Cultura

Sobre la anomia

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Palabras, palabras (Gtresonline).
Palabras, palabras (Gtresonline).

Decía Octavio Paz que vemos, sentimos y por tanto comprendemos con las palabras. Es más que probable que acertara plenamente. Algunos de los mejores antropólogos mantienen que fueron las palabras las que hicieron a nuestra especie. Poco, o nada, nos ha enriquecido más que este lenguaje nuestro tan peculiar por abstracto, verbal y recursivo. Lo malo es que resulta pobre, muy pobre. Porque se nos quiere olvidar que todavía no hemos bautizado ni al 15 % de lo que vive en este planeta. Problema menor si lo comparamos con la falta de un mínimo de palabras en los usos normales de las mayorías.

Arrecia el problema con los topónimos. En la mente de las mayorías cuando viajan o contemplan, casi siempre de forma escalofriantemente fugaz, no figuran los matices, infinitos, del paisaje. Lo mismo sucede en muchos otros campos aunque es en el de la historia y no solo en el de la geografía donde resulta más grave. Demasiados pocos saben, pues, lo que tienen delante o lo que tuvieron detrás.

Una de las catástrofes más silenciosas del presente es la pérdida de léxico.

No tener nombre es una de las desgracias sociales más comunes. Se trata de una primera y masiva forma de exclusión social. Leve pero exclusión. La masificación y la relevancia absoluta de los que lograron algún éxito o algún dinero, han convertido en anónimos a casi todos. La masificación, por supuesto, ha favorecido la incomprensión o, cuando menos el distanciamiento, de los que son iguales pero no les hemos puesto nombre.

Todo lo anterior viene a cuento de una de las catástrofes más silenciosas y casi ocultadas del presente. Me refiero a la pérdida de léxico, a la erosión de nuestro primer patrimonio como especie que es poder decir, identificar, transmitir ideas, emociones.

Algunos estudiosos afirman que, con las palabras, pasa lo mismo que con la tierra cultivable. Hoy cada uno tocamos a la mitad de la que disponían nuestros padres. Pues bien, se dice que los menores de cuarenta años usan la mitad de las palabras que sus progenitores.

Estoy convencido de que la anomia contamina más que todo el plástico, los biocidas y el anhídrido carbónico porque lo afectado es el cerebro. Tanto por no tener nombre para LOS demás como porque LO demás no tiene nombre para los más. En consecuencia están condenados a una inexistencia emocional que siempre ha sido la antesala de su desaparición real.


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