Cultura

Vuelven los misterios de Laura Palmer, vuelven los sonidos de Twin Peaks

Toda una generación de televidentes, allá por el principio de la década de los 90, quedó marcada por una imagen y una música: el cartel de entrada y bienvenida a una localidad americana con una población de 51.201 habitantes, y los sonidos de un bajo y un piano eléctrico repiqueteando sobre una cadenciosa línea de notas, mientras va creciendo toda una atmósfera a su alrededor.

La serie de televisión Twin Peaks rompió todos los esquemas hasta entonces imperantes en el mundo de la pequeña pantalla. Sus creadores, Mark Frost y David Lynch no solo construyeron una ficción basada en un misterio casi inescrutable, sino que crearon todo un mundo paralelo en el que nada ni nadie era lo que parecía, en el que todo era posible, incluso las derivaciones más esotéricas. Un mundo que ahora, 25 años después, volverá a las pantallas en una nueva temporada de nueve episodios de la mano de sus mismos creadores y con dirección de David Lynch. Un simple tuit de éste ha sido la espoleta de una nueva ignición, “Queridos amigos… está pasando otra vez”, acompañado de un vídeo casi recordatorio:

Nada de lo que vimos y escuchamos en aquella serie debería habernos cogido desprevenidos, teniendo en cuenta a sus autores. Ni el trágico destino de Laura Palmer en una sociedad cerrada y angustiosa, ni las deliciosas sintonías compuestas para la ocasión por un tándem fuera de lo normal: el propio Lynch y Angelo Badalamenti. El compositor americano Badalamenti ya había trabajado con Lynch en su película de 1986 Blue Velvet, que de alguna manera anticipaba parte de ese mundo cerrado, agobiante y estrafalario, y volvería a hacerlo en 2001 en Mulholland Drive.

Aunque su carrera como compositor había comenzado a mediados de los 60, y a pesar de que en los 80 realizó alguna colaboración orquestal y de arreglos para Pet Shop Boys, su paso por la industria quedará atado por su inseparable destino al lado de Lynch. El tema principal, su versión cantada por Julee Cruise, el tema de Laura Palmer o el instrumental Audrey’s Dance cambiaron, también a su manera, la forma de introducir la música en una serie de televisión.

El surrealismo también musical

Pero David Lynch no es ajeno, ni mucho menos, al mundo de la música. Y de alguna manera, el mismo surrealismo que ha aplicado a sus trabajos visuales podemos escucharlo y sentirlo en parte de su producción musical. Además de director de videoclips de nombres como Chris Isaak, Moby, Interpol o Nine Inch Nails, comenzó con la composición y producción, junto a Badalamenti, de los dos primeros discos de la cantante Julee Cruise, que incluía algunos de los temas de Twin Peaks. Pero, como si fuera uno más de los muchos mundos paralelos por los que se mueve su imparable creatividad, ha colaborado con el ingeniero de sonido John Neff en el disco Blue Bob, sorprendiendo por su manera de tocar la guitarra; participó en el proyecto Dark Night of the Soul, en el que él aportaba fotografías y el productor Danger Mouse, junto a Mark Linkous, cabeza pensante del grupo Sparklehorse, la música; y en 2010 publicó una serie de singles de electro-pop que fueron el aperitivo de su advenimiento como artista pop dentro de los cánones habituales de la industria.

Así, dos son los discos recientes que tiene en el mercado. Por un lado, Crazy Clown Time, de 2011, donde toca prácticamente todos los instrumentos y canta, en una mezcla de electrónica, misteriosas tonadas pop y opresivo blues para una lírica surrealista. Y por otro lado, su último trabajo hasta ahora, The Big Dream, del año pasado, un tratado también escabroso de rock y blues cacofónico en el que se atreve hasta con una versión de The ballad of Hollis Brown de Bob Dylan


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