en el mapa.

Pista de baile en el museo

Por sus otras salas aparece desde una réplica del estudio dePolar Music en el que se cocinaban sus éxitos hasta recuerdos de sus comienzos tocando por los parques, un piano conectado con el que Benny tiene en su casa y que podría empezar a tocar en cualquier momento o un teléfono que, de sonar, permitiría al afortunado que atendiera la llamada hablar con alguno de los integrantes del cuarteto, ya que solo ellos conocen el número. En la tienda, amén de los souvenirs más locos, puede conseguirse una guía con la que seguir los pasos de la banda por Estocolmo, que por cierto es una ciudad sorprendentemente bonita.

Pero el auténtico plato fuerte del museoaguarda en la pista de baile, donde se reta a los visitantes a convertirse por unos instantes en el quinto miembro de ABBA. Los candidatos se suben con desparpajo al escenario para, al son de Mamma Mia, hacerse un mano a mano con una especie de holograma de las dos parejas. “No juzguéis y no seréis juzgados” rezan los evangelios. Además, quien no se haya desgañitado alguna vez dándolo todo con Chiquitita, Dancing Queen o Super-Trouper, que tire la primera piedra.

Ficha Abba The museum

Categoría: Museo

Dirección: Djurgårdsvägen 68

Horario: Lunes a Domingo de 10:00 a 20:00

Localidad: Estocolmo

País: Suecia

Web: www.abbathemuseum.com


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