Cultura

Cinco películas que te harán recordar los videoclubs

Bienvenidos a la secuela de Clásicos de videoclub, el absurdamente exitoso revival del cine de los ochenta que les presentamos hace algunas semanas dedicado al cine que definió el gusto de nosotros, viejóvenes esparcidos alrededor de este triste y terrible mundo. 

Escena de la película `Link´
Escena de la película `Link´

Como estamos en una secuela, la fórmula es exactamente la misma, y sólo en la cuarta o quinta entrega la cambiaremos: algún tesorito olvidado para huir del tópico, algún bodrio para no tomarnos en serio y también un par de éxitos incontestables para satisfacer a las masas. Porque somos así y no podemos evitarlo.

Una Pandilla Alucinante (1987)

Érase una vez un director prometedor llamado Fred Dekker, experto en ese cine de terror gamberro y de serie B que tanto nos gusta aquí, pero que debido al fracaso comercial de sus tres películas dilapidó rápidamente su crédito en esa injusta selva llamada Hollywood. La cosa da más pena todavía sin pensamos que dos de sus trabajos fueron películas tan majas como El terror llama a su puerta y la presente, Una pandilla alucinante, sin duda la mejor derivada de Los Gooniesque podamos imaginarnos, un cóctel de los monstruos clásicos de la Universal y humor contemporáneo con unos efectos especiales que todavía hoy resultan fascinantes, y que para colmo, hasta incluye un rap en los títulos de crédito. Ambas obras, afortunadamente, ya se han convertido en títulos de culto para unos cuantos que hasta gastamos camisetas con sus carteles, aunque para Dekker lo peor estaba por llegar: la tercera de las que hizo y la que sin duda le valió el exilio no la vamos siquiera a nombrar (lleva un 3 en el título), porque esta defensa entusiasta se nos vendría abajo en un chasquido. Aunque para chasquido, el que le sacó de circulación: un día estás en boca de todos y, al día siguiente, simplemente no.

Commando (1985)

Ideada en dos tardes por el productor Joel Silver para acabar de lanzar al estrellato a Schwarzenegger, estamos ante una de esas joyitas capaces de justificar por sí mismas recopilatorios casposos como el que tienen delante. Porque vamos a decirlo claro: Commando no es una buena película. De hecho, a diferencia de Jungla de Cristal o Arma Letal, todos ellos despliegues de testosterona de aquella época, todo en ella parece apresurado y chapuzas, desde su telegráfico guión a la dirección televisiva de Mark L. Lester. También es mala por sus actuaciones, con villanos que parecen sacados de un club de osos; por sus efectos especiales, con muñecos que caen inertes desde las alturas; e incluso sus terribles y legendarios fallos de raccord. Commando es mala por todo y no vamos a tener la desvergüenza de salvarla. Pero qué diablos, si vas a hacer una mala película, al menos hazla con gracia. Y en ese sentido, Commando está tocada por los ángeles. Estamos ante la película en la que Schwarzenegger coge un ascensor con sus brazos, como boinas verdes para desayunar, huele a los terroristas entre los arbustos y da de comer a un ciervo antes de matar a 87 seres humanos. La colección de one-liners de esta pieza da para llenar otro artículo, aunque nosotros se nos llena la boca con el memorable “tio mierda” que el bueno de Arnold, con la ayuda del doblaje de Héctor Cantoya, le espeta a los malos en la cara.

Link (1986)

Entre los títulos distribuidos en España por Filmayer estaba este terror simio de nacionalidad británica pero protagonizado por la americana Elisabeth Shue, cuya carátula aterrorizó a quien esto escribe durante unas cuantas noches. Mutilada por la distribuidora americana, y también por la crítica, la cinta trata el contraste entre lo civilizado y lo primitivo, pero también entre bella y bestia, al presentarnos a un orangután enloquecido, Link, que persigue obsesivamente a una joven estudiante en una apartada villa escocesa tras dar buena cuenta del pobre Terence Stamp. Tras resurrección de las monster-movies orquestada por Tiburón, el terror mono tuvo su presencia en la década, o si no acuérdense de la superior Atracción Diabólica, de George A. Romero. La presente, por cierto, tenía música de Jerry Goldsmith, precisamente la que suena en el tráiler.

El secreto del lago (1986)

A esta película australiana disfrazada de producto Spielberg sólo le faltaba promocionarse como “protagonizada por el niño de E.T.”. Aunque esperen: eso es precisamente lo que hizo. En ella, Henry Thomas era un huérfano que encontraba un lago oculto que esconde un monstruo, o quizá no exactamente... El cartel de la caja auguraba una película enorme y extraordinaria, con esqueletos, helicópteros y un monstruo. El problema es que Spielberg no era el responsable del invento sino Brian Trenchard Smith, cuyo mayor crédito es Los bicivoladores y unas cuantas docenas de terrores de videoclub, incluyendo la saga Leprechaun. En efecto, El secreto del lago esconde su propio secreto: estamos ante un directo a vídeo australiano jamás estrenado en cines estadounidenses o españoles y conocida por tres o cuatro títulos diferentes, según el país donde preguntemos. No obstante, también ante una muestra viva de los aciertos del cine infantil de esa época: su trama enganchaba, había misterio y sentido del suspense. Y a los ojos de un niño, resulta una experiencia fascinante, justo lo que J.J. Abrams trató de recuperar con la gigantesca Super 8.

Invasión USA (1985)

¿Creían que nos íbamos a olvidar de la Cannon? Jamás. Escrita por el propio Chuck Norris y su hermano Aaron, la película narra con la sutileza y elegancia habituales de la productora israelí la vendetta personal de un terrorista ruso y sus centenares de esbirros cubanos, decididos a cumplir el sueño húmedo de todo comunista, a saber: arrasar Estados Unidos y no dejar ni un solo árbol de Navidad en pie. El resultado es una delicada alegoría de los peligros de la Destrucción Mutua Asegurada, pero en este caso sólo la de ellos, porque para eso existe Chuck Norris, para hacerles todos chuckolate. Dirigida por Joseph Zito, firmante de la mejor entrega de Viernes 13, Invasión USA es la película que convierte la filmografía completa de John Milius en un remake de En el estanque dorado.


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