Cultura

¿Vuelven las Riot Grrrl? El movimiento feminista de los 90 reaparece con Sleater-Kinney y L7

Sabemos que vivimos épocas donde la reunificación de grupos musicales que ya habían pasado a mejor vida es algo común, casi el pan nuestro de cada día. Y también vivimos épocas en las que la música en vivo viene acotada, sobre todo a partir de la primavera, por los festivales al aire libre. Si unimos estos dos hechos, el éxito parece asegurado.

Sleater-Kinney.
Sleater-Kinney.

Dos han sido los anuncios al respecto en las últimas semanas. Por un lado, la banda Sleater-Kinney han vuelto a reunirse tras haber andado sus componentes en diversas agrupaciones desde 2006, han editado un nuevo disco, No Cities to Love, y han anunciado su presencia en el mastodóntico festival barcelonés Primavera Sound. Por su parte, L7, que habían finalizado andadura en 2001, también vuelven por donde solían y estarán presentes en el más minoritario y centrado en el rock Azkena Rock Festival en Vitoria.

Dos noticias de esas que van abriendo camino ante las muchas que llegarán de cara al verano musical español. Pero con ciertos puntos en común. Tanto Sleater-Kinney como L7 son bandas formadas enteramente por mujeres. Ambas tuvieron su aparición a principios de la década de los 90 y tenían sus bases musicales cercanas a la influencia del punk y el hardcore norteamericano. Y ambas fueron catalogadas en pleno epicentro del movimiento Riot Grrrl (escrito exactamente así).

Una lucha feminista

Pero, ¿Qué fue esto de las Riot Grrrl? Literalmente, viene a significar revuelta o motín de chicas. Emocionalmente, podría quedar muy claro en esta especie de definición: “Queremos crear medios que nos hablen a nosotras. Estamos hartas de bandas de chicos, fanzines (revistas especializadas) de chicos, punks chicos… de parecer nosotras simplemente las novias de los punks”. Y sociológicamente, sería el movimiento feminista underground que tuvo lugar principalmente en los Estados Unidos a principios de la década de los 90, centrado geográficamente, aunque no de manera exclusiva (tuvo importante implantación en el Reino Unido), tanto en Washington DC como en los estadcos de Oregon y Washington, y que giraba alrededor de la escena punk musical de aquellas localidades. Eran jóvenes que proclamaban su hartazgo de una visión machista del mundo del arte, de la creación, de la comunicación, o al menos, una visión desde el punto de vista masculino. A partir de la redacción de revistas especializadas, de la creación de bandas femeninas, de la organización de eventos especiales, de la apuesta ideológica por la autogestión, ponían en primera línea temáticas como las violaciones, los abusos sexuales, la sexualidad, el poder femenino, la igualdad de género, en un entorno en el que, a pesar de moverse en terrenos underground, se repetían los mismos estereotipos que en la cultura dominante.

Ocurrió que todo este movimiento, alguno de cuyos grupos icónicos fueron, además de Sleater-Kinney y L7, nombres como Bikini Kill, Bratmobile, Skinned Teen, Calamity Jane o Huggy Bear, coincidió con la explosión grunge y todo lo que el éxito de Nirvana puso patas arriba. Ambos se alimentaron mutuamente, y nombres en cierto modo algo más alejados del manifiesto central de las Riot Grrrl fueron adscritos al mismo, como Babes in Toyland, The Breeders, PJ Harvey o Hole, la banda de Courtney Love, esposa de Kurt Cobain.

En definitiva, no fue otra cosa más que un refrescante soplo de aire nuevo en forma de sopapo dentro del mundo de la cultura pop. Ya si los resultados fueron los buscados, sería algo a discutir en otro momento.


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