Cultura

Clásicos de videoclub: aquellos ¿maravillosos? años 80

En tiempos de alienantes blockbusters, video on demand y una desmotivadora y rampante piratería quizá sea útil recordar los viejos buenos tiempos, cuando muchos cinéfilos de mirada inocente nos aficionamos a todo esto entre cajas y cajas de antediluvianos Beta y VHS. Todo un mundo de sensaciones en el que destacan los grandes clásicos, pero también esas eternas segundonas que permanecen arrinconadas en nuestra memoria y se resisten a abandonarnos. Además, algunas de ellas se situaban inusualmente cerca de aquella puerta con cortinilla con esa extraña XXX encima y cuyo recuento dejaremos a otro tipo de publicaciones…

Yo, el Halcón (1986)

Estamos ante la película que mintió a toda una generación. Yo, el Halcón hizo creer a los niños de los ochenta que los campeonatos de pulsos eran una salida profesional viable, que nuestro plan de vida futuro podía ser camionero, que lo que más molaba era ponernos la gorra hacia atrás y conseguir que la vena del dragón asomara en nuestros bracitos filiformes. Todo mentira y, sin embargo, la seguimos amando.

Yo, el Halcón también podría formar parte de esta antología o de una de la Cannon, productora israelí famosa por  escatimar presupuesto -y también vergüenza-, y que ha pasado de resultar reaccionaria a entrañable gracias a un par de excelentes documentales (no se pierdan Electric Boogaloo). Y sí, está nuestro Sly, la persona a la que recurrías a la hora de glasear vietnamitas pero también en el héroe obrero que sólo quiere recuperar a su hijo aplastando huesos.

Al filo del infierno (1987)

La digestión de la famosa Posesión Infernal de Sam Raimi fue larga y dolorosa. Rodada en una semana a iniciativa de su protagonista Jon Mikl Thor, culturista y líder del grupo de heavy de la película, estamos ante el epítome de la serie Z directa a vídeo, una cuya carátula podría formar parte ahora de la colección de camisetas de Pilar Rubio.

Rock & Roll Nightmare, ese es su título original, enfrentaba al líder del grupo de Glam Rock Tritonz al mismísimo diablo, después de que éste diera cuenta de toda su banda y sus novias. Rica en destetes y videoclips de esos que te llenan medio metraje, la película comenzaba con un ama de casa devorada por su horno y se resolvía con un trampantojo digno de Christopher Nolan: Thor era la encarnación del dios Tritón y todo lo que habías visto era una trampa para distraer al diablo. Atención al desenlace.

Perseguido (1987)

Cuando Schwarzenegger aún estaba escalando a la fama rodó esta adaptación de un relato de Stephen King (firmado como Richard Bachman, pseudónimo del cual entonces se desconocía su verdadera identidad) convenientemente adaptado a sus necesidades musculares. Perseguido, dirigida por Paul Michael Glaser, famoso por interpretar a Starsky en la serie Starsky & Hutch, estaba producida por la HBO (oh, surprise) y pertenece a la misma liga que los primeros éxitos del austríaco: rica en frases lapidarias del estilo “deja sitio en tu estómago para mi puño” y pobre en lo demás, pero qué diablos, con gracia.

Despedida de soltero (1984)

Seguro que en la psique del típico cuñado fiestero que has tenido que soportar en Nochevieja está esta película, germen de su insoportable carácter y también de todo el corpus de comedias de juergas que Hollywood ha cultivado desde entonceshasta hoy. Lo cierto es que algo tendrá cuando incluso el crítico Roger Ebert le perdonó la vida: Tom Hanks cuando era gracioso (y lo era), chicas con cardados de los ochenta, perritos calientes con sorpresa y sí, un trasero entrando por una capota. Despedida de soltero, basada aunque no lo parezca en una juerga real en la que participó parte del equipo del filme, se disputa con Porky’s el puesto de la comedia gamberra americana oficial, pero en ella el lema ‘Carpe Diem’ brilla de manera más intensa. ¿Matar un burro a pastillas? ¡Lo tenemos!

Aventuras en la gran ciudad (1987)

Los que criticamos El club de los incomprendidos y otras adaptaciones Young Adult actuales no es porque no tengamos corazón, sino porque echamos de menos el cine familiar de antes, capaz de canalizar las ansiedades adolescentes de una manera más dinámica.  

En Aventuras en la gran ciudad estamos ante el debut en la dirección de Chris Columbus, hasta ahora guionista de Gremlins y Los Goonies, y futuro director de Solo en Casa y las dos primeras de Harry Potter. Se trata de las aventuras de una niñera de las afueras y los niños que debía cuidar a lo largo de una sola noche en la gran ciudad. Como en Todo en un día, todo se resuelve en un corto espacio de tiempo y al margen de los padres, que están a otra cosa mariposa. Y tiene esta grandísima escena de apertura con la bellísima Elisabeth Shue.

House. Una casa alucinante (1986)

Otro género perdido en el tiempo es el de la comedia de horror. Los ochenta resultaron ser la década perfecta para este género, capaz de conjugar con malsana eficacia la gravedad de un buen hachazo en la cara con la risa nerviosa de las marionetas grotescas de la era predigital.

House es la típica película de terror de la época, una en la que el héroe se enfrentaba a una amenaza que, siguiendo las enseñanzas del mejor Stephen King (o quizá Freud), son las que nos plantean nuestros propios traumas y miedos. Pero también se trata de la perfecta expresión del optimismo de la época, capaz de combinar las masacres sobrenaturales de un filme de terror con las de una sana capacidad de superación. La presente la protagonizó William Katt, el célebre Gran Héroe Americano, y pese a que ciertamente ha perdido con los años, muchos recordamos todavía su contundente carátula, con esa mano cortada y goteante llamando al timbre. TU timbre.


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