Cultura

El prepucio, protagonista de una exposición en el Museo Judío de Berlín

Una muestra del Museo Judío de Berlín, que lleva por título ‘Haut/ab!’ (‘¡Piel cortada!’), aborda hasta el próximo mes de marzo el tema de la circuncisión. La exposición da buena cuenta de la importancia que ha tenido desde siempre para los tres grandes monoteísmos ensañarse con esa porción de piel del pene.

La circuncisión es un rito más antiguo que el judaísmo, el cristianismo y el islam. Se cuentan más que un par de milenios en la historia de esta ceremonia ancestral. Sólo por tradición tiene interés que se den explicaciones sobre este procedimiento quirúrgico que tanto tiempo lleva haciéndose en nombre de Dios. Sin embargo, en el Museo Judío de Berlín se dieron cuenta de la necesidad de volver a explicar a la sociedad en qué consiste la circuncisión en vista de la polémica suscitada hará algo más de dos años en Alemania. Entonces, un tribunal regional de Justicia en Colonia (oeste alemán) consideró que la circuncisión constituía “lesiones corporales graves” infligidas a niños.

En la exposición se ve una caricatura en la que Moisés le pregunta a Dios: “¿Quieres que nos cortemos el qué?”.

Aquella consideración levantó un intenso debate público y no pocas ampollas en las comunidades judías e islámicas germanas, minorías que practican ese corte de prepucio religioso. Al final, los diputados del Bundestag, comandados por la mayoría que lidera la democristiana Angela Merkel, apretaron los dientes en un sprint legislativo para reconocer a las claras y en pocos meses el derecho de los padres a circuncidar a sus hijos.

Sobre este derecho religioso, respetado en todos los países del mundo aunque puede no haber leyes escritas que lo recojan expresamente, versa Haut/ab!, una muestra que transmite sus contenidos en un tono más bien desenfadado. Prueba de ello es que reciba al visitante de la exposición un cartel de una banana a la que le falta un poco de piel en una punta, o esa caricatura firmada por el veterano dibujante Rex F. May, alias Baloo, en la que se ve a Moisés en lo alto de una montaña preguntándole a Dios: “¿Quieres que nos cortemos el qué?”

Relevancia religiosa

En las estancias que ha dedicado el Museo Judío de Berlín a esta exposición temporal queda más que claro que lo que Dios pidió al coprotagonista del Génesis fue circuncidar “a cada varón de entre vosotros”. Pero, en general, la muestra presenta la relevancia que tiene para los tres grandes monoteísmos la circuncisión pese a que, de primeras, lo que se exhibe es un mapa del mundo en el que se observa dónde y cuánto se practica la circuncisión. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en África, Oriente Medio, Asia Central y el Sudeste Asiático, el 80% de los varones se queda sin prepucio por la vía de la circuncisión.

Sobre este rito, el Corán deja claro que la circuncisión es uno de los puntos de encuentro entre judíos y musulmanes.

En Occidente, no se respeta por igual la integridad de esta parte del pene. Así, sólo un 20% de los hombres en Europa está circuncidado, mientras que, en Estados Unidos, son minoría quienes, estando desnudos, pueden poner el glande a cubierto. Tanto es así que, allí, el 70% de los hombres está circuncidado desde pequeños. La circuncisión es el gesto quirúrgico más corriente en los servicios de urología infantil estadounidenses.

Entre los tres grandes monoteísmos, el judaísmo plantea una circuncisión más bien tempranera. Si la salud del recién nacido lo permite, el corte en cuestión puede hacerse el octavo día después de venir al mundo. En los musulmanes, la circuncisión puede realizarse incluso antes, el séptimo día, aunque ésta no tiene por qué tener lugar tan temprano. De hecho, hasta antes de los diez años puede cortarse el prepucio del niño para formalizar “su aceptación en la comunicad religiosa”, según explican en el Museo Judío de Berlín.

Dimensión festiva

Sobre este rito, el Corán deja claro que la circuncisión es uno de los puntos de encuentro entre judíos y musulmanes. Al menos en el libro sagrado del islam consta que, en lo que a prepucios se refiere, los musulmanes han de “seguir la religión de Abraham”. Ahora bien, en la palabra del Dios musulmán, no consta de forma explicita que la circuncisión sea algo obligatorio. Eso sí, en el Islam, la circuncisión puede tener una clara dimensión festiva. Es una ocasión en la que, por ejemplo, se celebra la integración religiosa del niño, al que se da la oportunidad de vestir con sus mejores galas.

En este sentido, la circuncisión resultaría equiparable a la primera comunión de la Iglesia católica, aunque con efectos secundarios dolorosos. Este extremo lo podrá confirmar, por ejemplo, cualquiera que pueda recordar como dijo adiós a la fimosis con ese tratamiento que consiste en cortar por lo sano y que implica despedirse para siempre del prepucio. En cualquier caso, lo cierto es que en el cristianismo, la circuncisión no tiene un gran papel. Desde el siglo I dejó de ser algo obligatorio y desde la reforma del calendario de 1967, en el primer día del año no se celebra la circuncisión de Cristo, sino la Solemnidad de Santa María.

De la circuncisión al antijudaísmo

El distanciamiento con el rito en cuestión puede explicar que desde el siglo XVI se relacionara la circuncisión judía con la muerte o el maltrato a niños. Al menos así llegó a verse la circuncisión en el suelo de Europa, una región eminentemente cristiana y, también, ‘antijudía’. Quien llega a calificar así, en realidad, a todo Occidente es David Nirenberg, profesor de Historia Medial en la Universidad de Chicago. Según el título de su último libro, Anti-Judaism: The Western Tradition, el “antijudaísmo” es una “tradición occidental”.

En el Museo Judío de Berlín se exponen varias pruebas que ilustran este imaginario colectivo antisemita. Esas ideas, posteriormente, sirvieron al nazismo para hablar de la circuncisión como “un ritual de la muerte”, tal y como se pudo leer en el semanario nacionalsocialista Der Stürmer. Por fortuna, el Tercer Reich ya es cosa del pasado y, en Berlín, el Museo Judío se presenta como un lugar envidiable para conocer más y mejor las religiones propias y ajenas.


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