Son amarillos y tienen 26 años. Pero no envejecen; no pueden. Cuando el dibujante Matt Groening los creó para formar parte de El show de Tracey Ullman no imaginó que Los Simpsons se convertiría en la serie más larga y exitosa de la televisión norteamericana. Veinticinco temporadas, más de 500 capítulos y dos décadas. Unos números que han hecho historia.

Muchos dicen que Los Simpsons ya no tienen el pulso de sus primeras entregas. Otros afirman lo contrario. Esta familia de clase media, habitante del pueblo ficticio Springfield, ha sido uno de los reflejos más ácidos en los que la sociedad estadounidense ha visto satirizadas sus  problemáticas más complejas.

Desde el desdén por el medio ambiente –Homer, de inteligencia inferior a la media, trabaja en una fábrica nuclear- hasta mordaces críticas a republicanos o demócratas. Del sida al racismo, pasando por la homosexualidad, las drogas, el antisemitismo o la corrupción, Los Simpsons se han metido con todo y con todos.

Los Simpsons, sus comienzos

El ingenio de dos guionistas brillantes como Al Jean o John Schwatzwelder forma parte del éxito de una serie que apareció, por primera vez, el 19 de abril de 1987. Los Simpsons de ese entonces lucían malformados, incompletos, crudos como un filete retirado de la sartén antes de tiempo. Matt Groening sólo había presentado unos bocetos básicos a los animadores.

Al ver el éxito que tuvieron como parte del Show De Tracey Ullman, la Fox Broadcasting Company quiso más. La convirtió en una serie autónoma, con episodios de 30 minutos en horario de máxima audiencia. Por eso también se cuenta como su fecha de debut el especial de navidad del diciembre de 1989 con el que se dieron a conocer. Desde entonces, no han abandonado la pantalla chica.

Considerando que han salido series como Padre de familia o South Park, mucho más feroces y explícitas, sería lógico pensar que los amarillos Homer, Marge, Bart, Lisa y Maggie Simpson se han quedado anticuados, incluso blandorros. Sin embargo, el asunto va más allá. Son un clásico.

Su aparición fue rompedora, tanto que, en 1992, el entonces presidente de los Estados Unidos George H. W. Bush dijo: “Vamos a seguir tratando de reforzar la familia americana, para hacer a las familias americanas más parecidas a los Walton y menos como los Simpson”.Los guionistas contestaron; y con dureza. Emitieron un capítulo en el que Bart decía: “Hey, nosotros somos exactamente como los Walton. También rezamos por un final de la Depresión”.

Ni las hipotecas subprime escapan a esta familia. En el capítulo 12 de la vigésima temporada, emitida en 2009, en pleno auge de los activos inmobiliarios tóxicos que desataron la crisis en Estados Unidos y Europa, Los Simpson fueron desahuciados. La familia recibe una carta comunicándoles la revisión de su hipoteca a tipo variable unos días después de haber celebrado una gran fiesta de carnaval financiada con el segundo crédito sobre su casa.

Pero hay más, muchísimo más: la polémica que causó la participación del artista callejero británico Bansky al criticar la explotación laboral de la cultura de masas; el dedo en el ojo a políticos con un Homer que, en plena campaña del 2012, votó a Mitt Rommey o cuando Patty Bouvier, la hermana de Marge, "sale del armario”, un capítulo emitido en 2005 que alimentó el debate a favor del matrimonio homosexual.

De Sarkozy a Cristiano Ronaldo

Desde el magnate de la comunicación Rupert Murdoch al futbolista Cristiano Ronaldo, pasando por el científico Stephen Hawkins a la banda de rock Red Hot Chili Peppers, han sido invitados a un programa que le ha dado a cientos de celebridades su versión animada y en la mayoría de los casos les ha obligado a mofarse de sí mismos.

Por Los Simpsons ha pasado lo más granado de la vida pública: Tony Blair, Nicolas Sarkozy y Carla Bruni, los Beatles, Michael Jackson, The Who, Sting, Johnny Cash, Tom Jones, Mick Jagger, Elizabeth Taylor, Dustin Hoffman, Alec Baldwin, Kim Basinger, Bill Clinto o Lady Gaga.

El “cameo” más reciente fue el que hizo Michelle Obama. Aunque es costumbre ya, la primera dama estadounidense no prestó su voz. No hizo falta. El capítulo arrasó; y con razón. Son nada menos que 26 años tintados con el acidísimo amarillo limón de la ironía.


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